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Princesas hambrientas
Los alumnos de 4º ESO y los de PDC asistieron en el Teatro Flumen (Valencia) la obra "Princesas hambrientas". Luego visitaron la Feria del Libro en Viveros.
El título "Princesas hambrientas" se refiere a los jóvenes de nuestra época que se han sometido a la tiranía de la moda que les ha ordenado estar flacos, muy flacos, extremadamente flacos. Parecerá exagerado, pero este es el
Decálogo de una anoréxica (o de un anoréxico, tanto monta):
- Si no estas delgada no eres atractiva.
- Estar delgada es lo más importante.
- Compra la ropa adecuada, córtate el pelo, toma laxantes, muérete de hambre... lo que sea para estar más delgada.
- No comerás sin sentirte culpable.
- No comerás comida que engorde sin castigarte después.
- Contarás calorías y límitará tus comidas de acuerdo con ellas.
- Los designios de la báscula son los más importantes.
- Perder pero es bueno, engordar es malo.
- Nunca se está lo suficientemente delgada.
- Estar delgada y no comer demuestran la auténtica fuera de voluntad y nivel de éxito.
Sinopsis de Princesas
El día en el que Clara, una estudiante de segundo de bachillerato, conoce a Miguel, el nuevo profesor en prácticas del instituto, todo cambia a su alrededor. Se enamora perdidamente de él y trata de que su mejor amigo, Dani, intervenga para que la relación vaya adelante. Ambos empiezan a vivir situaciones alrededor de la idea de conseguir que Miguel se fije en Clara y acabe por pedirle que salga con ella, pero el tema es más complicado de lo que parecía a simple vista; dado que Miguel tiene novia y una situación familiar estable.
Aún así, Clara se obsesiona con Miguel hasta tal punto que físicamente empieza a sufrir ciertos problemas. Su alimentación sufre trastornos inusuales y psíquicamente le supone un gran esfuerzo centrarse en las cosas, llegando al punto que su carácter se vuelve mucho más irascible de lo habitual. Estos cambios son apreciados por su amigo, Dani, que viendo que Clara tiene problemas, trata de ayudarla recurriendo a la familia de esta, pero no encuentra la ayuda necesaria.
La situación se complica de forma gradual, hasta el momento en que se descubre que lo que en realidad sufre Clara es anorexia. El problema surge en el momento en el que una vez detectada la enfermedad, Clara no está dispuesta a ponerse en manos de ningún especialista; lo cual determina que tenga que intervenir el propio Miguel.
Una historia alrededor de un problema de rabiosa actualidad, que, desgraciadamente, padece un gran sector de nuestra sociedad y que tiene su mayor exponente en el sector de la adolescencia. Una propuesta que incide en la reflexión yen la prevención de un riesgo al que estamos expuestos todos hoy en día.
Carta a un niño de Primera Comunión
Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Me gustaría abrir esta carta, por así decir, y que lean todos lo que de buen grado escribo a un niño o niña que en estos días están haciendo su primera comunión. Me dirijo a ellos fundamentalmente, pero para que lo que les digo puedan también llegar a sus padres, a sus familiares, a sus catequistas, a sus profesores, a todos cuantos intervienen en el crecimiento cristiano de ese pequeño.
Querido niño o niña que en estas semanas vais a recibir por primera vez a Jesús en la Eucaristía, dejadme que os ponga estas letras escritas con cariño y gratitud.
Yo hice mi primera comunión cuando tenía ocho años. Me acompañaba mi hermana un año menor que yo y recuerdo cuando salimos temprano de casa camino de la iglesia vestidos de un modo especial, como se pedía para una fiesta grande. Días antes habíamos vestido también nuestro corazón cuando nos acercamos, también por primera vez, a recibir el perdón del Señor en el sacramento de la confesión. Éramos pequeños, pero también había cosas de las que pedir perdón a Dios. En esto nos ayudaron mucho los sacerdotes y los catequistas: no podíamos ir de cualquier modo a recibir a Jesús si hacíamos o decíamos cosas que le ofendían. Pero ¿se puede ofender a Dios? ¿Cómo? ¿En qué consiste el pecado?
Hace poco tiempo tuve que confesar a un niño que se preparaba para hacer su primera comunión. Era también su primera confesión. Yo pensaba que no sabría confesarse, o que le parecería rara la confesión y que resultaba difícil explicárselo. Pero me sorprendió. A un cierto punto de nuestro encuentro, mientras hablábamos para que hiciera bien la confesión, me dijo que él a veces no obedecía a sus padres, que se portaba mal en el colegio, y que hacía rabiar a su hermano pequeño.
Yo le dije que eso no eran pecados "contra" Dios, sino en todo caso "contra" sus padres, profesores y su hermano. Y entonces le pregunté, ¿crees que esas cosas ofenden al Señor?
Él me respondió muy digno: mira, Dios quiere a mis papás, a mis profes, incluso a mi hermano pequeño, y lo que yo hago mal con ellos, también le duele a Dios.
Entonces yo le insistí que esas cosas eran sólo "pecados" contra ellos, pero no contra Dios. Y aquel niño, como tenía interés en decirme que estaba equivocado, me puso él mismo con sus nueve años este ejemplo: si a mi hermano algún chico le pega, como yo quiero a mi hermano, aunque a mí no me peguen me duele, porque es como si me pegaran a mí.
(Debo reconocer que eso me impresionó y que veía en un niño con claridad madura eso que los adultos a veces nos cuesta reconocer como cristiana solidaridad mirando precisamente a un Dios que se hizo solidario con nosotros por amor).
Si hermosa fue la preparación para recibir a Jesús con el alma limpia, lo más guapo fue comulgar el Cuerpo del Señor. Quien más nos quiere como nuestra madre, nos dio de pequeños su leche materna y nos permitió crecer y hacernos grandes. Dios nos da como alimento ese Pan especial, Pan bendito, que es su mismo Cuerpo bajo las especies del Pan Consagrado, para que nuestra vida cristiana crezca. Tenemos que comulgar a Jesús y comulgar todo lo que Jesús ama mirando las cosas como Él las ve.
El día de la primera Comunión es un día precioso que debemos anotar y cada año festejarlo, como cuando recordamos nuestro cumpleaños. Y sobre todo no quedarnos en ese día especial, con traje especial, con regalos y felicitaciones de los que nos quieren bien. Cada domingo nos espera Jesús para celebrar con Él su día, y acercarnos al altar para volver a recibirle debidamente preparados. Ese es el mejor regalo. Que la Virgen María os ayude a comulgar a Jesús.
Recibid mi afecto y mi bendición.
Monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo

