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Pascua en Chelva
Nos dispusimos a celebrar un grupo de personas la Pascua de Jesús en el convento franciscano de Chelva. Este grupo estaba formado por un buen número de adolescentes provenientes de los colegios franciscanos de Ontinyent y Carcaixent. En total era cuarenta los alumnos, más quince adultos.
La dinámica de estos días ha sido la de otros años: preparar las celebraciones a través de grupos de trabajo, realizar la celebración y concluir el día con una oración.
Hemos de reconocer que han sido una pascua diferente a cuantas hemos vivido: había adolescentes que entraron muy bien en esta dinámica de celebración, pero otros no tanto, y eso se notó. Esto hizo que en algunos momentos la convivencia fuese algo dificultosa. Pero junto a eso, también hemos de reconocer que todos supimos estar en las celebraciones, y que también se pudo descansar por las noches, algo que a priori no se tenía tan claro.
El esfuerzo de los adultos fue muy importante, sabiendo que esos días iban a ser, no tanto para meditar y reflexionar, cuanto para acompañar a estos chavales en orden a que tuviesen un mínimo de experiencia de Dios. El trabajo se hizo, la semilla se sembró, es ahora cuando Dios dará crecimiento a la misma.
También fue para ellos una experiencia nueva realizar tareas de la casa tales como poner o quitar la mesa, fregar o limpiar las habitaciones. Algunos ya tenían cierta destreza, otros en cambio, era la primera vez que hacían algo así. Creemos que eso fue bueno para todos ellos, pues nuestra oferta de pascua va en clave de vida sencilla y austera, donde todo el mundo participa de todo: todos somos servidores y todos somos servidos.
Llegados a la vigilia pascual, y preparados para la “celebración del año”, nos dispusimos a recibir a las personas que habitualmente suben al convento desde Chelva. Fue una celebración intensa, donde brilló con luz propia el signo del fuego, la palabra, la renovación de las promesas bautismales y la eucaristía.
Tras la celebración, un chocolate para calentar el cuerpo, y en seguida a la cama, pues al día siguiente habíamos de madrugar para concluir nuestra convivencia.
Fue en esta última celebración donde se hizo entrega de un signo muy bonito y elaborado por un grupo de personas de la Fraternidad de Chelva: una cruz formada por un trozo de caña de bambú, un lápiz y una tarjetita en la que cada cual podía escribir aquello que había supuesto esos días de convivencia cristiana.
Entonces sí, tras el desayuno, comenzaron a venir los padres de unos y otros, y la gente fue saliendo, unos con más alegría, otros con más sueño, otros meditabundos.
Damos gracias a Dios por todo lo vivido y compartido, porque creemos que en todo ha estado presente el Espíritu de Jesucristo muerto y resucitado.
