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Día del árbol

Este año ha sido complicado programar este día. Los augures meteorológicos nos han ido asustando con frío, con lluvia, con viento, con nieve incluso. Era un problema sacar de casa a los niños pequeños sin tener una mínima seguridad de que lo van a pasar bien. Y así hemos dejado pasar casi un mes.

Pero ha valido la pena: todo estaba muy verde y la tierra en buenas condiciones para poder acoger los plantones de pino que los niños fueron cariñosamente depositando en los lugares adecuados para que crezcan y nos purifiquen el aire, y nos alegren la vista, y sujeten la tierra, y atraigan la lluvia, y detengan el cambio climático de las narices y Al Gore... y sean pasto de las llamas del próximo pirómano o simplemente incendiario a sueldo, que seguro que ya está fijando los ojos en ese rincón tan precioso que es el Huerto de Soriano, la fuente de la Parra y todo lo que cuida con mimo nuestro Ayuntamiento y tanto quieren los carcagentinos. Lo siento, algunos días uno está un poco pesimista, qué se le va a hacer.

¡Arriba el ánimo!, que los niños han puesto todo su esfuerzo en este trabajo de transformación de un calvero en lo que mañana será un bosque. Y sus mentes también se han ido repoblando de imágenes donde los árboles se juntan con los amigos, el paisaje verde con una comida con mucha hambre y el aroma de las plantas con unos años felices.

Creo que el colegio ha ayudado a plantar una buena semilla en las mentes de los alumnos. El próximo año volverán a ver cómo prospera su árbol; si ha podido aguantar la prueba difícil del verano.

Me consta que hay niños tan concienciados que obligan a sus padres durante el verano a ir a regar su árbol. Pero creo que domina el número de los olvidadizos que se dejan llevar por el hoy y apenas guardan recuerdo de este momento importante en la construcción del hombre, que decía el poeta cubano José Martí. Dejemos el hijo y el libro para más adelante. Por algo se empieza.