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Madres Dominicas
En nuestra ciudad existe un monasterio de Monjas Dominicas. Antes estaba en ese espacio que hay frente al Ambulatorio de la Seguridad Social, lo que hoy es el Parque de Bicentenario. Y la iglesia aún se conserva, aunque ahora es el auditorio llamado precisamente de Dominicas. Porque el año 1978 se traladaron las monjas al principio del paraje llamado San Blas.
Allí construyeron un monasterio para vivir un poco más apartadas del ruído de la ciudad, dedicadas como están a la oración y al trabajo. La nueva iglesia fue consagrada el 23 de septiembre de ese año 1978 por el entonces Arzobispo de Valencia, D. Miguel Lahiguera. La construcción es muy sencilla y diáfana, todo pintado de blanco, como su mismo hábito. El huerto ha sido sustituido por un pequeño espacio recortado del monte, todo lleno de romero y tomillo, de pinos y baladre.

Unos pasillos anchos y muy largos conducen a todas partes: las habitaciones, el comedor, los lugares de trabajo... y la iglesia, claro.
El monasterio lleva por título el mismo que el anterior: Corpus Christi, (Cuerpo de Cristo).

Entrada al monasterio con el pequeño campanil
Las monjas dominicas
La vida contemplativa dominicana, surge por iniciativa de Santo Domingo de Guzmán, fruto de su corazón orante. El año 1206 reúne en el Monasterio de Sta. María de Prulla a un grupo de mujeres conversas, cuyo deseo es ser “una con Cristo”, dedicándose enteramente a la oración y la penitencia.
La vida de las monjas dominicas, complementa a las otras familias de la Orden:
- La monja para hablar con Dios en el silencio, orando ininterrumpidamente, pensar en Él e invocarlo.
- Los frailes, hermanas y seglares, evangelizar por todo el mundo el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Estos dos aspectos de la vida dominicana se fecundan mutuamente por la caridad y la estrecha relación entre sus miembros. (De una web de los PP. Dominicos)
La misión de las monjas dominicas
Esta es la misión de las monjas, expuesta, con otras palabras, en sus Constituciones:
- "Buscarle (a Jesucristo) en el silencio, pensar en El e invocarlo, de tal manera que la palabra que sale de la boca de Dios no vuelva a El vacía, sino que prospere en aquellos a quienes a sido enviada" (1 § II).
- Imitando a Jesús, que se retiraba al desierto para orar, "son un signo de la Jerusalén celeste que los frailes construyen con su predicación" (28 § 1).
- Mediante la perseverancia en la actitud de escucha, estudio y práctica de la palabra, "anuncian el Evangelio de Dios con el ejemplo de su vida" (96 § I).
- Edifican en el claustro la Iglesia de Dios que, por oblación de sí mismas, han de extender por el mundo(1 § V).
Interior de la nueva iglesia.
Los cuatro pilares la vida dominicana
La vida de la monja dominica se asienta sobre cuatro pilares que constituyen lo fundamental de su forma de vivir:
- Vida común
- Observancia regular
- Oración
- Trabajo
Fundación del convento de Madres Dominicas de Carcaixent
(Notas del libro Vida de la venerable Sor Inés de Sisternes, dominica.-
P. Lorenzo G. Sempere, OP. Almería 1903)
Este monasterio fue fundado por Sor Inés de Sisternes, religiosa que nació el 21 enero de 1612 en Valencia. Entra dominica en 1628, a los 16 años en Villareal.
Sor Inés tiene una tía llamada Sabina. Es viuda y termina de morir la única hija que tiene. Entonces Sor Inés le escribe una carta y le explica que, ya que no tiene hijos, podría disponer que se edificara un convento en un sitio donde hubiera sufrido gente.
A su tía le agradó la idea y pensó hacerlo en Valencia, en lo que fue cementerio de apestados. La madre Inés, su sobrina le escribió diciéndole que tenía que ser en Carcagente, en el sitio que ocupó el hospital. Aceptó Dª Sabina la idea y se comenzaron a dar los primeros pasos: pedir los permisos correspondientes.
El cabildo municipal donó los terrenos a Sor Inés y a sus compañeras. Se sacaron licencias del Rey del Arzobispo de Valencia. El P. Provincial de Aragón comunicó a las religiosas que se dispusieran a ir a Carcagente.

Son Inés escogió compañeras del monasterio de Villareal donde ella vivía y de otros monasterios.
Llegaron a Carcagente el 13 de abril de 1634, el día que en Valencia se celebraba la fiesta de San Vicente Ferrer
Fue nombrada superiora Sor Juliana Jimeno. Sor Inés fue nombrada subpriora y maestra de novicias.
El convento tomó el nombre de Corpus Christi, como el de Villareal, para recordar a las religiosas que su Divino Esposo estaba con ellas realmente a todas horas.
La llegada de las religiosas a Carcagente fue muy beneficioso para la población. Cambiaron las costumbres de las gentes del pueblo. Muchas jóvenes pedían vestir el hábito por la fama de santidad de las religiosas, y en especial de Sor Inés.
Una de las que entró fue su tía Dª Sabina, la que diera sus bienes para la fundación. Fue a los dos años de inaugurarse la fundación, teniendo ella 57 años. Dª Sabina murió en la navidad de 1672. (Sor Inés moriría en 1668, antes que su tía)
Sor Inés fue muy mortificada en la comida. Su alimento, estando sana o enferma, consistía en un huevo, una sardina o un pedacito de atún. Su estómago no retenía la comida de carne o guisado con carne.

Sor Inés de Sisternes nombrada Priora
En 1657, a la muerte de Sor Juliana de la Trinidad, fue nombrada Priora (por unanimidad y en primera votación). Ante su negativa a aceptar el cargo, fue obligada por santa obediencia a hacerlo.
Estaba persuadida de que la Prelada debe ser ejemplo de buenas obras y de toda virtud para todas sus subordinadas; de que el rigor de la observancia debe imponerse con santa prudencia y cargar la mano en lo que se refiere a sí misma, nuestra venerable, en su nuevo oficio, aumentó extraordinariamente sus penitencias y mortificaciones y mantuvo el espíritu de continua contemplación.
Una vida tan santa no pudo menos que influir en todas las religiosas, que se esmeraban en el rigor de la más exacta observancia, mirando a su priora como a una ley, fuerte pese a los achaques. Descansaba sólo tres horas al día. No faltaba nunca a la oración. Penetraba en el interior de las almas de modo que consolaba a sus hermanas sin esperar a que le pidieran consuelo.
También fuera del monasterio se dejaba sentir su consuelo. Los vecinos de Carcagente experimentaron la iluminación de su espíritu con que preveía los sucesos y procuraba remedio para toda clase de aflicciones. Todos creían en la eficacia de su oración para remediar las necesidades.
En 1663 se le destinó al convento de Santa María de Valencia, cuando el convento de Carcagente no contaba más que 9 años de existencia.
Puede leer más de la Sor Inés de Sisternes en la web de las MM. Dominicas.

