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María y José presentaron a Jesús en el templo de Jerusalén a los 40 días de su nacimiento. Y todos lo celebramos porque el anciano Simeón le estaba esperando en templo porque el Señor le había dicho que no iba a morir sin ver al Mesías del Señor. Y Simeón lo distingue entre el montón de madres con sus hijos que iban en ese momento a presentar sus hijos.

Y Simeón canta que "ahora ya me puedes dejar ir en paz porque mis ojos han visto a tu Salvador, que es LUZ para alumbrar a las naciones"

Se ha proclamado una lectura del Antiguo Testamento, del profeta Miquéas, que anuncia que el Mesías nacerá en Belén. Y luego otra lectura del Evangelio que cuenta lo que celebramos, la presentación de Jesús en el templo.

Los más grandes

Pues si es luz, vamos a llevar velas, aunque sean pequeñas candelas que hagan que toda la iglesia se llene de LUZ, de la misma LUZ que es Jesucristo.

A los pequeños se les ha explicado que es igual que cuando una madre, tras los primeros días después de dar a luz, pone el niño en un carrito y sale por primera vez a la calle a pasear a su bebé. Y todos los que la conocen le paran y le preguntan cómo estás, qué bien te veo, qué niño más precioso, y qué grande. Y la felicitan.

Leyendo una petición a Jesús que ha nacido

Y los niños también felicitaron a Jesús, y le aplaudieron, cuando fue llevada una imagen del Niño Jesús hasta el altar, acompañada por cuatro chicos, portando luces.

Colocaron al Niño Jesús en una mesita y comenzaron unas peticiones. Tras cada petición han ido depositando una de las velas al lado de Jesús, muy cerquita, como queriendo decirle: mira, no te olvides de lo que te hemos pedido.

Los más pequeños

Para terminar han rezado un Padrenuestro, esa forma de orar que nos enseñó Jesús. Al salir se les ha entregado una candelita a cada uno que, en algunos casos, es posible que llegue a casa sin romper y, en el colmo de la suerte, sin ser siquiera moldeada por sus hábiles manos, acostumbradas a tratar la plastilina hasta formar maravillas.

Todo es posible.