P. José Luís García Rodrigo.

7993

La revista está llena de fotos suyas.
Hemos querido añadir algunas

El P. José Luís murió la tarde del 29 de enero de 2010 en el Colegio La Concepción de Ontinyent tras una breve enfermedad.

El P. José Luís, nació en Zaragoza el día 5 de Septiembre de 1929. Es hijo de Ramón y María del Carmen. Hizo los estudios primarios y de Bachillerato en el Colegio de los Hermanos Corazonistas de Zaragoza. Escuchó la voz de Dios que le llamaba a la vida religiosa e ingresa en el Noviciado franciscano de Zarauz , Provincia de franciscana de Cantabria, el 3 de noviembre de 1947. Tras un año de prueba, hace la Profesión temporal a la vida religiosa el 4 de de Septiembre de 1948. Y la Profesión Solemne, en Aranzazu, el 12 de Octubre de 1951. Estudia los tres años de Filosofía y el primero de Teología en la Provincia vasca.

En septiembre de 1953 se realizó una reestructuración de los límites de las provincias franciscanas. Zaragoza, que hasta el momento pertenecía a Cantabria, pasó a ser de la de Valencia. Y el Hno José Luís pidió pertenecer a la Provincia Franciscana de Valencia Aragón y Baleares, ingresando en el Convento de Teruel, donde los Franciscanos tenían los estudios del teologado. Allí termina sus estudios sacerdotales y es ordenado de sacerdote en el Palacio obispal de Teruel por Monseñor León Villuendas Polo, Obispo Franciscano, el 18 de Septiembre de 1954.

Una vez terminada la carrera eclesiástica, los Superiores de la Provincia, le destinan al convento de Pego, para que diera sus primeros pasos en la vida religiosa y en el campo de la enseñanza.

De Pego pasó al Seminario de Benisa, donde ejerció el cargo de Prefecto de estudios del Colegio durante un año. Al año siguiente, viendo los superiores sus brillantes expedientes académicos, le mandaron a la Universidad Literaria de Valencia para que estudiara la carrera Universitaria de Geografía e Historia, finalizando su carrera universitaria con un currículum brillantísimo de sobresalientes y matrículas de honor.

El P. José Luís, tenía una vocación decidida a la enseñanza y en cierta ocasión le pidió al P. Provincial hacer oposiciones a cátedra a lo que se negó porque le necesitaba para los colegios de la Provincia.

Después de un año de ejercer la enseñanza en nuestro Colegio de Zaragoza, pasa al Colegio San Antonio de Carcaixent el 1 de septiembre de 1963. Allí desarrolla su actividad preferida y allí se dedica en cuerpo y alma a la enseñanza y a la formación de los jóvenes del Colegio; donde ocupó los cargos de Jefe de Estudios y rector del Colegio.

Fue rector de este colegio de 1973 al 1982. Volvió a ser elegido rector para los cursos 1985 al 1992. Del 92 al 94 fue Director Titular, mientras el P. Antonio Barceló era Director Académico.

El P. José Luis con el equipo de Cesta y Puntos, curso 67-68

El P. José Luís fue siempre muy valorado como buen profesor, por sus alumnos. la prueba son los homenajes con que le han distinguido varias promociones de alumnos. Y por otra parte, la labor desarrollada en la ciudad en el ámbito cultural y de la enseñanza, le mereció la distinción del Ayuntamiento de Carcagente concediéndole la Medalla de plata de la ciudad.

Por último, cargado de saber, de experiencia y de bondad, tiene como último destino de trabajo, el acompañamiento y el asesoramiento a los alumnos universitarios de nuestro Colegio Mayor La Concepción (La Concha) de Valencia.

La última etapa la pasó en el Colegio La Concepción de Onteniente donde los frailes tienen la enfermería provincial.

Curso 86-87

Entierro y funeral

Enterados de su fallecimiento muchos profesores, amigos y antiguos alumnos pudieron acudir a su entierro en Onteniente. Fue presidido por el Hno Provincial de los Franciscanos de Valencia y concelebrado por muchos hermanos de todos los conventos de Valencia.

El 9 de febrero se celebro una misa funeral en la iglesia de San Francisco de Carcaixent, a la que acudieron antiguos alumnos y amigos. Fue presidida por el Hno Fernando Hueso, Director Titular del colegio, que dirigio unas acertadas palabras. Concelebraron con él todos los hermanos de esta fraternidad.

El Hno. José Antonio Jordá, Ministro Provincial de los Franciscanos de Valencia saliendo a despedir los restos mortales del P. José Luis.

Descanse en paz. Que el Señor le premie todo su trabajo y dedicación por este colegio y por la educación de los jóvenes.

Nuestro agradecimiento a todas las personas que han asistido a su entierro y funeral y que nos han mostrado su cercanía y sus condolencias.

Frente al silencio final

Y de pronto se te muere un amigo. Sí, ya, últimamente estaba muy achacoso y el deterioro silencioso de la enfermedad, soterrada en lo oscuro de su ser, le iba mermando posibilidades de pervivencia.

Sucede a menudo que la enfermedad se te aloja tan honda y callada que nada te anuncia la extrema gravedad que te está matando. Y un buen día, ¿bueno de qué?, te escanean la poca vida que te queda con ese pincel escrutador de átomos insensibles y el hallazgo revelador es fatal: te estás muriendo. Uno se entera y no acaba de creérselo del todo, cariacontecido y a oscuras, pasmado: Sabrá mantenerse, un poco al menos todavía, su naturaleza es indómita. Ya lo verás.

Ni eso. Uno no se entera de lo que no quiere enterarse. Y haces una pausa en tu memoria y de momento lo echas todo en olvido, que es como barrer y recoger la basura bajo la estera. No es eso. Y a traición, en pleno descuido, de pronto, un aldabonazo te despierta de sopetón: ha muerto. ¡Cómo es posible!

Ya es tarde para todo. Ya ni puedes decirle unas palabras de despedida y piadoso aliento, ante un difícil trance siempre estremecedor y oscuro. Descubres entonces que incomprensiblemente, atolondrado, no sabes llorar. Y tu tristeza es el epitafio que no sabes ni quieres escribir.

Al final, nos libra siempre del marasmo interior - ese pañuelo desmadejado y roto que no enjuga nada-, la esperanza. Ante la verdad misteriosa de la muerte, la verdad misteriosa de la esperanza, el valladar de la esperanza. El último asidero que te devuelve a la sensatez y la tranquilidad, es saber que ahora tu amigo habla con Aquel a quien siempre amó y por quien lo ha dado todo hasta derramar su vida en tierra como un puñado de agua. El amigo común que aún nos une.

El silencio de Dios y el silencio del hombre pueden dialogar ya eternamente, fundidas en una sola sus dos manos.

Fray Ángel Martín, de su "A modo de blog, enero 2010 ".

Curso 88-89