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El colegio celebra la fiesta de San Francisco en un día de clase próximo al 4 de octubre. Este año lo hemos celebrado el viernes 2. Durante la semana se les ha leído a los alumnos textos alusivos al santo (que se encuentran en la agenda escolar del 28 de septiembre al 3 de octubre) y se han llevado a cabo actividades que relacionadas con lo leído.
Debían hacer un cartel con una frase que recogiera lo leído sobre la vida del Santo. La mucha lluvia del lunes 28 y el que no hubiera clase el martes 29 hizo que apenas se pudiera llevar adelante esta actividad.

Mayores
Finalmente, el día 3 los alumnos de Secundaria y Bachiller acudieron la Iglesia de San Francisco para una celebración. Tras ella, los alumnos de 1º de Bachiller les contaron la experiencia vivida en la semana del viaje a Asís. Ayudados con la proyección de fotos fueron explicando lo que fue el viaje y, lo más difícil de contar, cómo lo habían vivido ellos.
Luego marcharon a la FEVE a disputar encuentros de futbito. Los alumnos de 4º aprovecharon para intentar vender refrescos a los compañeros para ayudarse a pagar el viaje a Asís que tendrán a final de curso.

Pequeños
Los alumnos de Primaria tuvieron un horario casi al revés porque la iglesia del convento de San Francisco de Carcaixent es pequeñita y no caben todos los alumnos.
Tuvieron horario normal hasta la hora del patio. A las 11 tenían programados trabajos en el aula sobre el tema de san Francisco. Han hecho un concurso de dibujos y nos pasarán los premiados para colgarlos en la web.
Luego, por la tarde fueron a la iglesia de San Francisco para una celebración adecuada a su edad.
De la mayoría de estas actividades hemos puesto fotos.
Trabajos premiados
Los alumnos de Primaria han intervenido en un concurso. Se han premiado dibujos y redacciones.
Una alumna de 1º de ESO ha preparado un "rap" de San Francisco que canta con mucha gracia.
Vea el rap, las redacciones y los dibujos AQUÍ
El lobo de Gubio
En el libro de "Las florecillas" nos encontramos con un capítulo sorprendente que se titula Cómo San Francisco libró a la ciudad de Gubio de un lobo ferocísimo"
Se ha discutido mucho sobre la historicidad y el significado de este relato. No interesa ahora saber si el lobo, "grandísimo, terrible y feroz" era realmente un animal, un terrorista o un salteador de caminos. Interesa sobre todo ver en la narración una parábola que contiene una situación dramática a la que San Francisco dio una salida pacífica y reconciliadora. Que el autor de "Las florecillas" haya recurrido a la imagen selvática para encubrir una realidad humana o social no puede sorprender a nadie, ya que conecta con una corriente muy extendida del lenguaje humano. Así lo atestiguan las figuras del lobo de Hobbes, de la zorra y el león de Maquiavelo, la bestia rubia de Nietzsche, el ave rapiña de Spengler, el buen salvaje de Rousseau, etc. Y no menos expresivos son los adjetivos de la vida cotidiana al calificar al otro de rufián, viperino, baboso, animal, bestia y otras lindezas, que tratan al otro, al tú, como un ser dañino, infesto y destestable.
En la parábola de "Las florecillas" se enfrentran dos realidades:
Por un lado, el lobo selvático, que aúlla y abre sus enormes fauces para satisfacer las exigencias de su estómago. Par un estómago vacío no valen las razones del derecho positivo ni de la ley establecida, que no pocas veces son la justificación y la defensa de los derechos del más poderoso.
Por otro lado están los ciudadanos de Gubio, el lobo civilizado, que disfruta del estómago satisfecho, pero gesticula y grita porque tiene sed irreprimible de venganza, de odio no disimulado, todo ello encubierto bajo el nombre de superación humanoa o de reivindicaciones interminables.
Los dos se odian, se temen y los dos pierden. Han logrado que la vida se convierta en un infierno.
Francisco no contemporiza con ellos ni halaga a ninguno de los bandos, sino que les desenmascara su propio error: al lobo selvático le echa en cara las muertes que ha causado, y al lobo de ciudad lo egoísta de su comportamiento. Por eso pide la conversión de todos.

Francisco jamás desespera de nadie. Donde nosotros generalmente sólo vemos negación, maldad, obstinación y error, él descubre un fondo de bondad, de positividad, de dignidad, pues aún en el ser aparentemente más degradado siempre cabe esperar la reacción más sorprendente, porque en el fondo de su ser anida la imagen de Dios.
Al lobo feroz de Gubio sólo lo pudo apaciguar la amabilidad de un santo. Es que el santo tiene poderes insospechados y es necesario para la ciudad y sus habitantes. Quizá la causa de que existan tantos lobos civilizdos en nuestras ciudades sea la ausencia de verdaderos santos y la falta de auténticas bondades.
El temible lobo, ante la bondad de Francisco, se transforma en hermano lobo, en animal tratable y compañero. Y la ciudad cerrada y recelosa de Gubio se convierte en ciudad abierta, acogedora y habitable.
Para la reconciliación y armonía de los dos bandos siempre se sirve el santo de Asís de la pedagogía de la paz, porque la táctica de la violencia ya es un ataque que engendra odio y desunión.

Francisco no se contenta con la justicia. En necesario llegar a ella como punto de partida, pero no basta, pues, la justicia lo más que puede ofrecer es un equitativo reparto, pero no reconcilia los corazones, que es condición indispensable para crear la verdadera fraternidad humana.

La paz que Francisco alcanza es esta parábola no se realiza a través de la sumisión de un grupo a otro, sino a través de la superación de las mutuas rivalidades, a través de la renuncia de los propios disparates e injusticias. Francisco ha armonizado y reconciliado las fuerzas opuestas no en nombre del derecho natural, ni positivo; ni con argumentos metafísicos, políticos, sociales, psicológicos o económicos, como tampoco por medio de pactos o consensos, sino en nombre de Dios y de Jesucristo y a través de su persona, que era el gran hombre reconciliado con todos los seres a los que nunca defraudo.
Hno José Antonio Merino, ofm

