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El miércoles de ceniza comienza la cuaresma que es un camino de conversión. El Papa en su homilía de este día nos habla de los medios para ser vencedores en la lucha entre la carne y el espíritu: la oración, la limosna y el ayuno.

También es fundamental en opinión del Papa, nutrirse de la Palabra de Dios como hizo San Pablo. "Sus cartas son la prueba elocuente del hecho de que vivía de la Palabra de Dios: pensamientos, acciones, oración, teología y predicación, exhortación, todo en él era fruto de la Palabra, recibida desde la juventud en la fe hebrea, plenamente revelada a sus ojos desde el encuentro con Cristo muerto y resucitado, predicada por el resto de su vida durante su 'travesía' misionera".

Las cenizas sobre la frente son un signo de conversión y penitencia para que abramos el corazón a la acción vivificante de Dios. No curan, no salvan. Sólo indican una voluntad de cambio. Todos nos acordamos de los propósitos que hicimos al principio del año: estudiar más, dejar de fumar, comer menos, hacer más ejercicio... pero si no han llevado a nada práctico el día siguiente, no habrá servido para nada.

Con esta celebración del miércoles de ceniza comenzamos el camino que lleva hasta la Pascua. Es el camino que hizo Jesús hacia Jerusalén para celebrar allí la Pascua. A lo largo de ese camino, Jesús tuvo sus propias dudas y tentaciones: ¿era tan necesario ir a Jerusalén? ¿No sería más prudente esconderse una temporada o, simplemente, volverse a casa, a Nazaret? Otras veces veía todo claro, y se ponía en camino con decisión. Y en otros momentos aprovechaba las cosas que iban ocurriendo en el camino para enseñar a sus amigos la verdad.

El caso es que Jesús sabía lo que le esperaba en Jerusalén: la cruz. No se asustó por ello, no renunció a hacer lo que debía hacer, aunque supusiese para él perder la vida. Y vaya si la perdió. Pero como la perdió en la cruz, también confesamos que la ganó a través de la resurrección. Jesús murió en la cruz, pero resucitó, es decir, vivió porque Dios Padre le dio la vida.

Huellas

Este es el camino que vamos a recorrer: un camino de muerte y de vida. Seguramente si lo recorremos solos no seremos capaces de realizarlo. En cambio, los creyentes sabemos que si lo hacemos junto a Jesús, ese camino se podrá hacer. Esto es lo que también le pasó a Francisco, que temía a los leprosos y cuando descubrió a Jesús su postura hacia ellos cambió por completo: de rechazados pasaron a ser acogidos.

Con Jesús, con Francisco, queremos hacer este camino de cuaresma. La ceniza nos recordará hoy que somos muy frágiles, a veces tanto como el polvo. Por eso, necesitamos de nuestros amigos, necesitamos de Jesús y de Francisco.

Palabra

Viene en nuestra ayuda la Palabra del Señor (Cfr Joel, 2, 12-18) que nos llama a convertirnos al Señor, a rasgar los corazones (no las vestiduras que rasgamos con tanta facilidad); que quiere que proclamemos un tiempo de conversión para mayores y jóvenes y pequeños reconociendo las cosas que hacemos mal y que pidamos el perdón de Dios, nuestro Padre.

San Francisco nos cuenta (en sus escritos últimos, su testamento, diríamos) que su conversión fue trabajosa: al comenzar a cambiar le era muy penoso ver a los leprosos; cómo el Señor le hizo acercarse a esos enfermos, a que los cuidara incluso. Y eso se le convirtió en dulzura cuando el Señor le cambió.

El camino hacia la cruz de Jesús se llena de huellas

Oración

Al ver lo mucho que tenemos que cambiar en nuestra vida para seguir el camino de la Pascua de Jesús, rezamos a Dios pidiéndoselo

Huellas: renuncia y necesidad

Terminada esa oración y antes de recibir la ceniza se pidió a cada grupo que dejara dos huellas en ese camino. En una, que pusiera aquello a lo que la clase renuncia; en la otra, aquello que necesitamos para recorrer el camino hacia la cruz y la pascua.

Una vez escrito sobre la huella aquello que se necesita, el delegado y subdelegado sale y la pega en el panel que preside la eucaristía

Señalaron algo pequeño, concreto, evaluable, que querían cambiar en su vida de grupo. Notaron que les faltaba respeto en su trato con los compañeros, que debían ser más ordenados y dejar trabajar en el aula. Algunos hablaban de palabras muy generales: amor, paz, respeto... aunque creo que para ellos significaba algo concreto.

Y evaluable: que al fin de semana, de mes, de trimestre se pueda decir que algo ha cambiado para mejor.

Hay unas fotos.