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La Orden de los Hermanos Menores cumplen 800 años de su fundación.

Todo ha iniciado con la conversión evangélica de San Francisco, realizada bajo el signo de la gratuita iniciativa divina:

El Señor me dio a mí, el hermano Francisco, el comenzar de este modo a hacer penitencia: pues, como estaba en pecados, me parecía extremadamente amargo ver a los leprosos; pero el Señor mismo me llevó entre ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y, al separarme de ellos, lo que me parecía amargo se me convirtió en dulzura del alma y del cuerpo; y después de un poco de tiempo salí del mundo” (Test 1-3).

Esto acontece en un tiempo no preciso, situado unos veinte años antes de la redacción del Testamento, posiblemente en el 1205. En todo origen se encuentra ya contenida la potencia de una intuición que viene a la luz, entre luces y sombras, saltos hacia delante y pasos hacia atrás. Podemos leer ya aquí toda la gracia del futuro.

Después del encuentro con el leproso, el Señor condujo a Francisco a San Damián, donde la imagen del Cristo crucificado le dirigió estas palabras: “Francisco, vete, repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo” (2C 10). Pero fue en la Porciúncula donde entendió mejor su vocación (cf. 1C 22) y recibió el don de los hermanos (cf. Test 14), con los que partió para las primeras misiones itinerantes. Después de estas experiencias el Pobrecillo, “en pocas palabras y sencillamente”, hizo escribir la forma vitae que el Señor mismo le había revelado, y que el “señor papa” le confirmó (cf. Test 14-15). Así el hermano Francisco y su fraternidad obtuvieron de la Iglesia en el 1209 el reconocimiento del propio propósito de vida.

Esta celebración puede convertirse en un kairós para la entera Fraternidad de la Orden y para la Familia Franciscana. Un verdadero y propio momento de gracia para favorecer la “refundación” de la misma Orden, en vista de nuevos inicios, de una nueva vida, y que por ello es:

Por la gracia de la Encarnación reconocemos a la historia como lugar teológico, misterio del tiempo en el que celebramos el evento de Cristo Salvador. Por esto, celebrar los orígenes de nuestra Fraternidad se convierte en una oportunidad para que nuestra vida sea liberada y convertida. Somos llamados a ser peregrinos y forasteros en este mundo, compañeros de camino de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sobre todo de los pequeños y de los pobres, de cualquier raza, cultura, o religión a la que pertenezcan. Celebramos ahora el origen de nuestra forma vitae, compartiendo siempre más plenamente con todos y en esta hora de la historia, marcada de cambios radicales y de la incertidumbre del futuro.

Podríamos tener la tentación de replegarnos sobre nosotros mismos. Vivimos un tiempo de paso y de fuerte purificación también para la Vida Consagrada. Un tiempo para ejercitar una fe humilde y fuerte; en el cual no se puede pretender encontrar respuestas y sumar nuestros éxitos, sino más bien permanecer en un camino de diálogo con todos y cada uno en la novedad de la vida.

El camino de preparación se convierte entonces en un itinerario para renovar:

Enriquecidos por estas motivaciones no corremos así el riesgo de celebrarnos a nosotros mismos. Deseamos vivir la memoria viva y provocante de nuestra fundación, cuya gracia acogemos también en virtud de la vida y de la misión de tantos Hermanos Menores que desde aquel 1209 a hoy, han acogido y traducido en fidelidad creativa aquel “sueño” de Francisco de Asís: vivir el Evangelio en la Iglesia es posible.

Nosotros, después de ocho siglos, acogemos esta intuición para que, con el poder del Espíritu del Señor crucificado y glorificado, pueda tomar hoy un nuevo rostro, animar nuestros pasos, a veces cansados, dejar una huella para el futuro de nuestra vida de Hermanos contemplativos en misión.

El Ministro General y su Definitorio, conscientes de su servicio de “testimoniar con las palabras y con la vida” a todos los Hermanos la actualidad y el poder del Evangelio contenido en nuestra forma vitae, confían a cada hermano, a las Fraternidades locales y provinciales la propuesta de un itinerario que en los diversos lugares de nuestra vida y misión nos haga caminar idealmente juntos para:

Del documento titulado "La gracia de los orígenes",
un escrito del Hno Ministro General para celebrar estos 800 años de la aprobación de la Regla de los franciscanos