Portada > Del Colegio > Curso 2007-08

Fin de curso. Qué maravilla pensamos todos, padres, profesores, alumnos... Pero no todo termina los días 20 ó 23 de junio. Faltan evaluaciones. Faltan notas. Falta entrega de notas. Falta la reflexión que todo miembro de la comunidad educativa se hace sobre cómo ha desempeñado su papel en esta difícil y entusiasmante tarea.
Los alumnos se preguntan
- si podrían haber dedicado más tiempo al estudio,
- si su sistema de tomar apuntes podría mejorar,
- si su atención en clase ha sido la adecuada,
- si los amigos con los que va son los más adecuados para aumentar su rendimiento académico,
- si el estudio es o debe ser lo más importante en su momento actual de su existencia y por qué;
- si las otras cosas que hace son necesaria, le ayudan y le animan o por el contrario le impiden centrarse,
- si todo en la vida no son unas notas que al final no sirven para nada o para muy poco...
- ... o prefieren no preguntarse nada, decir que son pequeños, que aún no son responsables de nada, que esperan que todo se les debe sin que tengan que poner nada de su parte.
Añadan y quiten lo que quieran, estimados alumnos, pero, por favor, no dejen de reflexionar sobre el curso que termina.
Los profesores no podrán evitar esta reflexión: tendrán que rellenar muchos papeles. En ellos harán memoria de su trabajo, su dedicación, los avances y vacíos observados, las posibles mejoras cara el nuevo curso. No todo termina cuando se publican unas notas.
También los padres deben aprovechar el fin de curso para animarse, para felicitarse por el trabajo realizado. Deben ver
- si ayudan a su hijo;
- si le deben ayudar más;
- si le ayudan de la forma correcta.
- Si deben dejarle estar.
Un autor hace un estudio intentando ver las Causas concretas del fracaso escolar en España. Habla de lo que él llama capital social. Toda familia lo posee en grado variable. En el caso de los padres la forma como se expresa en relación a los hijos, no la única, pero sí la más determinante, es el tiempo que les dedican. Nos referimos a las atenciones relacionadas específicamente con su educación e instrucción.
Pone el ejemplo del éxito de los hijos de familias de emigrantes asiáticos a EEUU, como estrechamente relacionado con la práctica que los padres tenían de adquirir los libros de texto por duplicado, de manera que, sobre todo la madre, se dedicaba a seguir y a aprender en muchos casos, de una manera directa los progresos de sus hijos.
El objetivo de la educación es... hacerla innecesaria
Yo no creo que eso sea bueno y conveniente en todos los casos. Creo que los padres deben trabajar con los hijos, educarles para que ellos ya no les hagan falta, para lanzarles a la vida. Los papás dan las papillas con una cuchara al niño con la esperanza de que eso no se va a prolongar por los siglos. Muy pronto el niño querrá tomar la cuchara y decirles: soy capaz de arreglármelas yo solo. El objeto de la educación es hacerla innecesaria: le enseñas a leer para no tener que hacerlo en adelante; a sacar apuntes para no tener que hacerlo en adelante.
Pienso en los padres que educan preocupados a un niño que nunca será capaz de valerse por sí mismo; que todos los días le tendrán que dar de comer, de vestirle, de llevarle de la mano por la calle...
Es más fácil atar los cordones de las zapatillas al niño que enseñarle a atárselas. Por eso muchos padres toman el camino fácil y siguen atándoselas cuando el niño -no tan niño- tiene 15 años.
Creo que con el estudio ocurre lo mismo: los padres deberán vigilar, aconsejar, ayudar a estudiar al hijo y deben de dejar de hacerlo cuando el hijo sea capaz de hacerlo sin ayuda. Ni antes ni después. Lo que no termina nunca es decirle lo orgullosos que se sienten por su esfuerzo, por su constancia y, si tiene lugar, por los buenos resultados.
Conozco una madre que estudió curso por curso con sus dos hijos hasta que se licenciaron en medicina. Me parece excesivo. Creo que mucho antes los chicos ya podían prescindir de ese apoyo.
El autor del artículo que he citado antes dice que es determinante esta cercanía de los padres al trabajo (al estudio) del niño. Que las otras circunstancias que facilitarían el estudio tales como ingresos, titulaciones, libros, discos, instrumentos musicales que haya en casa... pueden perder su efectividad, incluso quedar reducidos a cero, si la dedicación de los padres es muy baja o inexistente.
Y aclara que esta ausencia de dedicación no puede ser sutituida por la "compra" de tiempo de un tercero que supla la ausencia del padre o la madre (lo que usted y yo llamamos clases particulares).
Podría resumirse todo esto: Debes transmitir unos valores de orden, trabajo, esfuerzo. Si no has logrado aún inculcarlos debes seguir trabajando, ayudando, animando. No basta con decirle al niño: ocúpate de lo tuyo, que yo estoy trabajando de sol a sol y me esfuerzo mucho para que a ti no te falte de nada. Puede que el niño aún no sea capaz de entender eso, ni sabe estudiar ni ve claro para qué va a servir eso.
Quedan más cosas: la relación entre padres y la escuela; respetar y valorar la tarea de los profesores...
