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Terciarias capuchinas de la Sagrada Familia

El 2 de octubre de 2006 las religiosas Terciarias capuchinas que regentaban la Residencia de la tercera edad "Virgen de Aguas Vivas" de Carcaixent dejan la ciudad. Es una mala noticia para Carcaixent.

Entresaco unas notas del libro de Juan Antonio Vives Aguilella, 50 años de historia. Provincia de la Sagrada Familia de las Hermanas Terciarias Capuchinas, 1951-2000. Valencia 2000.

Estas religiosas habían se hicieron cargo del hospital de Carcaixent el 13 de diciembre de 1916. Los orígenes de este hospital se remontan al siglo XVI, pero el edificio del que en su día se hicieron cargo las hermans terciarias capuchinas era de dos siglos más tarde. En un principio el hospital fue atendido por personal seglar, pero dado el deficiente servicio prestado por éste, el ayuntamiento se empeñó, a finales del siglo XIX, en confiar la dirección del mismo a una comunidad religiosa.

En el año 1875 se hicieron cargo de él otra comunidad religiosa. Dos años después estas religiosas establecieron en los locales mismos del hospital un asilo de beneficencia para ancianos y niños y una escuelita para estos últimos.

En 1916 esas religiosas decidieron dejar el establecimiento y fue entonces cuando las autoridades municipales entraron en contacto con las terciarias capuchinas, que accedieron a hacerse cargo del mismo.

Hna Ester (Narcisa) Portillo, Manuela Espinosa, Consuelo Garrido, Encarnación Marco, Magdalena Gil, Mª Pilar Martínez, Patrocinio Leiva y Monserrate (Mª Ángeles) Aniorte, superiora. Al fondo se aprecia el monumento dedicado a la Hermana Terciaria Capuchina

Primera época. 1916-1951

En ese año de 1916 fue nombrada superiora la Hna Serafina de Ochovi, mártir de la guerra civil española, beatificada en 2003. Las religiosas fueron acogidas con afecto y hasta con entusiasmo en la ciudad. En su entrada a la ciudad fueron acompañadas por el padre Luis Amigó, fundador de esta congregación y en esas fechas, obispo de Segorbe.

Desde un principio las hermanas se hicieron cargo tanto del servicio del hospital propiamente dicho como del asilo de ancianato y de una escuela de párvulos que venían funcionando en sus locales.

A partir de 1918 desapareció el parvulario y las hermanas se centraron ya en la exclusiva atención a enfermos y ancianos.

Gracias principalmente a la generosa dedicación de las hermanas que allí estuvieron de comunidad en sus primeros veinte años, el hospital multiplicó de tal manera su servicio, que, hacia 1934, sus treinta camas acogían anualmente a unos 300 enfermos y en su dispensario se atendían unas 1500 personas.

Tal entrega y generosidad se vio recompensada a su vez por el continuado y creciente afecto con que rodeó a las hermanas la población toda y que se hizo particularmente presente en los días de dificultad.

Ya en 1931 cuando sobrevivieron en España las serias revueltas que se derivaron de la proclamación de la República, las hermanas pudieron seguir desarrollando si interferencias su apostolado en el hospital, pues su director -aunque era del partido de Blasco Ibáñez- no las abandonó, pues tenía verdadera pasión por tener el hospital muy lucido y quería mucho a las religiosas.

Pero cuando más se hizo patente el cariño y la protección de todo el pueblo que se sentía agradecido por el servicio de las hermanas fue con ocasión de la declaración de la guerra de 1936.

En un primer momento, la comunidad se sintió un tanto amenazada y, aprovechando que el mismo día 18 de julio dos buenos jóvenes se ofrecieron a ocultar en sus casas lo que hiciera falta, las hermanas trasladaron allí los vasos sgrados y la imagen de la Sagrada Familia. También tuvieron precaución de consumir el pan eucarístico y de quemar el sagrario.

Poco después de haber realizado todo ello, un grupo de miliacianos se personó en el hospital y "se dieron a destruir el altar y cuanto hallaron en la iglesia, entre blasfemias y amenazas, y representando una sacrílega parodia con los ornamentos.

Ni que decir tiene que las hermanas, pálidas de espando ante lo que contemplaron, pasaron aquella primera noche de guerra con el alma en vilo.

Al día siguiente, empezaron a llegar al centro hospitalario algunos milicianos heridos y a persar de que las hermanas los atendieron con toda caridad, umentó la tensión hasta el punto de que una de aquellas noches se acercó a la casa una persona amiga para advertir a las hermanas que el comité había dispuesto darles muerte. Llamaron al capellán y, recibida la absolución general, se dispusieron a morir.

Los fusilamientos se fueron multiplicando y cada noche permanecían dos hermanas de guardia, temiendo siempre lo peor.

Un día, a la una de la madrugada, oyeron parar un coche a la puerta y, al abrir la portera, se encontró con cinco milicianos armados de fusil que se acercaron en ademán torvo. La acogida afable de la hermana y los cuidados prodigados a uno de llos que estaba herido, los dejaron desconcertados, y su desconcierto aumentó cuando la misma portera y otra hermana les sirvieron con buen talante agua fresca, pues estaban sudorosos. Sin saber que hacer, se pusieron pues a charlar con ellas y después se despidieron agradecidos.

Lo sucedido aquella noche supuso un cierto respiro para las hermanas, algunos de los que hasta entonces habían querido matarlas, empezaron a mirarlas con nuevos ojos. De hecho, cuando aquellos miliaciano -que componían en realidad el piquete de ejecución enviado a hacerse cargo de ellas- fueron interrogados sobre las "monjitas", el jefe del grupo respondió:

-No sé qué tienen esas "mongetes": al verlas nos han desarmado y no hemos tenido valor para hecerles nada.

Poco después la CNT las tomó bajo su protección, montando guardia permanente en el hospital, pero les exigió dejar el hábito, como lo hicieron con gran pena el 5 de octubre. De todas formas, la situación no invitaba a la confianza y algunas hermanas fueron requeridas por sus familiares. El trabajo de la comunidad -aumentado al llevar a los ancianos a otro local y tenerse que dividir las hermanas para atender a éstos y a los enfermos del hospital- pudo llevarse a cabo gracias al esfuerzo de dos hermanas de otra comunidad que se refugiaron aquí.

Un día, una de las tres hermanas que cuidaban los ancianos se vio sometida a un registro minucioso y custodiada durante cuatro días como sospechosa de espionaje, y cuando después de todo ello se presentó ante el comisario, un criminal de profesión de fama bien ganada, que la interrogó durante cuatro horas, mantuvo con él este diálogo final:

-- Seguramente, me tendrás rabia.
-- En manera alguna. Le amo a usted en Cristo como a un hermano, y, si fuera necesario, daría la vida por usted.
-- ¿Me dices la verdad?
-- Sí, y, si fuera necesario, repito, daría ahora mismo la vida por usted.
-- Nadie me había hablado como tú... Y tú, ¿por qué no te casaste? Podías haber hecho feliz a un hombre.
-- ¡Eso es poco! Yo quería hacer felices a muchos más, como usted ve que lo estoy haciendo con estos ancianos y ancianas, de día y de noche, sin ganar un céntimo, dando gustosamente la vida por ellos.

Desde entonces aquel comisario se convirtió en el mayor bienhechor de las hermanas y ya nada les faltó y ya nada tuvieron que temer.

Restablecida la paz, las religiosas volvieron a esta casa religiosa y continuaron su labor con toda normalidad.

Segunda época. 1951-2000.

En el año 1951 la congregación se dividió en provincias. En ese año la comunidad estaba formada por seis religiosas. Hasta mediados de los años sesenta la vida en el viejo hospital prosiguió su marcha. Con los años se sintió la necesidad de de dotar al centro sanitario de una estructura física más moderna y acorde con los tiempos. Se emprendió, pues, la construcicón de unos nuevos locales hospitalarios que fueron inaugurados el 18 de octubre de 1970.

Luego se pensó en la conveniencia de separar en el futuro los enfermos de los ancianos, y en 1979, la junta directiva afrontó la construcción de una magnífica residencia de ancianos con todas las comodidades del caso, con una capacidad de atención de 100 ancianos. La residencia, a la que se trasladaron los ancianos junto con la comunidad de hermanas el 25 de marzo de 1982, fue puesta bajo el patrocinio de la Virgen de Aguas Vivas y fue inaugurada oficialmente el u de mayo de ese mismo año. Desde entonces, las hermanas de la casa de Carcaixent se dedicaron ya, de forma exclusiva, al apostolado con la tercera edad.

El año 1996, con ocasión de los 80 años de la presencia de esta congregación religiosa en Carcaixent se erigió un precioso monumento a la terciaria capuchina en el que la imagen central es ocupada por una hermana en actitud de acoger maternalmente a un anciano que está de pie y a una anciana que aparece sentada en un taburete.

Algún malentendido y mucha precipitación de alguna persona dieron fin al trabajo de las Terciarias capuchinas en esta ciudad. Las religiosas salieron de Carcaixent. De alguna manera siguen presentes en entre nosotros por medio de los grupos amigonianos que siguen animando con sus visita periódicas. No es lo mismo, claro.