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Palabra de Dª Chelo Canet Martí, tutora de 2º de Bachiller en el acto de despedida del curso.

Todo principio tiene un final, todo lo que empieza, acaba. Y hoy ha llegado el momento de clausurar este curso, pero también de cerrar un capítulo de vuestras vidas.

Las despedidas son una oportunidad para hacer balance del pasado y medir fuerzas ante el futuro.

Hoy resulta bastante fácil volver la vista atrás y contemplar el camino recorrido: Muchos de vosotros llegasteis aquí siendo unos niños cargando pesadas mochilas llenas de sueños, crecisteis entre estas paredes y, aparte de alcanzar altura, entre otoños y primaveras, aprendisteis matemáticas, física, historia y literatura, pero también os enseñaron a compartir, a tolerar... Os formasteis también como personas. Podéis sentiros orgullosos del tiempo vivido.

Del presente deciros que el curso ha pasado muy rápido, que me siento muy satisfecha del haber sido este año vuestra tutora. Ha sido una experiencia muy bonita y, aunque me consta que a muchos no les gusta demasiado la historia, agradezco el esfuerzo de que os mantuvierais despiertos durante mis clases.

Pero no estoy dispuesta a dejarme vulnerar por la nostalgia En contra de lo que diga el poeta, no necesariamente cualquier tiempo pasado fue mejor. Pienso que lo mejor está por venir y que vosotros seréis los protagonistas del futuro.

La vida, que es una puerta abierta, os deparará innumerable sorpresas. El próximo curso estaréis en otros lugares, entablaréis nuevas amistades, gozaréis de mayor independencia, tendréis que asumir nuevas responsabilidades y, tal mez, los caminos de vuestras vidas no vuelvan a cruzarse.

Seguramente, antes de conseguir el éxito, os aguardan fracasos, sinsabores y desilusiones, pero, si no dejáis que el olvido borre lo vivido, si siempre miráis hacia adelante, seguro que conseguiréis lo que os propongáis.

Cuentan que, en los inicios, el ser humano tenía la sabiduría de la divinidad, pero no supo utilizarla correctamente. Dicen que, como castigo, los dioses se la retiraron y decidieron esconderla en algún lugar al que sólo se puede llegar con verdadero esfuerzo.

Buscaron en las montañas más altas, en los abismos de los océanos, en el centro de la Tierra... Todos los lugares parecían demasiado accesibles. Finalmente optaron por ocultarla donde los altivos mortales nunca podrían imaginar: en el interior del propio ser humano (*)

No olvidéis que vosotros sois los dueños de vuestras vidas. El destino está esperando que llenéis sus hojos vacías, y ahora ya sabéis dónde se esconde la sabiduría...

En estos momentos me gustaría dedicaros palabras hermosas que dijeran hasta siempre. Pero como, por más que me empeñe, no las encuentro, me he permitido tomárselas prestadas a otros:

Deseo que el equipaje no os lastre las alas, que gane el "quiero" la guerra del "puedo", que las verdades no tengan complejos y las mentiras parezcan mentira. Que ser valientes no os salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena, que no os compren por menos de nada.

Deseo que nunca desitáis de los sueños, que tratéis de ver las señales que os lleven a ellos, que no dejéis lo aprendido donde habita el olvido y, si esto ocurre, que no olvidéis que el olvido está lleno de memoria.

Deseo que tengáis mucha suerte. Hasta siempre.


(*) San Agustín expresaba el mismo pensamiento cuando andaba buscando la verdad. Del año 388 aproximadamente es el famoso pasaje: «Noli foras ire, in te ipsum redi, in interiore homine habitat veritas; et si tuam naturam mutabilem inveneris trascende et te ipsum.» "No vayas fuera, vuelve a ti mismo, en el interior del hombre habita la verdad. Y si percibes que tu naturaleza es incierta, ve más allá de ti mismo" (De vera religione C. 39, 72.)