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Los días 23 y 24 de marzo los alumnos de 2º curso nos fuimos a Benageber con nuestras tutoras Dª Teresa y Dª Mila. Creo que éramos unos cuarenta y tantos (tantos y tantas, dirán los políticamente correctos). Tras un viaje que nos pareció interminable pudimos practicar rapel, equitación, quats y piragüismo. Y luego nos volvimos a casa absolutamente deshechos.

Así de breve podría ser la relación de lo que vivimos. Pero puedo asegurarte que hubo mucho más. El lugar, en un cerro todo cubierto de pinos, desde donde se domina un pantano, es un lugar tranquilo donde se puede respirar con libertad. Bueno, dicen que era tranquilo hasta que llegamos nosotros. Supongo que lo seguirá siendo tras nuestra marcha.

Nos recibieron unos monitores que no tardaron en convencernos de que las cosas hay que hacerlas bien, como es sujetarse a unas reglas en vez de ir por libre haciendo tonterías. Nos pareció una advertencia absolutamente inútil. Nosotros ya somos lo suficientemente grandes para saber qué no hay que hacer y hacerlo. Faltaría más.

Rapel

El monitor de turno nos explicó cómo debíamos practicar el rapel, algo así como una escalada al revés: tirarse por cualquier precipicio valiéndose de una cuerda y un casco. Algunos pensaban que era algo inútil habiendo escalera por el otro lado del edificio. Pero la mayoría, los valientes y arriesgados como yo, los que derrochamos adrenalina como otros echan a perder su tiempo, nos pareció pequeña la altura, vamos, que para eso no valía la pena ponerse el casco.

He de confesar que, por dentro estaba un pelín asustado. Entre los comentarios que oí, algunos lo relacionaban con Romeo que bajaba del balcón de Julieta tras la escena del balcón. Otros más religiosos, pensaban en los exploradores a los que Rajab dejo escapar de Jericó descolgándoles con una cuerda por la ventana de su casa que formaba parte de las murallas (Josué 2,15).

Los menos enterados le preguntaron quién era la tal Rajab y a qué se dedicaba. Los sabihondos, que los hay, explicaron que se dedicaba a la venta, aunque no aclararon muy bien de qué.

Otros, también pios, hablaron de san Pablo escapando de Damasco, cuando sus discípulos le tomaron durante la noche y le descolgaron por la muralla dentro de una espuerta (Hechos 9, 25).

Los demás opinaron que eso de la espuerta no es rapel muy ortodoxo. Que lo han visto hacer mil veces en películas de acción, que son las que molan un kilovatio, donde el héroe se desliza rápidamente por la cuerda hasta que sus manos echan humo.

Bueno, eso es cine. La realidad es que yo me deslicé con más miedo que otra cosa. Por más que habría que tener en cuenta la edad que tengo y el montón de gente que estaba mirando. Pasé el examen, creo, con un notable alto. Llegué entero abajo, que no es poco. Y los pantalones seguían secos.

Equitación

Ya sabes, montar a caballo. Si lo has visto hacer mil veces en las películas del oeste, las de bandidos... pero si mi televisión está llena de caballos de todas las épocas. Bueno, puedo aseguraros que subir tiene su aquel. Que es complicadillo, vamos. Y luego, el caballo no se está quieto así lo maten, se retira, se mueve, se inquieta. Y los mandos no son tan fáciles de aprender como los de una moto o un coche. Alguno preguntaba dónde quedaba el cambio de marchas. Otros sólo querían saber dónde estaba el freno y la llave para parar el motor.

Otra vez casco. Otra vez las instrucciones del monitor. Y el momento fatídico de ponerte sobre un animal que ni te hace caso ni le impresionas, que presume de que tiene más mundo que tú (aquí todos creen que saben más que tú y te pueden dar lecciones. Hasta los caballos). Bueno, pues nada de galope ni tendido ni por tender. Un trotecillo suave, lo suficiente para machacarte las posaderas.

Y luego el presumir. Es lo peor: tener que aguantar las batallitas que te cuentan los otros. Porque hay tíos que tienen una fantasía más desbocada que un caballo (desbocado se entiende): hemos subido una pendiente así. Tenías que ver cómo sudaba el pobre penco. Porque era un penco. ¡Si hubieras visto el caballo con el que yo practico la equitación...!

Bueno, pues te callas y le dejas que tenga también su momento de gloria. Gloria virtual. Lo que ocurre en la realidad fue bastante diferente. Pero a nuestra edad lo normal es vivir en una especie de Matrix.

La noche

No os cuento las comidas. Normal tirando a buenas. O puede que fuera el hambre producida por el ejercicio y el derroche de adrenalina.

Pero la noche fue algo especial. Nada que se parezca a las batallas campales que monto con mis hermanos o con algún amigo cuando he ido a su casa a pasar la noche. Esto fue un jaleo como Dios manda. Dicen que algunos fueron levantados y obligados a dar vueltas a paso ligero. Otros, tuvieron que hacer no sé cuántas flexiones. Lástima no estuviera Ino para poder puntuar.

En mi grupo no hizo falta nada de eso. Una porque somos buena gente. Y lo principal, porque eso siempre les pasa a los demás.

Total, que el día siguiente estábamos hechos polvo: el viaje, las actividades y la noche sin dormir es un coctel capaz de tumbar al más valiente. Es que nuestras tutoras se las saben todas. Es un inconveniente que sean madres de hijos que ya han pasado la pubertad. Y tienen una mano izquierda impresionante. Lo peor no es que logran que hagas lo que quieren sin enfadarse. Lo peor es que te convencen.

Siempre es más fácil si te gritan y te demuestran que ellos pueden más, que son grandes y fuertes (los papás y los profesores muy jóvenes lo han intentado, siempre sin éxito). Pero si te han hecho ver de que lo que tú haces es una mamarrachada y no es un proceder de adultos, pues a ver qué haces.

Quads

Para los que no lo conozcan, un quad es como un coche teledirigido con cuatro ruedas grandotas que lo tienes que dirigir tú. La verdad es que los perversos de los monitores le habían trucado el acelerador de modo que no pasaba de 20 por hora. Además el circuito era pequeño y no dejaba que nos luciéramos como hubiéramos querido.

Así y todo todos hablaban del viento en la cara que se notaba cuando andabas a plena velocidad. Lo repito, algunos viven en un Matrix constante.

Pero muy bien. Pude demostrar que sé conducir y que Alonso tiene sucesor asegurado.

Piragüismo

El piragüismo también tiene su riesgo. No fue el menor sobrevivir al traslado hasta la orilla del pantano conducidos por alguien que estaba más loco que nosotros. Pero sobrevivimos. Todos. Y aprendimos que los indios no son esos memos que siempre pierden en su lucha contra el hombre blanco. De memos nada. Es difícil coordinar. "Hombre blanco no saber remar piragüa. Hombre blanco algo inútil."

Fue un gran éxito. Puedo asegurar que no se ahogó nadie.

Bueno, pues eso es lo que los chicos cuentan. Es la mezcla de lo que han contado unos y otros. Si me cuentan más cosas o desean que cambie algo, lo haré. Al fin y al cabo ellos saben más. Yo no estuve allí.

[Estas y otras fotos se pueden ver un poco más grandes aquí]