Portada > Del Colegio > Curso 2005-06

Les pongo esta foto de la falla para que recuerden sus personajes:
A la derecha, con banda cruzada al pecho, o a lo que queda de él, está Bones, una chica que cree haber adelgazado lo suficiente para estar guapa.
Al centro pueden ver a Valen, vestida de valenciana. No la veo muy delgada exactamente.
A la izquierda, luciendo una cabellera rubia está Modosa, la chica que siempre va a la moda. A la moda cara, se entiende.
El cocinero chino Ta-Chín y el perro Longaniza no salen en la foto grande. Miren en las pequeñas, por favor.
![]() |
![]() |
Miss Bones |
Modosa con Carmelo |
A mí no me gustan estos días de fiesta. En el comedor éramos cuatro gatos. Todo por no haber quedado con los amigos. Me podría haber ido con ellos a comer a un chino o a una pizzería. Estaba aburrida hasta los huesos. Además nos pusieron mezclados con los pequeñajos del colegio. ¡Que pesadez!
No tenía mucha hambre porque había comido buñuelos con chocolate en el recreo y quiero cuidarme y dosificar la comida. Además la comida de ese día no me gustaba. Bueno, es que era esa comida que engorda. ¿Cuándo se les ocurrirá presentar un menú macrobiótico, que me han dicho que no engorda? Le dije a mis amigos lo que podíamos hacer:
– Oye, Arantxa, me voy a ir al servicio. Sal dentro un ratito y charlamos. Joan, si sales podremos criticar la falla. A mí no me gusta nada.
– Bueno, pero ten cuidado, que la falla está muy cerca de la puerta del comedor y nos pueden ver.
Joan no me lleva nunca la contraria. ¿Por qué será que los gordos tienen siempre tan buen carácter?
Pensaba que el patio estaría silencioso y podría descansar de tanto grito. Pero oía hablar. Además lo hacían fuerte. Creo que discutían. No veía dónde estaban. Quizá estuvieran detrás de la falla. Pero al acercarme un poco vi que eran los ninots los que estaban discutiendo acaloradamente. Me sabe mal meterme a fisgar lo que dicen los otros, pero como ellos no se cortaban un pelo, yo tampoco.
–Bones, lo tuyo ya es enfermedad. Te han dado el título de Miss Delgada. Yo diría de Miss Huesos. Es como tu nombre en inglés.
Era Modosa, esa niña pija del vestidito tan repipi.
–Tú lo que tienes es envidia –le replica Valen, que a pesar de su vestido de Valenciana, no oculta que pesa más de lo que querría–. A mí también me han escogido para estar en la falla. Además luzco más que tú. Y me han dado permiso para probar todos estos alimentos que han preparado pensando en mí. Me chiflan los bombones.
–¡Ay, chicas, dejad de discutir! Valen, no me gusta tu traje de fallera. Está muy visto. Es el mismo que te pusiste el año pasado. Mira que modelito el mío. Y los complementos. Es que con un tipito como el que tengo todo me sienta bien. Y tú, Bones, ya te he dicho que no debe ser muy sano estar como estás tú. Estás demasiado flaca.
Me acerco a la falla sin hacer ruido esperando oír mejor sin interrumpirles. Pero Modosa se ha girado y me ha visto. Me señala con el dedo y les dice a sus amigas:
–Dile a Longaniza que vaya a recoger ese hueso. Diana, estás en los puros huesos tú también. Además no vas nada a la moda. Ni siquiera hoy que os han dejado venir sin uniforme. La blusa de fallero está muy out.
Me pongo roja hasta el blanco de los ojos. Pero también un poco enfadada. ¡Pero si ella va hecha un adefesio!. Si no sabe vestirse. Pero sé defenderme cuando se meten conmigo.
–Perdona, Modosa, creo que no tienes ni idea de cómo vestirte ni de lo que hay que comer. Lo moderno hoy es estar flacos, extremadamente flacos (los chicos también). Ya sabes lo que dijo el sabio: “Nunca se tiene bastante dinero ni se está demasiado flaco”. Pero que tengas dinero no significa que sepas vestirse. Tener clase es otra cosa. Cuando Carmelo te ha colocado en tu puesto he pensado si eras Pipí Calzas Largas.
Arantxa quiere defenderme:
–Diana, cuidado, que estas pijas tienen bastante mala leche. Pero creo que Modosa viste bien. Mi mamá me ha comprado también un modelito precioso, parecido al que luce Modosa. Pero el mío es más caro. Me lo ha asegurado mi mamá. Porque mi mamá no quiere que lleve nada garrulo. La mitad de las chicas de nuestra clase se visten en el mercado. ¡Qué horterada!
Vi que Joan salía a buscarnos. Me alegré al pensar que saldría en ayuda nuestra.
–¡Qué bien he comido! Ni el cocinero Ta-Chin que aparece en la falla podría hacerlo mejor. Luego me sabe mal engordar, pero no lo puedo evitar: engullo todo lo que me ponen delante... Pero, ¿con quién estáis hablando? No me digáis que discutís con los ninots de la falla.
–Joan, menos mal que has venido. Haz el favor de defendernos. Están como un rebaño. Y se han metido con nosotras.
–Es que tienen su parte de razón. Cuando miro a Bones me acuerdo de ti, Diana, siempre pensando en los kikos que quieres perder. Eso os va a matar. Seguro que os pasa factura. Cada uno tiene el cuerpo que tiene. Y no todos pueden estar como quisieran. Al menos en un plazo corto. Dicen que, a partir de los 20 años, uno tiene el cuerpo y la cara que quiere en un 80%. Quedan también los genes que cargan con el resto. Pero hay mucho que viene de la clase de vida que llevas, de la clase de alimentación.
–Bueno, algo de eso es verdad –opina Modosa–. Pero eso requiere una constancia que no está al alcance de todos. Las que son como Diana y Bones, que están anoréxicas perdidas piensan: yo quiero estar guapa ya, hoy si es posible. Y si tengo que perder kilos los pierdo. Lo que pasa es que pierden también la salud. Y hay cosas que ya no se recuperan en la vida.
–Mi papá dice que es muy importante que uno se reconcilie con su cuerpo, que lo quiera tal como es porque es obra de Dios. Si Dios te ha hecho así, eres perfecto. Si hubiera querido que tuviera otro cuerpo, lo habría hecho, que él es todopoderoso.
–Bueno, tu padre ha visto mucho cine. Va demasiado a misa. Ya te he dicho que los sueños de la religión producen monstruos.
–Lo mejor para comer como te da la gana y que no lo noten tus papás es tener un perro como Longaniza. Es un perro estupendo. Le tiro la comida que no quiero comerme y la devora en silencio y un poco escondido de mis papás. Hasta ahora no lo han descubierto todavía. Mira si será bueno disimulando.
El perro adivina que Bones está hablando de él y salta hacia ella intentando lamerle la cara. Por un momento me asusto, no vaya a tomarla por un hueso y comience a morderle. Menos mal que Longaniza respeta a su ama.
–Se come todo lo que yo no quiero. Se traga hasta lo que tiro cuando me obligan a comer y luego me impiden ir al servicio por si me provoco el vómito. Por eso me lo he traído hasta aquí a la falla.
![]() |
![]() |
Valen |
Longaniza |
Me asusté al ver que ya salían los pequeños que habían terminado de comer. Pero también los habían visto nuestras amigas de la falla y se quedaron tan quietas como estaban cuando las dejó Carmelo. Hasta el perro se quedó quieto, más ninot que nunca.
Bueno, un poco raras si que son, pero ya estaba haciéndome amiga de ellas. Ahora ya no puedo hacer nada. No puedo evitarlo. Se acerca la hora de la cremà y vamos a perder unas posibles amigas.
Las vamos a recordar siempre.
Diana Gimeno y Arantxa Faus




