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Cinco franciscanos se ordenaron presbíteros en Carcaixent

Aspecto que presentaba el templo. En primer lugar, los ordenando. Detrás de ellos, los presbíteros concelebrantes.

La ordenación presbiteral de cinco religiosos franciscanos el 6 de septiembre en Carcaixent reunió a más de mil personas en la parroquia de la Asunción. Además de los familiares, amigos y hermanos religiosos, entre los asistentes había también no pocos vecinos que querían presenciar la primera ordenación sacerdotal que se celebraba en el templo de la Asunción desde que fue construido en el siglo XVI.

La ordenación comienza con la invocación a los santos que los ordenados rezan postrados en el suelo

El templo se quedó pequeño. Muchos asistentes tuvieron que seguir la ceremonia desde la calle. En el primer banco se situaron los cinco diáconos franciscanos: Fernando Hueso, José Juan López, Juan Carlos Moya, Miguel Almiñana y José Vicente Castells.

En los atriles instalados en el presbiterio había un icono de San Francisco de Asís y una cruz de San Damián.

Los ordenados con el Sr. Arzobispo y el Hno. Provincial

El Arzobispo tuvo palabras de agradecimiento por la labor de evangelización y de ayuda a los necesitados de los franciscanos en la diócesis de Valencia:

"Habéis dejado huella", afirmó. Y recordó que este año se cumplen cuatro siglos de presencia de la orden en Carcaixent. 

Salida del templo tras la ordenación

Durante la ceremonia, monseñor García-Gasco impuso las manos a los cinco jóvenes con la fórmula sacramental, les ungió con el crisma y les entregó, como signos sacramentales, el cáliz y la patena.

Al final de la celebración, los nuevos presbíteros y el resto de los concelebrantes se dirigieron a la capilla de la Virgen de Aigües Vives, patrona de Carcaixent, y entonaron un canto dedicado a Ella.

¡Alegrémonos por el ministerio sacerdotal que recibieron nuestros hermanos! Francisco acogía con alegría el hecho de que en su Fraternidad hubiera hermanos ordenados presbíteros.

Pero, sobre todo, como decía Don Agustín en su homilía, es "alegría para toda la Iglesia", porque tiene cinco nuevos pastores al servicio de ella, que luego se concretará en una determinada comunidad.

Desde ahora, hermanos sacerdotes, la comunidad eclesial espera de vosotros una entrega total. Os pide una coherencia entre vuestra existencia y misión. Es decir, que haya una armonía entre vuestra vida y la acción pastoral que vais a desempeñar. En definitiva, lo que decía San Francisco, citando el Levítico, "sed santos". Santidad que viene de Dios y es capaz de penetrar en lo más hondo del ser humano. De esta manera, llegaréis a "ser signo creíble del reinado de Dios que crea unidad, un reinado que con su alteridad rompe las mediada de este mundo. ¿Cómo se podrá proclamar de manera creíble el reinado de Dios, si el mensajero no trata de realizarlo en su propia vida?

Es el Señor, dirá Francisco, quien os ha honrado por este ministerio. Y que ha contado siempre con vuestra respuesta desde "la libertad de los hijos de Dios". Ahora os toca responderle a él. A tan elevado grado de honor debe corresponder un intenso amor y respeto a Cristo. Una reciprocidad tal que el mismo Cristo viva en vosotros. Dice san Pablo: "Por todas partes vamos llevando en el cuerpo la muerte de Jesús, para que la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo" (2 Cor 4, 10s).

Que vuestra vida sea una interpelación para nuestro mundo de hoy. Viviendo "como promotores de la justicia y como heraldos y artífices de paz, venciendo el mal con la práctica del bien" (Constituciones generales, 68). Y restituyendo todos los bines al Señor. De esta manera seréis testigos del Evangelio en un mundo que debéis considerar como "vuestro claustro", como decía Francisco.

Damos gracias a Dios por haber concedido el don del sacerdocio a nuestros hermanos. Gracias a todos aquellos que estuvieron presentes el día de la celebración y también a los que, a pesar de su ausencia, estaban presente por medio del recuerdo o de la oración. En especial a nuestras hermanas Clarisas y Concepcionistas.

El Arzobispo impone las manos al Hno Juan Carlos, uno de los ordenados.

Profesión temporal

El día 30 de agosto, a las 18,30, en la Iglesia de Santo Espíritu del Monte (Gilet, Sagunto), han emitido la profesión temporal los cuatro hermanos que han terminado el noviciado:

Hno. R. Luis Quintana Giménez, de la provincia de Castilla
Hno. Wenceslao Tomás Rocher, de la provincia de Valencia
Hno. M. Miguel Mora Megías, de la provincia de Castilla
Hno. Pablo Cueto Péris, de la provincia de Granada

Es una gran alegría ser testigos de personas como estos hermanos que no hacen oídos sordos a la inspiración de Dios, y se ponen en disposición de discernir. Tras un año intenso de experiencia de Dios, de fraternidad, de encuentro consigo mismos, con Dios, con los hermanos, con los pobres y con la naturaleza, han adquirido el compromiso de acoger este estilo de vida, y seguir profundizando y discerniendo el don misterioso de la vocación.

Para ellos nuestra felicitación, nuestra oración y nuestra cercanía fraterna.