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Materia scriptoria
La escritura y los libros en la cultura occidental
Con motivo de la feria y exposición del libro se publicó un cuadernillo para los alumnos de cursos superiores que les facilitamos aquí.
Introducción
Materia scriptoria no responde al solo deseo de realizar una de tantas actividades de este mes -no hace falta recordar la fecha del 23 de abril de 1616- a lo largo de este año -el 2003- en que se cumplen los 400 años de la presencia de los franciscanos en Carcaixent-; sino que prentende ser un repaso de la evolución de la escritura y los libros en nuestra cultura occidental y comprobar con los propios ojos lo necesarios que han sido estos dos elementos para difundir nuestra cultura.
Con el fin de aprovechar bien la vista a la exposición de los libros, os ofrecemos este cuadernillo. Mediante la observación y la realización de las actividades que figuran al fin del mismo podréis recoger información que después os hará reflexionar sobre unas cosas que, por ser tan habituales y cercanas a nosotros, no nos llaman la atención.
La escritura
escritura. (del latín scriptura) f. Acción y efecto de escribir. 2. Manera de escribir, en cuanto a los caracteres adoptados, la forma o el trazo. 3. Conjunto de signos que forman un sistema de escribir. 4. Arte de escribir.
No hay un sólo día en que nuestros ojos no tropiecen con centenares de esos trazos de color, forma, tamaños diferentes, orientados a la izquierda o a la derecha, de arriba a abajo, en diagonal o espiral; están por todas partes: diarios, libros, pancartas, vallas publicitarias, panfletos, grafiti, en la pantalla del ordenador... Pero lo más extraño y sorprendente: ¡soy capaz de entender el mensaje que esconden e incluso trazarlos yo! con la seguridad de que la gente que me rodea, cuando los interprete, conocerán mis pensamientos.
Hace algunos miles de años ocurría lo mismo. Pero desgraciadamente el entender su significado estaba al alcance de un reducido número de privilegiados, por lo que se pensaba que la facultad de interpretarlos o incluso los mismos signos tenían algo de mágico. Los mismos iniciados procuraban hacerlo creer así porque la escritura aparejaba cierto prestigio, y más aún, poder, es decir, la posibilidad de controlar a la gente.
Los orígenes
¿Para qué necesitaban los hombres de las cavernas dejar escrito lo que pensaban? Evidentemente, para nada; por eso no fueron ellos los que se colgaron la medalla de ser los inventores de la escritura. Pero lo intentaron. Lo que pasa que, como su vida era tan simple... comer, evitar que otras tribus rivales cazaran en su territorio, reproducirse para contar con más cazadores... pues su "sistema de comunicación escrita" se basaba en un conjunto muy limitado de figuras que representaban básicamente lo que precisaban para sobrevivir: caballos, bisontes, jabalíes, ciervos... Era un sistema que sólo se utilizaba para comunicarse con las fuerzas superiores que regían la naturaleza. No hacían versos de amor ni escribían fábulas ni novelas -aunque seguro que las contaban- porque no les ayudaban a cazar más.
Sólo unos pocos de aquellos seres primitivos conocían la clave para comunicarse con los dioses y hacerles llegar sus necesidades. Puede ser que los dioses no respondían siempre como se esperaba o puede que no entendieran claramente lo que se les pedía, la cuestión es que aquellos iniciados conocedores del lenguaje mágico llegaron a ser, sin saberlo, los primeros artistas de la Historia del Arte, y cada vez pintaban sobre las paredes de las cuevas más escondidas escenas de caza y recolección más realistas: bisontes asaetados, ciervos heridos, caballos perseguidos que caían en trampas habilmente preparadas, e incluso manos abiertas que parecían estar cogiendo todo este montón de fauna variada.
Así estaban las cosas y así parecía que continuaría durante muchos años. Pero he aquí que un día, uno de esos grupos de cazadores-recolectores aprendió la manera de producir sus alimentos: la primera de las revoluciones de la Historia de la Humanidad se acababa de producir, puede que sin que los mismos hombres se dieran cuenta. A partir de este momento el conocimiento de la agricultura permitió a los grupos humanos que la conocían vivir en el mismo lugar durante toda su existencia, sin tenerse que preocupar de moverse persiguiendo rebaños de animales.
Fue así como nacieron los primeros poblados permanentes, que con el tiempo se conviertieron en verdaderas ciudades donde cada uno de los habitantes se dedicaba a una actividad diferente: unos labraban la tierra y criaban animales, otros modelaban recipientes de barro, los había que producían herramientas de piedra como antes, algunos experimentaban con otros tipos de materiales como los metales, otros se dedicaban a confeccionar tejidos... y los más fuertes del grupo seguían dedicándose a la caza y además se convirtieron en los defensores de la ciudad. Este grupo escogía al más valente de todos ellos para que les guiara en sus expediciones, de modo que acabó por convertirse en el cabeza o rey de la ciudad misma. También hubo quien continuó manteniendo el contacto con las divinidades para asegurarse su protección. En resumen, se estaba produciendo la primera división del trabajo. Esta teoría se ha utilizado muy a menudo para justificar que la mayoría tiene que trabajar para mantener a una minoría que no podía hacerlo porque tenerse que dedicar a otras cosas que le ocupaban todo el tiempo.
Donde primero ocurrió todo esto que estáis leyendo fue en la zona que hay entre el Tigris y el Éufrates por un lado y el Nilo por otra. Sus habitantes no lo sabían, pero algunos miles de años más tarde este lugar se bautizó con el nombre de Fértil creciente.
Con el pao del tiempo, la minoría que no trabajaba consiguió convertir el hecho de que la mayoría les mantuviera y se encontró de golpe con una cantidad creciente de cereales, ovejas, lana, vino, aceite... que llegaban a sus manos. ¿Qué hacer? La solución fue construir grandes almacenes junto a los palacios y los templos, y de paso, inventar un sistema de signos para llevar un control de todo lo que almacenaban. Nuevamente, sin saberlo, los hombres habían descubierto lo que siglos después se diría "el primer sistema de escritura conocido". No os penséis que cualquiera estaba capacitado para descifrarlo. Si os encontráis ante un texto escrito con aquel sistema, podríais pensar que alguien os gastaba una broma, porque llamarle escritura a unas filas de puntos, rayas, muescas y formas muy diferentes grabadas en una tablilla de barro, ya es tener imaginación.
Pero no pongáis esa cara porque esto es un ejemplo de la escritura más antigua que se conoce y se llama escritura CUNEIFORME (señales en forma de cuña), quizá por el hecho de que todas esas señales sobre la arcilla fresca parecen que estén hechas con la punta de una caña. Estaríamos hablando de 3000 años antes de nuestra era.
Mientras todo esto ocurría en la parte oriental del Fértil creciente -más conocida como Mesopotamia- en el lado occidental, en Egipto, tampoco se quedaban atras a la hora de crear su propio sistema de escritura. Los egipcios eran más sofisticados y su escritura tomó la forma de dibujos que representaban cosas e incluso ideas. Como las cosas y las ideas que había en Egipto eran casi infinitas, la escritura egipcia se complicó tnato que la llamaron JEROGLÍFICA -aunque este nombre se lo dieron otras personas no egipcias, al igual que la calificaron de escritura ideográfica. Le escritura egipcia trajo también una serie de cambios técnicos: el soporte ya no eran tablillas de arcilla, sino un material llamado papiro, y en lugar de tallos de caña en forma de cuña para escribir, se utilizaban pinceles; también aparecieron las primeras tintas y gran variedad de colores.
Además del uso que ya hemos señalado al hablar de la escritura cuneiforme, la egipcia solía aparecer profusamente en las paredes de sus construcciones más importantes, especialmente en las tumbas, los templos, las esculturas y los obeliscos, donde tomaba la forma de advertencia, fórmula mágica o conmemoración.
Los mesopotámicos y los egipcios daban un valor muy grande a la escritura; en cierta manera los pocos que la conocían -los escribas- mantenían un gran secreto sobre este tema y nunca hablaban de su significado y mucho menos lo enseñaban a alguien fuera de su círculo.
En la misma época había otro pueblo que prosperaba gracias al comercio y que estaba asentado en las costas de Palestina: los fenicios. Debido a su actividad también necesitaban un sistema de escritura, pero más sencillo que el jeroglífico, sin tantas matizaciones; en una palabra, más útil que el egipcio. Así que, pensando y pensando, encontraron que no había nada más práctico que intentar una escritura que se ajustara a los sonidos con los que se articulaban las palabras. De este modo estos hombres que vivían en Tiro, Sidón y Biblos confeccionaron un sistema de escritura SILÁBICO, basado en signos que representaban sílabas, acompañados de otras que indicaban el género y el número de las palabras.
Dejemos a los fenicios y fijemos nuestra atención en otro lugar situado a unos centenares de kilómetros hacia occidente. Nos encontramos en la región llamada Hélade, nombre con que algunos llaman a Grecia. Aquí, a lo largo de los tiempos se habían ido acumulando una serie de influencias de pueblos muy distintos: minoicos, micénicos y, finalmente, dóricos. Sus necesidades de dejar por escrito las cosas iba más alla de los simples negocios, pues eran muy aficionados a la literatura, concretamente a la poesía y a las tragedias, a la filosofía y a la mitología.
Por eso inventaron otro sistema de escritura formado por signos que representaban fonemas, es decir, sonidos individualizados. Habían dado el paso definitivo hacia una escritura ALFABÉTICA y, con ella comenzaron a escribir todo lo que se les venía a la cabeza: ahora escribo una Odisea y ahora una Ilíada; que si una Guerra del Peloponeso por aquí, que si una República por allá, que si una oética, que si unos Diálogos...
Por otro lado, estos griegos llegaron a ser tantos que Grecia se les quedó pequeña; pero como eran emprendedores, subieron a sus barcos y se dedicaron a visitar nuevas tierras más al occidente, fundando colonias a lo largo de toda la costa norte del Mediterráneo, desde Sicilia hasta el río Ebro y, como no, con ellos iba también su escritura y su bagaje cultural. Los pueblos indígenas de aquellos lugares se quedaron boquiabiertos con la cultura griega y la imitaron. De hecho les agradó tanto, especialmente su alfabeto que no pudieron dejar de utilizar grafías semejantes para sus escritos en sus lenguas: iberos, etruscos y latinos comenzaron a desarrollar alfabetos siguiendo el modelo griego.
Desde entonces se multiplican las inscripciones sobre cualquier tipo de material, pero especialmente sobre cerámica, piedra y placas de metal, aunque se seguía utilizando el papiro para las anotaciones personales, aquellas que se acostumbra a guardar en casa, vaya.
A los griegos debemos también los primeros ensayos para conseguir nuevos soportes y en consecuencia, nuevos utensilios de escritura. A ellos debemos los primeros pergaminos, hechos con la piel de oveja curtida y raspada, la utilización del cálamo, hecho con un tallo de caña cortada al bies en uno de sus extremos -por el que se escribía- o las primeras tintas que seguramente tendrían origen animal -epias, calamares o pulpos- o mineral.
El Imperio Romano
Finalmente fue otro pueblo el que dio el empuje definitivo a la escritura alfabética: los latinos o romanos.
Página en construcción: hay 5 de 13 hojas que tiene el cuadernillo
