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45. Francisco, medio ciego, conversa con Clara.

"Lo más estimable, lo más dulce y lo más apetecible para mí ha sido lo que Dios nuestro Señor disponga de mí y de mis cosas". (S. Francisco en 1Celano, 107)

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Clara sabe lo depauperada que es está volviendo la vida del santo, por los continuos achaques. Quiere oírle y estar junto a él, y lo invita a espiritual conversación. Conducido hasta la humilde choza que cobija a Clara y a los suyos, el mutuo consuelo reside en la esperanza compartida de un último encuentro definitivo ante el común objeto de su amor, la gloriosa cruz de Cristo.

Aunque casi ciego y cansado, mantiene el ánimo y la ilusión de los primeros tiempos; está sentado sobre un modesto taburete y habla a las religiosas que le escuchan con suma atención. 

Gracias a la luz que recae sobre el perfil de la santa observamos la intensidad de su gesto, mezcla de piedad, admiración y entrega. Al fondo una hermana clarisa escucha atenta desde la puerta entreabierta, lo que permite penetrar algo de claridad en el paupérrimo interior.

La desenvoltura en la ejecución en la representación de los maderos de la choza, los hábitos de las figuras, las grandes manos del santo que apoyan sobre sus rodillas, se torna más minuciosa en los rostros, principalmente en los de los dos santos. La juventud y resolución del semblante de Clara poco tiene que ver con el de San Francisco.