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43. Francisco es consolado.

"Te doy gracias, Señor y Dios mío, por todos estos dolores... ya que en cumplir tu santísima voluntad encuentro yo los más inefables consuelos". (San Francisco en Leyenda Major, 14, 2)

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En un período en que estaba aquejado por la enfermedad, hasta el punto de no poder alzarse del lecho, recibió el consuelo de la música celestial. 

En la composición se observa el doliente cuerpo del santo, cuyo cuerpo ni siquiera parece descubrirse bajo la austera manta que lo cubre, arrobado y feliz por la aparición que viene a aliviar su sufrimiento. El grupo de ángeles que tañen sus instrumentos y elevan sus cánticos está pintado con unos trazos coloristas de blancos, amarillos y rosas que iluminan el reducido espacio. 

Estos tonos producen reflejos sobre San Francisco y tiñen su rostro y sus manos. Los semblantes de los seres celestiales son prácticamente imperceptibles a causa de la intensidad de sus halos. La luminosidad de la parte superior de la composición contrasta con las sombras de la parte inferior, donde destacan los matices verdes del tejido, la sumaria representación del jarro de primer plano y, sobre todo, la diestra inerte del enfermo.