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42. El pueblo grita: "Mirad al santo"

"Cuando mis hermanos vayan por el mundo, sean mansos, pacíficos y sencillos, llenos de bondad y humildad y hablen modestamente a todos según convenga." (San Francisco, 2ª Regla, 3)

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La santidad de Francisco y su escuálida figura maltratada por la enfermedad enternecen la piedad popular, que al verlo montando un borrico, incapaz de valerse ya de sus propios pies, irrumpe en el camino aclamándolo: ¡Ved ahí al santo! ¡Nuestro santo!.

Es detenido por un grupo de personas que se acercan con el deseo de verle, de tocarle --como el niño que toma entre sus manos el cordón del hábito--, de hacerle partícipe de las necesidades que les acechan. Él, con las manos unidas, mira al cielo en señal de agradecimiento y oración en favor de aquellas personas. 

Al fondo Benlliure ha pintado a a otras figuras que contemplan el acontecimiento deseosas de aproximarse a él. Tras ellas se observa el caserío de una población. El pintor ha dispuesto en primer plano un arbusto florecido y una roca que han quedado interrumpidos por el límite de la pintura; esa fragmentación produce un acercamiento inconsciente del espectador a la representación, muy adecuado en este caso, pues así puede transformarse en uno más de los devotos que se aproximan al Pobre de Asís. 

Los todos oscuros presentes en el conjunto de la obras se aclaran en los fondos y adquieren obras tonalidades para ofrecer un amplio paisaje y crear una efectiva perspectiva aérea.