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40. Impresión de las llagas.

"La cruz que llevaba grabada en su corazón, a fuerza de contemplación, le rompió un día la piel, floreciéndosela en llagas". (Leyenda de los tres compañeros, 69)

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La coincidencia espiritual de Francisco con el corazón crucificado de Cristo había alcanzado tal grado de mística interacción amorosa e identidad de voluntades, que la impresión externa de las llagas son el lacre, marcado con la efigie de Cristo, con que el Padre reconoció la inusitada semejanza.

En el verano de 1224 se retiró al monte Alverna. El Pobre de Asís está arrodillado sobre la tierra y con los brazos abiertos recibe ese particular don divino. La aparición ha quedado en la composición parcialmente oculta tras el árbol, sólo distinguimos el costado y su herida que, gracias a un largo trazo, quizás un rayo, se une al pecho del santo.

Una vez más la abstracción de la representación de Cristo contrasta con el tratamiento del semblante de Francisco; éste está pintado con minuciosidad, tanto en los rasgos físicos como en la intensa expresión. La entonación marca una pauta similar a aquellas obras en las que emplea el color: los tonos tierra y verdes se combinan con otros más intensos, amarillos y rosas. La paleta se tiñe de un colorido sobrio y encendido a un tiempo para describir lo natural y lo sobrenatural.