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39. Monte Alverna.

"Miremos cómo nuestro dechado el Buen Pastor, que sufrió la pasión de la Cruz por salvar a sus ovejas." (San Francisco, 6 Admonición)

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Es fama que, retirado San Francisco al monte Alverna para orar, la intensidad de su encuentro amoroso en la intimidad de Dios fue tal, que los pastores de las inmediaciones decían que, aquella noche, el monte ardía con espléndida y enrojecida luz, hasta el punto de sentirse atemorizados por tan inexplicable hecho. Realmente, Francisco había alcanzado la cumbre del verdadero amor.

En la composición el protagonista es el color: esa luz que el pintor traza sobre la cumbre con pinceladas de brillantes amarillos y esos valientes toques de tonos azules, verdes, grises y delicados rojos que se derraman por la superficie de la tierra y se encienden junto al pequeño rebaño y el pastor. Este grupo y la sorpresa de la figura han quedado relegados como testigos secundarios de la escena.