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32. Francisco, misionero, navega a Oriente."Dios, en su misericordia, nos ha elegido, no solamente para conseguir nuestra salvación, sino para salvar a muchas almas". (S. Francisco en Leyenda de los tres compañeros, 36)
[Puede bajarse esta imagen de mayor tamaño] La suerte de los Santos Lugares, en poder de los sarracenos, le preocupa al santo. De modo que, concluido uno de los capítulos celebrado en la Porciúncula, emprende viaje a Oriente, acompañado de Fray Pedro Catáneo, en junio de 1219. Poco duró su estancia en Palestina, pero su visita no resultó infructuosa. Fue recibido amablemente por Saladino y todavía predicó a los cruzados en San Juan de Acre y en Damieta. En este cuadro está representado uno de los duros momentos que debió pasar a lo largo de su existencia. El barco que lo transportaba tuvo que hacer frente a una terrible tormenta en el mar. El punto de vista elevado nos permite contemplar cuanto sucede en el barco: mientras un grupo de marineros está intentando poner a punto el velamen para afrontar el temporal, el santo permanece sentado en cubierta junto al mástil mientras dirige una plegaria al cielo. La nave está siendo azotada por las olas de un modo que acentúa la fragilidad de la estructura. La espuma del agua plasmada con pinceladas de entonaciones más luminosas enmarca el navío y hace destacar la silueta dentro de la composición. Aunque la embarcación no corresponde a ningún tipo de los conocidos en la época, Benlliure sabe transmitir la violencia de la tempestad y las dificultades por las que atraviesa el barco y sus tripulantes. De la oscuridad del conjunto sobresale el intenso halo blanco de la cabeza del santo que lo convierte en protagonista.
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