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24. Francisco ofrece un corderillo a las clarisas.

"Mirad, hermanos, la humildad de Dios y derramad vuestros corazones ante su divino acatamiento". (San Francisco, Carta al Capítulo)

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El amor del santo por todos los animales al ser criaturas de Dios le llevó en ocasiones a rescatar a algunos de ellos de una muerte segura y concederles la libertad que se les había otorgado en principio.

San Francisco no se hubiera atrevido a disponer de la vida del corderillo que le regalan y piensa en las hermanas de San Severino, que se lo cuidarán como lo que son, esposas del Cordero. 

La estampa muestra la entrega, conmovida la superiora y atentas las demás. El tierno lirismo del momento queda magnificado por las margaritas de un macetón inmediato, los jazmines que saltan la cerca y unas rosas que se asoman junto al muro del fondo.

Destacan las figuras del Padre Seráfico y de una de las hermanas recortadas sobre el fondo claro del muro que cierra el espacio. Al artista le gusta deleitarse en la descripción de algunos objetos colocados en primer plano, en este caso la maceta de las flores.