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23. Francisco acaricia un corderillo

"No seamos sabios y prudentes según la carne, sino más bien sencillos, humildes y puros" (San Francisco, Carta a los fieles)

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En el lenguaje de la vida religiosa, las cosas alcanzan frecuentemente categoría de signos trascendidos por la simbolización. Por analogía, la imagen inmaculada del Cordero de Dios surge espontánea en la imaginería espiritual del santo, al contemplar la blancura inocente del cordero mínimo. Ambos religiosos se arrodillan y Francisco lo acaricia enternecido.

El cuadro muestra el amor del santo por todas las criaturas del Señor, que aquí se ha detenido para acariciar a un corderito. En el centro de la composición aparecen Francisco, su compañero y el pequeño animal cuya blancura le hace destacar del conjunto.

El gesto cariñoso del Pobre de Asís pasa desapercibido para las dos figuras que tras la cerca están conversando. Su posición en el fondo de la obra está acentuada por la sumaria representación, unos sencillos trazos de pincel. Tras ellos el amplio paisaje cuyo colorido y luminosidad crean un eficaz efecto de lejanía.