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17. Profesión de Clara en manos de Francisco

"Enderezando a Ti todas nuestras intenciones, gastando todas las fuerzas del cuerpo y del alma en obsequio de tu amor y no en otra cosa". (San Francisco en 1Cel 22)

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Domingo de Ramos, marzo del 1212. Clara ha asistido a la celebración y con la palma recibida honoríficamente de manos del obispo, ha seguido piadosa el recorrido exultante de la procesión. De noche, retirada la familia a descansar, sale sin ser notada de casa y se dirige a Santa María de los Ángeles, ante cuyo altar se verifica el místico desposorio, prometiendo ante Francisco no seguir en lo sucesivo otro amor que no sea el de Jesús, por lo que procede de inmediato a deponer sus joyas, su rica vestimenta, sus doradas trenzas. Cristo ocupa ya su corazón. Los tenues colores cárdenos que iluminan las figuras, dan sentido penitencial a la renuncia.

En el reducido espacio del oratorio y junto al altar está el santo, quien eleva sus oraciones y procede así a la ceremonia; frente a él, de rodillas, se encuentra Clara. De ella emana una luminosidad de tonos rosáceos que se plasma en el cuerpo del Padre Seráfico y en aquellos que los acompañan.

La joven no sólo es el núcleo de la composición sino que parece ser el foco principal d eluz a la que secundan los de las velas del altar y de la lámpara. Mientras el semblante de Francisco está más definido, el de Clara ha perdido la individualización a favor de su gesto de fervor, ya que ha entregado su vida a Dios.