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15. Cristo refulgente ante Francisco y los suyos

"¡Tú eres el Bien, todo bien, sumo bien, el único bueno!" (San Francisco, Alabanzas)

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Rodeado San Francisco de sus compañeros, se le aparece Jesús, lleno de resplandores. Reunidos en la penumbra de una dependencia del convento, Francisco recomienda tal vez a sus compañeros la contemplación amorosa de Cristo, de donde nacerá la urgencia del seguimiento en la pobreza, lugar de las preferencias de Cristo; de la respetuosa obediencia, ese atento saber escuchar; de la pureza de corazón, cortesía suprema para con quien hizo preciosa el agua. 

Cristo corrobora las palabras de Francisco apareciéndoseles de pronto transfigurado en luz, casi transparente, radiante el rostro y la mano tendida esbozando una bendición. Francisco les invitará a dar rendidas gracias a Dios, porque se complace en desvelar su sabiduría a los más simples.

Benlliure ilustra esta escena en una estancia de pequeñas dimensiones y bastante oscura; la única fuente de luz que la ilumina procede precisamente de la visión celestial. Los frailes, dispuestos alrededor de Cristo, han caído en un profundo sopor; sólo san Francisco advierte la presencia divina y se dirige a ella. Los rostros adormecidos de los hermanos quedan desdibujados y ocupan un segundo plano dentro de la representación; lo importante es ese momento de intensa comunicación del Padre seráfico con Dios.