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7. Bernardo de Quintaval se desprende de sus bienes.

"No conservéis nada de vosotros para vosotros mismos, a fin de que os reciba enteramente el que se ofrece todo a vosotros".

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Invitado Francisco por su amigo Bernardo de Quintaval, es sorprendido de noche mientras, a la luz de una lámpara, reza al Señor, una sencilla plegaria: "¡Dios mío y todas mis cosas!". El hacendado compañero queda estremecido por la ferviente intensidad con que Francisco habla con Dios. Y a la mañana siguiente, sin más dilación, le confía al santo su propósito de abandonarlo todo para seguir a Dios viviendo como él. Y ante la aprobación del santo, vendió efectivamente sus pertenencias, distribuyó su importe entre los pobres, monasterios y hospitales, y confió su vida a la providencia divina en compañía de su santo amigo.

El cuadro confronta aún la figura noble del potentado junto a la miseria del entorno, entre quienes Francisco coopera al generoso reparto.

El núcleo de la composición son las dos manos: la del comerciante que ofrece la moneda y la del pobre que se aproxima a recogerla. La minuciosidad descriptiva de los semblantes se torna más esquemática en las vestimentas. La pincelada adquiere mayor transparencia y soltura en los fondos, pero no pierde un ápice de su cualidad para la recreación de arquitecturas y figuras.