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Capítulo 39

San Antonio de Padua, inflamado por el Espíritu Santo, predicó una vez con tal eficacia que todos los presentes, de diversas naciones del mundo, claramente le entendieron, como si hubiese hablado en la de cada uno.

A gloria de Dios. Amén.

Cómo San Antonio, predicando ante el papa y los cardenales,
fue entendido por gentes de diversas lenguas(1).

El admirable vaso del Espíritu Santo, San Antonio de Padua, uno de los discípulos y compañeros predilectos de San Francisco, que le llamaba su obispo (2), predicó una vez en consistorio delante del papa y de los cardenales; en este consistorio había muchos hombres de diversas naciones: griegos, latinos, franceses, alemanes, eslavos, ingleses y de otras diversas lenguas del mundo. Inflamado por el Espíritu Santo, expuso y desarrolló la palabra de Dios con tanta eficacia, profundidad y claridad, que todos los que se hallaban en el consistorio, aunque eran de lenguas tan diversas, entendieron claramente todas sus palabras sin perder una, como si hubiera hablado en el idioma de cada uno de ellos; hasta tal punto, que todos quedaron estupefactos, y les pareció que se había renovado el antiguo milagro de los apóstoles en tiempo de Pentecostés, cuando hablaron en todas las lenguas por la virtud del Espíritu Santo. Y se decían unos a otros con admiración:

-- ¿No es de España (3) este que predica? Pues ¿cómo es que todos nosotros le oímos hablar en la lengua de nuestro país? 

Y el mismo papa, lleno de admiración por la profundidad de sus palabras, dijo:

-- A la verdad, éste es arca del Testamento y armario de la divina Escritura (4)

En alabanza de Cristo. Amén. 

San Francisco se aparece a un religioso
mientras San Antonio predica.


1) Este capítulo y el siguiente están dedicados a San Antonio de Padua, una de las conquistas más valiosas de la primera generación franciscana, si bien él no fue de los «compañeros» de San Francisco.

2) Así en el encabezamiento de la carta en que le autorizaba a enseñar la teología a los hermanos: «Al hermano Antonio, mi obispo». Está atestiguada por 2 Cel 163.

3) En aquel tiempo se daba el nombre de España a toda la península Ibérica; Portugal, patria de San Antonio, era uno de los reinos de España.

4) Fue, en efecto, Gregorio IX quien, según la Legenda de San Antonio, le calificó de «arca del Testamento» después de oírle predicar (Legenda Assidua 11).