| 
32870

|
Capítulo 38
| El hermano Francisco conoció por divina revelación
que el hermano Elías estaba condenado y que debía abandonar la Orden
y morir fuera de ella.
El hermano Elías fue llamado por Federico, rey de Sicilia, que
había sido excomulgado por el Papa.
El hermano Francisco rogó por él y se salvó.
A gloria de Dios. |

|
Cómo San Francisco conoció en espíritu que el hermano
Elías estaba condenado
y que moriría fuera de la Orden.
En cierta ocasión en que estaban de familia juntos en un lugar San
Francisco y el hermano Elías, fue revelado por Dios a San Francisco que
el hermano Elías estaba condenado, que apostataría de la Orden y que,
finalmente, moriría fuera de la Orden. Por esta razón concibió San Francisco
hacia él tal repulsión, que ni le hablaba ni conversaba con él; y, si
ocurría que el hermano Elías venía a su encuentro, desviaba el camino
y tiraba por otro lado para no encontrarse con él.
Así que el hermano Elías fue cayendo en la cuenta y comprendió que San
Francisco estaba disgustado con él. Queriendo saber el motivo, un día
se acercó a San Francisco para hablarle, y, cuando San Francisco trató
de evitarlo, el hermano Elías lo detuvo cortésmente por la fuerza y comenzó
a rogarle discretamente que, por favor, le dijera por qué motivo él esquivaba
de aquel modo su compañía y su conversación. San Francisco le respondió:
-- El motivo es éste: me ha sido revelado por Dios que tú, por causa
de tus pecados, apostatarás de la Orden y morirás fuera de ella; además
Dios me ha revelado que tú estás condenado.
Al oír esto, dijo el hermano Elías:
-- Padre mío reverendo, te pido por amor de Cristo que tú, por esta
causa, no me esquives ni eches de tu presencia, sino que, como buen pastor,
a ejemplo de Cristo, encuentres y acojas a la pobre oveja que se pierde
si tú no la ayudas. Pide a Dios por mí, para que, si es posible, revoque
Él la sentencia de mi condenación, ya que se halla escrito que Dios perdona
y cambia la sentencia si el pecador se enmienda de su pecado; y yo tengo
tanta fe en tu oración, que, aunque estuviera en lo profundo del infierno,
si tú hicieras oración por mí a Dios, yo me sentiría aliviado. Así que
yo te suplico que encomiendes a Dios a este pecador, puesto que Él ha
venido para salvar a los pecadores, para que me reciba en su misericordia.
Decía esto el hermano Elías con gran devoción y muchas lágrimas, por
lo que San Francisco, como padre lleno de piedad, le prometió pedir por
él a Dios; y así lo hizo. Y, orando a Dios con mucha devoción por él,
conoció, por revelación, que su oración era escuchada por Dios en lo referente
a la revocación de la sentencia de condenación del hermano Elías y que,
finalmente, su alma no sería condenada, pero que ciertamente saldría de
la Orden y moriría fuera de la Orden.
Y
así sucedió, ya que, habiéndose rebelado contra la Iglesia el rey de Sicilia,
Federico, y siendo por ello excomulgado por el papa él y todos los que
le prestaran ayuda y consejo, el hermano Elías, que era reputado como
uno de los hombres más doctos del mundo, requerido por el rey Federico,
se puso de su parte y se hizo rebelde a la Iglesia; por esta razón fue
excomulgado por el papa y privado del hábito de San Francisco.
Hallándose así excomulgado, enfermó gravemente. Enterado de ello un
hermano suyo, hermano laico que había seguido en la Orden y que era hombre
de vida ejemplar, fue a visitarle, y le dijo entre otras cosas:
-- Hermano mío carísimo, yo siento gran pesar de verte excomulgado y
fuera de la Orden y que vas a morir en esta situación. Pero, si tú ves
el camino y el modo como yo pueda ayudarte y sacarte de este peligro,
gustosamente me tomaré cualquier trabajo por ti.
-- Hermano mío -respondió el hermano Elías-, la única salida es que
tú vayas al papa y le supliques, por amor de Cristo y de su siervo San
Francisco, por cuyas enseñanzas yo abandoné el mundo, que me absuelva
de la excomunión y me devuelva el hábito de la Orden.
Su hermano le aseguró que de buen grado haría todo lo que estuviera
de su parte por la salvación de su alma. Se despidió de él y fue a postrarse
a los pies del Santo Padre, suplicándole con mucha humildad que concediera
esa gracia a su hermano por amor de Cristo y de San Francisco. Y plugo
a Dios que el papa le concediera que volviese en seguida y, si encontraba
al hermano Elías aún con vida, lo absolviera, de parte suya, de la excomunión
y le devolviera el hábito. Con esto partió muy contento y volvió apresuradamente
al hermano Elías; lo halló aún con vida, pero en trance de morir; lo absolvió
de la excomunión y le devolvió el hábito. El hermano Elías pasó de esta
vida; y su alma fue salvada por los méritos y las oraciones de San Francisco,
en las que el hermano Elías había tenido gran esperanza.
En alabanza de Cristo. Amén.
|