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Los escritos de San Francisco han de considerarse forzosamente como la principal de las fuentes para conocer a Francisco. Se podrían dividir en Oraciones, Cartas, Avisos espirituales, Textos legislativos y Últimas recomendaciones. Todos estos   textos se pueden bajar de la web de los franciscanos, http://www.franciscanos.org

El Canto de las criaturas.

El "Canto al hermano Sol" o "Canto de las Criaturas" es un poema que Francisco compuso en dialecto de la Umbría. El código 338 de Asís presenta la siguiente indicación: "Comienzo del canto de las Criaturas que el bienaventurado Francisco compuso para alabar y glorificar a Dios, cuando estaba enfermo en San Damián". El código deja un espacio vacío para escribir el acompañamiento musical, que desgraciadamente nunca fue escrito.

Las circunstancias históricas que llevaron a la composición del Canto se describen en la Leyenda de Perusa, números 43-44 y 100. El Canto fue escrito en tres etapas. La primera parte del Canto, en la que alaba a Dios a través de las obras de la creación, fue compuesta cuando Francisco estaba enfermo en san Damián en la primavera del 1225. Francisco estaba prácticamente ciego. Compuso esta canción de alabanza a Dios por todas las maravillas de la creación  cuando él ya no las podía admirar. La segunda parte del canto trata del perdón. Fue compuesta cuando Francisco logró la reconciliación del obispo y el podestá de Asís, tras enviar a sus hermanos a cantar la primera parte del Canto ante aquellas autoridades. La última sección del Canto trata de "nuestra hermana la muerte corporal", y fue escrita poco tiempo antes de su muerte.

El Canto testimonia la profunda unión entre Francisco y la creación, vista como un regalo de Dios. Esta unión se construye sobre la categoría de fraternidad universal, de manera que cada criatura se convierte en "hermano y hermana". Los adjetivos con que califica las cosas dan fe del gozo con que colorea la bondad del mundo hermano en que le ha puesto Dios.

Puede encontrar el Canto de las Criaturas acompañado de imágenes aquí.

El pergamino entregado al hermano León

Contiene las "alabanzas al Dios Altísimo" y la bendición dada a León en La Verna, tras el acontecimiento de la estigmatización de Francisco en septiembre de 1224. El pergamino se venera como una reliquia preciosa en la capilla de entrada a la basílica inferior de san Francisco en Asís.

Las circunstancias históricas que rodearon la composición de estos escritos se narran en la segunda Vida de Celano, 49. El hermano León pasaba por una crisis y Francisco le ayudó en aquel momento de dificultad escribiéndole las alabanzas de Dios y dándole una especial bendición según el modelo de la bendición de Aarón que se dice en el libro de los Números 6, 24-26.

El mismo hermano León escribió una nota en el pergamino. En la parte donde está la bendición escribió: "El bienaventurado Francisco escribió con sus propias manos esta bendición, y me la dio a mí, hermano León". Luego añade: "Igualmente la firmó con una tau con calavera". Esta señal de la tau es la letra griega Tau, bajo el cual hay dibujada una calavera. Era un símbolo cristológico muy popular a la sazón, tomado de los padres de la Iglesia, que denota la salvación universal de la humanidad realizada por Cristo por su cruz. La calavera simboliza al primer hombre, Adán, que fue también redimido por la sangre de Cristo crucificado.

Otra nota de León dice: "El bienaventurado Francisco, dos años antes de su muerte, celebrando la cuaresma en la montaña de La Verna en honor de la Bienaventurada Virgen María y de san Miguel Arcángel, desde la fiesta de la Asunción de la Virgen hasta la fiesta de septiembre de san Miguel. La mano de Dios bajó sobre él. Después de la visión y de las palabras del Serafín, y de que se imprimieran las llagas de Cristo sobre su cuerpo, compuso estas palabras de alabanza que escribió en la otra cara de este pergamino, y que fueron escritas por él mismo, mientras daba gracias a Dios por la bondad que había mostrado con él"

Exhortación a la  alabanza de Dios

Nos ha llegado a través de un manuscrito escrito por el historiador franciscano Mariano de Florencia (+ 1537). El autor escribe estas alabanzas con versículos tomados de la Escritura,  y dice que los ha copiado de delante de un altar del eremitorio franciscano de Cesi de Terni. En ese lugar había una capilla dedicada a la Virgen María. Estas oraciones que incluyen el saludo del ángel Gabriel a la Virgen, y una oración a san Miguel, son un claro ejemplo de la familiaridad de Francisco con las Sagradas Escrituras.

Oración inspirada en el Padre Nuestro

Tanto Tomas de Celano (Vida Primera de san Francisco, 45) como san Bonaventura (Leyenda mayor, IV,3) dicen que Francisco enseñó a sus hermanos cómo tenían que rezar, explicándoles la oración del Señor. Esta oración es una meditación sobre el Padre Nuestro, en línea con las con una antigua tradición que arranca de los Padres de la Iglesia. Se encuentran ejemplos de esta tradición en los escritos de san Bernardo y de Hugo de san Víctor. Aunque muchas de las expresiones de esta oración pueden no ser originales, es sin duda importante la elección y colocación de las mismas, hechas por Francisco, que hace que el resultado sea una oración netamente franciscana.

Oración para todas las horas

El Código de Asís contiene estas oraciones que Francisco recitaba antes de las horas canónicas del Oficio Divino. conjuga en ellas, según su particular propósito, escogidos versículos procedentes de la Escritura y de la liturgia, especialmente del Apocalipsis, Daniel y los Salmos, lo que revela el dominio que tenía de las mismas el Fundador.

Oficio de la Pasión

Es una colección de salmos compuesta por Francisco, tras una selección cuidadosa de textos de la Escritura, para celebrar los principales misterios de Cristo: nacimiento, vida pública, muerte y resurrección. El nombre de Oficio de la Pasión es sólo una indicación de su contenido, porque este Oficio es, en realidad, la celebración del misterio de Cristo.

El Oficio está dividido en cinco partes: (1) Triduo Sagrado de semana santa y días feriales durante el año; (2) Tiempo de Pascua; (3) Domingo y fiestas principales; (4) Adviento; (5) Navidad y Epifanía.

Junto con esos salmos, cuenta con varias antífonas a la Virgen María, que solía rezar antes y después de este Oficio. El oficio de la Pasión es una oración meramente devocional, común en la Edad Media. No substituía a las Horas Canónicas, que Francisco rezaba incluso cuando estaba enfermo. En su Testamento encontramos claras muestras de su amor a la oración oficial de la Iglesia.

Es interesante notar que santa Clara recitaba este Oficio. La Leyenda de santa Clara, 30 dice que "ella aprendió el Oficio de la Pasión que Francisco, un amante de la Cruz, había compuesto y lo recitaba con igual devoción"

Oración ante el crucifijo (1205)

Es una de las más antiguas oraciones de Francisco, que recitaba ante el crucifijo de san Damián en los primeros años de su conversión. Fue escrita tanto en dialecto de la Umbría como en su versión latina. El manuscrito de la Biblioteca Bodleian de Oxford (1384-85) explica que esta oración fue compuesta por Francisco cuando rezaba ante el crucifijo de san Damián (el episodio de san Damián se encuentra en  2 Cel 10 y en la Leyenda Mayor II, 1)

La leyenda ante el crucifijo tiene gran parecido con la oración conocida como "Adoramus te", que Francisco y sus hermanos recitaban a menudo y que hoy día los frailes rezan al entrar y salir de la Iglesia. Esta oración se encuentra en el Testamento, y la prueba de su autenticidad la da Bonaventura, en la Leyenda Mayor IV, 3:

"Empleaban el  tiempo rezando continuamente y se consagraban especialmente a la ferviente oración mental; no tenían aún libros litúrgicos, por lo que no podían cantar el oficio divino. La cruz de Cristo era su libro y lo estudiaban día y noche, según la exhortación y el ejemplo de su padre que nunca paraba de hablarles de la cruz. Cuando los hermanos le pedían que les enseñara a rezar, decía: 'Cuando oréis, decid, Te adoramos, oh Cristo, aquí y en todas las iglesias que hay en todo el mundo y te bendecimos, porque por tu santa cruz  redimiste al mundo"

El estilo de la Oración ante el crucifijo, que comienza con las palabras: "¡Oh alto y glorioso Dios!" se refiere al crucifijo de san Damián, en el que Cristo aparece glorificado y resucitado.

Saludo a la Virgen

Tomás de Celano, en la Segunda Vida de san Francisco, 198, escribe:   "Francisco estaba lleno de un amor inexpresable hacia la Madre de Jesús, porque ella dio a luz al Señor de la Majestad, nuestro hermano. Cantaba plegarias especiales a María, alabanzas y afectos"

Estas palabras prueban ampliamente la autenticidad del Saludo a la Virgen, en el que Francisco llama a María "virgen convertida en iglesia", haciéndose eco de una tradición muy fuerte en la Iglesia.

Esta oración mariana se relaciona también con un breve saludo a las virtudes que muestra la vida de María, al igual que con otra oración llamada Saludo a las Virtudes, que se nos cuenta en 2Cel 189.