29731

Clara y sus hermanas.

La Porciúncula (porción pequeña, casita, iglesita...) fue un lugar importante en la temprana historia de los Franciscanos en el año 1211. Durante la noche del 18 al 19 de marzo Clara, aún menor de edad, escapó de la casa de sus padres en Asís y se las ingenió para atravesar las puertas de la ciudad y acudir a la Porciúncula.

Parece que había un plan perfectamente trazado por Francisco y Clara, con la aprobación del obispo Guido. Era el domingo de Ramos y Clara tomó parte, con su familia, en la celebración de la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén en la iglesia catedral. Cuando todos estaban durmiendo ella se levantó para ejecutar su plan de escape. Hacía meses que se entrevistaba secretamente con Francisco para decirle que ella necesitaba juntarse a su grupo de hermanos. Por lo que finalmente decidieron poner en marcha su plan.

Clara se encontró con Francisco en la Porciúncula. La ceremonia fue breve y emotiva. Francisco le cortó sus largas trenzas y le vistió un hábito de penitencia. Luego Francisco la envió, acompañada de algunos hermanos, a un refugio seguro, al monasterio de benedictinas de san Pablo de las Abadesas en Bastia Umbra.

Su familia quiso devolverla a casa, pero en aquel lugar estaba protegida por la excomunión papal contra cualquiera que se aventurara a entrar en las dependencias de las religiosas. Al cabo de un poco de tiempo Clara pasó a otro monasterio de benedictinas, en Sant'Angelo di Panzo, en las estribaciones del monte Subasio. Allí se le juntó su hermana Catalina. Su tío Monaldo acudió allí para llevarse por la fuerza a Catalina de regreso a casa, pero su plan no resultó. Clara y su hermana, que había cambiado su nombre por el de Inés, fueron enviadas por Francisco a San Damián.

Tal como había predicho, fue allí donde se fundó la Orden de las Damas Pobres de san Damián. En esta pequeña capilla y en el monasterio adyacente Clara y sus hermanas vivieron una vida enclaustrada, sin ninguna propiedad o posesión.

Hasta el día de su muerte, el 11 de agosto de 1253, Clara nunca dejó san Damián. Desde allí pidió a los papas que confirmaran el Privilegio de la Pobreza para sus hermanas. Allí se le juntó su madre Ortolana y su otra hermana Beatriz. En san Damián recibió finalmente la aprobación de su Regla, según el modelo de la de los Hermanos Menores, dos días antes de su muerte, alabando a Dios por haberla creado.

Los eremitorios.

La vida contemplativa de Clara fue complementaria de la de apostolado activo de Francisco y de sus hermanos. Pero no debe pensarse que Francisco no acarició la vida contemplativa. Pasó largos meses en soledad, casi siempre acompañado por dos o tres hermanos, en alguno de los muchos eremitorios que fundó en la región de los Apeninos. El más famoso de ellos es probablemente el eremitorio de Las Cárceles, en el monte Subasio, cerca de Asís. Francisco escribió también una pequeña Regla para aquellos hermanos que querían vivir en esas casas de retiro.

La Verna.

El 8 de mayo de 1213 Francisco estaba cerca de San León,  en un castillo medieval.  Acudió allí porque el conde Orlando de Chiusti les había ofrecido la montaña llamada La Verna. Francisco aceptó complacido porque La Verna era un lugar ideal para establecer un eremitorio.

Esta montaña fue testigo de la estigmatización de Francisco en septiembre de 1224.