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Asís surge ante el caminante como una ciudad
medieval detenida en el tiempo, situada en la falda de un monte, el Subasio,
rodeada de bosques y coronada por un castillo.
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| Vista
de Asís y de su Rocca Maggiore |
Los poderes político y religioso, a veces
antagónicos, se disputan el favor de la obediencia ciudadana, interfiriéndose
entre sí, en las respectivas áreas civil y religiosa. Cuando se conjugan,
como en las Cruzadas, fe y ambición mueven poderosamente el corazón de
Europa. En Asís mismo, el castillo feudal de "Rocca Maggiore"
y el Sr. Obispo se reparten la influencia territorial y religiosa.
En Italia se está consolidando el movimiento
comercial iniciado en el siglo XII, que lleva anejo la emergencia de una
nueva clase social, la clase media de la burguesía, de modo que Asís refleja
el doble estamento de los "maiores" o "boni homines",
de los nobles y los "minores" u "homines populi",
de los nuevos burgueses, cuyo poder monetario les habilita para enfrentarse
a la hegemonía nobiliaria, para debilitarla e implantar el Común, un poder
democrático para gobernar la ciudad.
Nacimiento
de Francisco.
Francisco nació en este contexto histórico en 1182. Aún
se discute sobre la casa en que nació. Varios lugares de Asís reclaman
ese honor: Chiesa Nova, San Francesco Piccolino, la llamada Casa Paterna
de Bernardone. Todos ellos se encuentran alrededor de la plaza central
de la ciudad, llamada Plaza del Común, dominada por el templo romano de
Minerva y la Torre del Pueblo.
Nombre
Francisco era hijo de Pedro Bernardone, un rico mercader
de telas que viajaba a Francia con frecuencia. De hecho Pedro se encontraba
allí cuando su mujer, Pica, a la que había conocido en Provenza, dio a
luz a Francisco. Cuando volvió Pedro y supo que lo habían bautizado en
la iglesia catedral de San Rufino, y que le habían dado el nombre de Juan,
dijo que no le gustaba el nombre y le llamó en adelante Francisco, diminutivo
de "francés".
Nacimiento de Clara.
En la parte alta de la ciudad, donde se encuentra la catedral de San Rufino,
nació una niña once años después, en 1193. Se le llamó Clara. Nació
en una casa noble que daba a la plaza de la catedral. Sus padres pertenecían
a la nobleza, a los "maiores". Francisco pertenecía a los "minores".
Guerra civil en Asís.
Las tensiones en Asís comenzaron hacia el 1198. En ese
año fue elegido papa Inocencio III. Quiso afirmar la supremacía
de la Iglesia incluso en asuntos temporales. En la primavera de ese año,
el duque Conrado de Werlingen, que presidía la fortaleza de la Roca de
Asís, en nombre del Emperador, marchó a Espoleto para reducir Espoleto
a la obediencia papal. Los ciudadanos de Asís aprovecharon la ocasión
de su ausencia para sitiar la fortaleza y demolerla. Francisco debía tener
entonces unos dieciséis años. Se puede asegurar que tomó parte en esta
aventura que marcó el principio de la independencia de Asís como ciudad
Comuna libre. Se hizo inevitable una guerra civil entre los ciudadanos
y los nobles. La familia de Clara tuvo que huir a Perusa, una ciudad cercana,
más grande y fuerte que Asís. Probablemente volvió a Asís hacia el 1203,
cuando ya se había firmado la paz entre los "maiores" y "menores"
de Asís.
En 1202 la nobleza de Asís que se había refugiado
en Perusa entabló una lucha contra el pueblo de Asís. Francisco tomó parte
en la batalla de Collestrada, en la que las fuerzas de Asís fueron hechas
prisioneras. Francisco pasó un año en la prisión y tuvo la suerte de ser
rescatado por su rico padre. Su débil salud le pasó factura del año en
prisión y tuvo que pasar gran parte del año 1204 en cama.
El ideal caballeresco.
Cuando Francisco se sintió mejor comenzó a aspirar a más altos ideales.
Durante este tiempo soñó llegar a ser armado caballero. Ese era el ideal
de su época. Era el tema de las canciones de los trovadores que viajaban
a lo largo de los caminos. El ideal de la Caballería junto con el de la
Cruzada, captaron el corazón de muchos jóvenes. Francisco no fue una excepción.
En 1204 encontró la oportunidad de marchar a la Puglia, en el sur de Italia,
a las órdenes de Walerio de Brienne, con el fin de unirse a las fuerzas
de la Cuarta Cruzada. Pero su aventura duró poco. El día siguiente, después
de una noche sin dormir pasada en Espoleto (sus biógrafos hablan de visiones
y de sueños), volvió a Asís.
La conversión
Francisco se convirtió en la burla de su padre y amigos. Sus ideales
se habían truncado. No veía futuro. La única solución parecía consistir
en trabajar durante largas horas en la tienda de su padre vendiendo telas.
Aunque eso era lo que deseaba su padre a él no le convenció. La última
cosa que le apetecía hacer era permanecer encerrado en una tienda. También
podía elegir la vida alegre de diversión con sus amigos. Lo había hecho
muchas veces y sus amigos le habían elegido rey de fiestas. Se divertían
hasta altas horas de la noche y salían cantando por las estrechas calles
de Asís. Pero ahora a Francisco le aburría esa bulliciosa compañía. Y
comenzó a vagar por los campos de Asís. Sus primeros biógrafos llaman
a este período como "conversión". Creen que es un período
especial, aunque fue bastante corto, entre finales de 1204 y los
primeros meses de 1206. Pero fue un intenso período de reflexión.
El beso al leproso.
Un día cabalgaba con su caballo por la llanura de Asís,
cuando se acercó a una colonia de leprosos. Fue la primera vez que se
enfrentaba con un leproso. Aunque estaba aterrorizado, bajó del caballo
y se acercó al hombre, le ofreció dinero y le dio el beso de paz. Luego
recordaría este encuentro durante toda su vida.
Francisco ante el crucifijo de San Damián
Hacia el año 1205 otro encuentro cambió radicalmente
su vida. Fue en una vieja capilla medio abandonada situada cerca de la
muralla de Asís. La iglesia de San Damián era servida por un pobre sacerdote
que no podía siquiera comprar aceite para la lámpara que ardía frente
a una imagen bizantina de un Cristo crucificado. Francisco quedó prendado
al ver este cuadro, que hoy todavía se puede contemplar en la iglesia
de santa Clara en Asís. Cristo aparece vivo en la cruz. Sus ojos están
completamente abiertos y, aunque la sangre brota de sus heridas, parece
que no siente ningún dolor. Este fue el crucifijo que "habló"
a Francisco. Sus biógrafos afirman que Cristo pidió a Francisco que reparase
esa vieja iglesia llamándola "su iglesia". Era obvio para los
perspicaces ojos de un hombre como Francisco que esa iglesia precisaba
urgentes reparaciones. Eligió la manera más fácil de entender el mensaje.
Se fue a la tienda de su padre y cogió una carga de telas caras, las cargó
en su caballería y marchó al mercado de Foligno, donde vendió las telas
y el caballo. Y volvió contento para darle el dinero ganado al pobre sacerdote,
el cual rechazó el ofrecimiento, porque sabía que Pedro Bernardone se
enfadaría por la última excentricidad de su hijo.
Pero no obstante permitió a Francisco que
viviera con él en San Damián como un "oblato", esto es, como
una persona que ofrece sus servicios a una iglesia particular con el objeto
de vivir una vida de penitencia.

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