Mis guerras

Siempre he sido hombre de paz. Mi pueblo dependía del emperador. Nos rebelamos y deshicimos piedra a piedra la fortaleza que hay en lo alto del pueblo. Con las piedras construimos el "comune", el palacio del nuevo gobierno de la ciudad del que tomarían parte todos los ciudadanos. Se había terminado la nobleza. Los nobles de Asís huyeron a Perusa.

Me coloqué entre los caballeros [yo era "caballero": era capaz de tener mi propia cabalgadura y mis armas propias de soldado a caballo, y podía contratar un escudero].

Me apunté a la guerra que los de Asís tenían con los de Perusa. En la batalla de "Collestrada" caí prisionero y me pasé un año en la cárcel de Perusa.

En un calabozo comprendí lo que es la soledad no buscada, la enemistad y la envidia. Mi carácter alegre y abierto sirvió para romper barreras entre caballeros y nobles que estábamos en la misma prisión.

Terminado el año de cárcel volvía a Asís enfermo física y moralmente. Estuve encerrado en casa por largo tiempo, hasta reponerme casi del todo. Hasta mis padres creían que estaba un poco loco y que no volvería a ser nunca más el muchacho alegre de antes.