Con mis padres

Esa vida de joven un tanto desarreglada preocupaba mucho a mis padres. Mamá era más transigente y procuraba tapar todo lo que podía (creo que eso es lo que han hecho siempre las madres).

Papá pensaba que eso cambiaría con los años. Y me llevaba de viaje de negocios. Me enseñaba los trucos de su oficio y esperaba que pronto podría encargarme de comprar y vender las telas yo.

La verdad es que se me daba muy bien lo de vender tela a las damas. Sabía hablarles y siempre compraban más de lo habían previsto.

Bueno, ya os contaré que el rollito con mi padre no terminó bien. Os lo contaré más adelante. Y todo porque encontré a un pobre y le di el dinero que había obtenido de la venta de una partida de tela. Los gritos los pudieron oír todo el vecindario.

Pero es que yo no podía ver a los pobres sin conmoverme. Eso fue una constante en mi vida. Siempre que veo a un pobre me acuerdo de Jesucristo que se hizo pobre por mí.