Capítulo 36
| El hermano León tuvo una admirable visión que el hermano
Francisco le explicó:
El gran río de este mundo: los frailes que se ahogaban en el río son los que no siguen la profesión evangélica, especialmente la santa pobreza. Y aquellos que pasaban sin peligro son los escogidos, que ágilmente pasan de la vida temporal a la eterna. A gloria de Dios. Amén |
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Una visión hermosa y admirable que tuvo el hermano
León
y cómo se la declaró San Francisco.
Una vez que San Francisco se hallaba gravemente enfermo y el hermano León le servía, éste estaba haciendo oración al lado de San Francisco, y quedó arrobado y fue conducido en espíritu a un río grandísimo, ancho e impetuoso.
Se puso
a mirar a todos los que pasaban, y vio entrar en el río a algunos hermanos
que iban muy cargados; apenas llegados a la corriente, eran arrastrados
y se ahogaban; algunos lograban llegar hasta la tercera parte del río;
otros, hasta la mitad; otros, hasta cerca de la otra orilla; pero todos
terminaban siendo derribados y se ahogaban debido al ímpetu de la corriente
y al peso que llevaban encima. Al ver esto, el hermano León estaba muy
apenado por ellos. Y en esto vio venir una gran muchedumbre de hermanos
sin ninguna carga ni impedimento; en ellos resplandecía la santa pobreza.
Y vio cómo entraban en el río y pasaban al otro lado sin peligro alguno.
Terminada esta visión, el hermano León volvió en sí.
Entonces, San Francisco, conociendo en espíritu que el hermano León había tenido alguna visión, lo llamó a sí y le preguntó qué es lo que había visto. Cuando el hermano León le hubo referido toda la visión puntualmente, le dijo San Francisco:
-- Lo que tú has visto es verdadero. El río grande es este mundo; los hermanos que se ahogaban en el río son los que no siguen la profesión evangélica, sobre todo en lo que se refiere a la altísima pobreza; y los que pasaban sin peligro son aquellos hermanos que no buscan ni poseen en este mundo ninguna cosa terrestre ni carnal, sino que, teniendo solamente lo imprescindible para comer y vestir, siguen contentos a Cristo desnudo en la cruz, llevando con alegría y de buen grado la carga y el yugo suave de Cristo y de la santa obediencia; por eso pasan con facilidad de la vida temporal a la vida eterna.
En alabanza de Cristo. Amén.

