INTRODUCCIÓN

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LA PATERNIDAD DEL TRATADO Y LA ESPIRITUALIDAD ALCANTARINA

1. Paternidad del "Tratado de la Oración y Meditación"

Introducción

Algunas opiniones no documentadas oficialmente sostienen que el Tratado de la Oración y Meditación fue escrito por San Pedro de Alcántara entre los años 1541 y 1551. Década posterior a su mandato como Ministro Provincial de san Gabriel, fecha relacionada con su estancia en Portugal, en la sierra de la Arrábida, en el convento de Palhâes, donde es maestro de novicios y donde "les instruye en el ejercicio de la oración con un manual abreviado ideado por él y el fundador de la Arrábida".

Entre 1545 y 1549 interviene Fr. Andrés de Insua, tanto en la Arrábida como en la Provincia de San Gabriel, oponiéndose a la Reforma descalza, tal vez ante la duda de no saber lo que representaba. La carta de San Francisco de Borja del 15 de febrero de 1549 da fe de que San Pedro vuelve a Portugal para dar cumplimiento a los asuntos encomendados. No se dice nada sobre las actividades en Portugal, pero hay indicios de que el método de oración que él practicaba y proponía a los otros fue escrito en 1542-1543, durante su estancia en Palhâes.

La edición más antigua del Tratado se encuentra en la Biblioteca Nacional de Lisboa, en donde se pone a San Pedro de Alcántara como autor de una "recopilación del Libro de la Oración y Meditación y del segundo volumen de La Guía de Pecadores de Fr. Luis de Granada. La carta dedicatoria de San Pedro a D. Rodrigo de Chaves aleja de toda duda el hecho de servirse de la obra de Fr. Luis de Granada. Por lo tanto hay que reconocer una prioridad en la obra de Fr. Luis de Granada.

El hecho de hacer preceder la obra de San Pedro a la de Fr. Luis fue fuente de múltiples enfrentamientos y discusiones que se acrecentaron a la luz del Tercer Centenario de la Muerte de Fr. Luis de Granada (1888). La época más virulenta de este enfrentamiento fue de 1916 a 1919 en la Revista de Archivos y Museos, dando lugar a dos posiciones diametralmente opuestas cuyos antecedentes están en el s. XVIII.

Resumen de las dos posiciones:

1. Fr. Luis de Granada como autor del Libro de la Oración y del Tratado de la Oración y Meditación. Destacan en esta postura el P. J. Cuervo OP y Fidel de Ros OFMCap que se adhirió en 1947.

2. La postura opuesta dice que San Pedro de Alcántara es autor del Tratado de la Oración y Meditación , que fue escrito y publicado antes que el Libro de Fr. Luis de Granada, por lo que sería Fr. Luis el que ampliara y comentara la obra de San Pedro. Con lo cual tendría que haber existido una fecha anterior a la de 1554 que fue la de la publicación en Salamanca de la obra de Fr. Luis de Granada. Esta ha sido la postura tradicional franciscana. Destaca en esta hipótesis el P. Miguel Ángel de Narbona OFMCap, junto a otros franciscanos. La tesis de este franciscano ha sido prácticamente abandonada, dado que otros franciscanos como Lorenzo Pérez, León Amorós y Luis Villasante defienden abiertamente que San Pedro es el autor del Tratado de la Oración y Meditación, pero reconociendo la dependencia de Fr. Luis de Granada.

3. Se podría hablar de una tercera postura en función de los avances de la crítica actual respecto a la doble tendencia. León Amorós en 1962 y Bruno Jereczek, más recientemente han revisado el asunto. Concretamente este último se proponía aclarar la autoría (paternidad literaria)a partir de las diferentes ediciones del Tratado y las influencias que pudo recibir. Estos dos autores, junto con Mariano Acebal OFM, defienden la autoría de San Pedro de Alcántara, que, sirviéndose del Libro de Fr. Luis de Granada redactó su propio manual, dándole una orientación diferente y un sello propio, según confiesa en la dedicatoria.

De todas formas el asunto sigue siendo dificultoso, dada la complejidad de las ediciones, la ausencia de afirmaciones explícitas en cualquiera de los sentidos antes de 1562, y los testimonios contradictorios en las mismas dedicatorias y advertencias "Al cristiano lector" de las ediciones posteriores a 1563 del Tratado alcantarino, de donde se han sacado conclusiones para llevar el asunto a un terreno u otro.

En definitiva, cabe decir que para abordar la difícil cuestión de la autenticidad y la historia, es necesario afirmar previamente que los testimonios históricos son claves que evidencian que San Pedro de Alcántara escribió un Tratado de oración. El problema surge al no tener la certeza plena de que la edición del Tratado que se halla en Lisboa, fuese la auténticamente salida de la mano de San Pedro de Alcántara.

Algo indudable es que el Tratado de San Pedro depende de la obra de Fr. Luis, que sintetiza, como lo afirma "la dedicatoria a D. Rodrigo de Chaves", fundamentalmente las meditaciones semanales y los capítulos 2 y 3 de la segunda parte; aunque hay un sello innegablemente personal, que le da un carácter propio, lo que permite diferenciarlo de la obra de Fr. Luis. Hay que tener en cuenta también la concepción de "autor" que se tenía en el siglo XVI en donde, al parecer, no se hacía tanto problema de que uno fuera el autor y el otro bebiera de él.

San Pedro escribió un "Tratado de Oración" (Autoría)

1. En primer lugar señalar los testimonios o fuentes documentales, a modo cronológico, que han atribuido a San Pedro un Tratado escrito y publicado. Estos testimonios son contemporáneos de San Pedro o de los primeros años tras su muerte en 1562, sirviendo para el proceso de beatificación.

Testimonios no franciscanos del s. XVI:

a) En la ciudad de Coria, el 20 de agosto de 1559, corre la información de que el Provisor y Vicario de la diócesis, recibe la orden de la Inquisición de Llerena de recoger ciertos libros mandados imprimir por el Sr. Obispo Don Diego Enríquez de Almanza . En esa información se hace mención de un librico de San Pedro, en donde se dice que el testigo "Jerónimo Leyva, vezino desta ciudad... e un librico de los que hizo Frey Pedro de Alcántara".

En cambio, en el Índice de Valdés, del 18 de agosto de 1559, no se hace ninguna mención al Tratado de San Pedro de Alcántara, y, sin embargo, se prohibían los libros de Fr. Luis de Granada. El motivo de la prohibición puede ser debido a la traducción al romance de amplios pasajes de la Escritura y en sus comentarios.

b) De importancia clave es el testimonio de Santa Teresa de Jesús que afirma que San Pedro de Alcántara es autor "de unos libros pequeños de oración". Primer testimonio tomado del Libro de la Vida, del año 1565, tres años después de la muerte del Santo, se completa con los de las Constituciones escritas entre 1562-1565, en las que distingue perfectamente las obras de Fr. Luis de Granada y las de San Pedro de Alcántara. También las Cuartas Moradas de 1577 reflejan su conocimiento del 8º aviso del Tratado, atribuyéndoselo a San Pedro de Alcántara. El aviso octavo del Tratado editado por Blavio en Lisboa, habla de la oración de recogimiento, y la "manera de recogimiento" en el noveno aviso del capítulo 4º de la segunda parte.

c) Lorenzo Palmireno en su obra El estudioso de la Aldea, publicada el año 1568, distingue claramente la obra de San Pedro de las de Fr. Luis, de este modo afirma en el cap. 2: "Como en las aldeas no es fácil procurarse los libros que se desean yo te indicaré algunos que tú podrás pedir prestado o también comprar si tu bolsa te lo permite". Hace alusión a una edición del Tratado en Medina del Campo en 1563 que habría que relacionar con la edición italiana publicada en Venecia en 1565, que lleva privilegio por diez años firmado por el papa Pío IV y la autorización del Senado de Venecia, firmada el 23 de octubre de 1564.

Hay también una traducción flamenca publicada en 1565 que contiene los tratados menores que se conocen desde la edición de Blavio de Colonia (a saber Breve Introducción para los que comienzan a servir a Dios y De tres cosas que debe hazer) sin más argumentos, a favor o en contra, que el de ir en la edición de Blavio a nombre de San Pedro, lo cual indica una traducción emparentada con la edición de Lisboa y probablemente, con la de Medina del Campo. Con lo cual el Tratado y su contenido, según lo edita Blavio, da fe de que era conocido como de San Pedro de Alcántara antes de la Recopilación breve, que se publicará en Salamanca con el nombre de Fr. Luis de Granada.

d) Pedro Barrantes Maldonado, hermano de San Pedro por parte de madre, en su obra Varias Noticias (1572-1578) afirma que "Fray Pedro de Alcántara...está enterrado en Arenas y compuso el libro de oración y debozión que anda impresso".

e) De los testimonios recogidos de los Procesos, destacan el de Sor Inés de la Cruz, monja bernarda del Convento de Santa Ana de Ávila, recogido para la Beatificación de San Pedro, el 8 de octubre de 1615, haciendo alusión al "libro que él había escrito". El de Sor Isabel de Santo Domingo, que se había dirigido con él y que entró en San José de Ávila el cuatro de octubre de 1563.

Y las declaraciones de cinco monjes jerónimos, entre los que destaca Fr. Alonso de Alcalá y Fr. Luis de Santa María, que aluden al libro "compuesto por el dicho santo fray Pedro de Alcántara".

2. Testimonios franciscanos:

El del P. Moles que fue el que dio a luz la polémica entre el Libro de Oración de Fray Luis de Granada y el Tratado de San Pedro. Esta vieja cuestión se ha resuelto en favor de Fr. Luis en cuanto a la prioridad ya que escribió su Libro de Oración en 1554; pero esto no anula la autoría de San Pedro aunque se haya servido de esta obra a la que da su impronta propia.

a) El P. Martín de Lilio, franciscano, publicó en Alcalá de Henares un libro intitulado Suma de Fr. Luis de Granada, en cuyo prólogo habla de los "libros de oración" de Fr. Luis de Granada, y de la "compilación" hecha por Fr. Pedro de Alcántara. A ambos los llama autores, de los que se sirve para componer el suyo: "yo viendo estos autores, y con pía afección aprovechándome de ellos, no sólo en mi propia persona... determiné dilatar un poco el menor tratado" (p.3-4). Aunque no se sabe ciertamente que quiere decir con el término "dilatar", pero, probablemente no se trate de una "reedición" del Tratado de San Pedro, pues Lilio afirma que ha tenido en las manos el libro de San Pedro, presentado el suyo como un tercer libro diferente, aunque dependiente de los dos anteriores.

b) El testimonio de Juan B. Moles, como decíamos, ha sido fuente de polémicas porque ha sido el primero que ha defendido la prioridad de San Pedro: "Escrivió un pequeño tratadito de exercicios de oración, muy manual y provechoso, el qual tratado tomó entre manos el docto y espiritual varón fray Luis de Granada, gran espejo de la Orden de Santo Domingo y lo estendió y del principio las señaladas y muy provechosas obras espirituales que con tanto espíritu y doctrina escrivió y hinchó el mundo". Pero estas afirmaciones no las justifica, por lo tanto, son conjeturas que contrastan con los estudios actuales.

c) El testimonio del P. Ángel de Badajoz, primer cronista de la Provincia Descalza de San José y primer biógrafo de San Pedro, es indirecto porque sólo menciona el Tratado a raíz de la mención que hace de Fr. Juan de Linares, que tenía el libro de San Pedro antes de entrar en la Orden, pero se desconoce la fecha de entrada. Se sabe que falleció en 1578 en el convento de Sto. Matía de Bonilla.

3. La edición del Tratado conocida como más antigua es la de Lisboa, mientras no se demuestren otras como anteriores, aunque no lleva fecha de impresión. El único ejemplar conocido se encuentra en la Biblioteca Nacional de Lisboa. Aunque se desconoce la fecha de publicación, puede servir de orientación la dedicatoria que San Pedro de Alcántara dirige a don Rodrigo de Chaves.

El Tratado pudo ser editado entre mediados de 1556 y mayo de 1558 porque el 14 de abril del 1556 fue elegido Provincial de Portugal Fr. Luis y la obra de M. de Lilio, que se basa en el Tratado, fue publicada el 6 de mayo de 1558.

Este dato se basa en la cesión del convento y huerta del Palancar, el 22 de mayo de 1557, por D. Rodrigo de Chaves como una forma de justificar el reconocimiento y agradecimiento que demuestra la carta dedicatoria del Tratado de San Pedro a D. Rodrigo. 

Pero hay que señalar que la misma carta con la cual le remite el Tratado ofrece un dato importante: "determiné favorescerme dél (Fr. Luis de Granada), poniendo en este tratado brevemente y lo más claro que yo supe, todo lo que aquel tiene necesario para la Oración, y otras cosas para algunos más aprovechados en ella, para el efecto ya dicho, y aún para los que tienen el libro de aquel Padre lo puedan mejor tomar y retener en la memoria, viendo más recopilado y breve, lo que el otro trae más a la larga". Con lo cual queda confirmada, por el mismo San Pedro, la prioridad del Libro de Oración de Fr. Luis, y con la expresión otras cosas se refiere a lo que era su aportación propia.

La obra de Fr. Luis de Granada tuvo un éxito editorial muy grande por su excepcionalidad en su concepción y exposición, de ahí la valoración que hizo San Pedro de Alcántara del Libro, pues en él se expone la doctrina de la oración y la devoción con claridad, acierto y provecho, además de la importancia que da a la afectividad.

A partir de lo visto se puede hacer una afirmación de base: San Pedro de Alcántara escribió un "tratado", aunque su primera fecha de publicación se desconoce; también es improbable una posible redacción cuando era Guardián del convento de San Onofre de la Lapa y es dudoso el hecho de su publicación inmediata. De una hipotética edición anterior a la de Lisboa, fechada más o menos entre 1556 y 1558, no se conserva ningún ejemplar. Se puede hablar de esta hipotética edición por la alusión del editor Blavio de Colonia que afirma haber recibido el tratado "con algunos vicios que había sacado de la impresión" en su prólogo.

La obra de Fr. Luis debió salir a la luz en Salamanca el año 1554, por eso se ha de hablar de una prioridad y de la diferenciación de ambos autores.

San Pedro de Alcántara, en su Tratado, toma casi a la letra, con introducciones propias, las meditaciones del Libro de Fr. Luis, ya que se inspira en el Libro y en la Segunda parte de la Guía de 1557 para los avisos y otras indicaciones. Las meditaciones sobre la pasión, o, dicho de otro modo más correcto, la meditación objetiva a partir de la lección de la Vita Christi y de los "novísimos", pena y gloria, eran una tradición arraigada entre los franciscanos, según la recomendación de San Francisco (cf. Oficio de la Pasión), y propio de la espiritualidad española desde comienzos del s. XVI, siguiendo a San Buenaventura a quien se le atribuye la obra Mediationes vita Christi, que influye en las meditaciones en forma de escenas representadas con la imaginación para mover al alma a la consideración.

En el Tratado, y a modo de impronta personal de San Pedro de Alcántara, se encuentran acentuadas tendencias que en el Libro sólo se esbozan, tales como la orientación afectiva, la aspiración al amor de Dios y a superar la meditación discursiva y uniéndola con la contemplación (aviso 8.º), es decir, llegar a la contemplación adquirida, oración de simplicidad y quietud, "estar en reposo y silencio gozando de él (afecto y sentimiento)", ausencia de palabras en las que el alma degusta la presencia de Dios. La alusión a San Francisco en el aviso 7.º, según San Buenaventura, habla de la "parada" en cuanto pausa en la que cada visita e inspiración de Dios se convierte en "fruición".

Por lo tanto, se puede concluir que San Pedro de Alcántara es el autor del Tratado, que redactó sirviéndose del Libro de Oración y del vol. II de la primitiva Guía de Pecadores, de Fr. Luis de Granada, y los otros autores que cita.

Aportación novedosa del "Tratado" respecto al "Libro" de Fr. Luis de Granada

De la primera parte del Tratado hay que destacar que el cap 1.- "Del fruto que se saca de la oración y meditación"; el cap. 2.- "De la materia de meditación" (la parte introductoria); el cap. 3.- "Del tiempo y fruto de estas meditaciones susodichas" y el cap. 4.- "De la otras meditaciones de la Sagrada Pasión..." (parte introductoria), son de redacción propiamente alcantarina.
El cap. 5.- "De seis cosas que pueden intervenir...", San Pedro lo copia de Fr. Luis, aunque con diferencias de escasa importancia.

De estas "seis cosas", el cap. 6.- "De la preparación...", es de San Pedro; los capítulos 7.- "De la lección", y el 8.- "De la meditación", son casi literales de Fr. Luis; el cap. 9.- "Del hazimiento de gracias", es nuevo aunque algo inspirado en Fr. Luis; el cap. 10.- "Del ofrecimiento", todo él es más breve que el correspondiente de Fr. Luis, y el cap. 11.- "De la petición", la redacción propia es de San Pedro y más breve que el correspondiente de Fr. Luis. La petición del amor de Dios no se encuentra en el Libro de Fr. Luis, aunque sí aparece en la primitiva Guía de pecadores, vol. II. Este segundo tomo contiene un tratado de oración y una recopilación de oraciones en los que se debió inspirar San Pedro. 
Sobre los avisos del capítulo 12 decir que los avisos que van del 1.º al 7.º son prácticamente una recopilación y síntesis de los del Libro de Fr. Luis, excepto la segunda parte del aviso 3.º que la suprime San Pedro.

El que es propiamente una novedad alcantarina es el aviso 8.º en el cual se marca el punto culminante y núcleo de toda la doctrina de la oración. En él, el santo expone la meta a que debe llegar la oración discursiva: la contemplación.

En la segunda parte, la introducción del cap. 1.- "Qué cosa sea devoción", es propia de San Pedro, pues Fr. Luis la comienza de otro modo, el resto es refundido y abreviado. El cap. 2.- "De nueve cosas..", enumera las nueve cosas que Fr. Luis desarrolla más; el cap. 3.- "De diez cosas que impiden la devoción", resume de forma somera estas diez cosas, Fr. Luis pone doce; el cap. 4.- "De las tentaciones...", San Pedro hace una síntesis personal de lo que Fr. Luis trata largamente, y el cap. 5.- "De algunos avisos", también abrevia San Pedro lo que Fr. Luis trata de forma extensa.

De todo esto se refleja que San Pedro realiza plenamente el fin que se había propuesto: recopilar el Libro de Fr. Luis y añadirle otras cosas nuevas que le dan novedad a su Tratado.

Donde se refleja la espiritualidad de San Pedro con toda su fuerza es en la parte doctrinal del Tratado, aunque aparezcan algunos temas que transcriba literalmente.

Me interesa decir al final de este punto, después de haber tratado la paternidad del Tratado y de cara a los temas que vamos a ir estudiando, que es muy importante señalar que, tanto lo que San Pedro de Alcántara escribe de su puño en el Tratado como lo que deja o asume y hace suyo de Fr. Luis, no es por casualidad. Es decir, nos encontramos en un tiempo en el que se debate un enfrentamiento entre la mística recogida y la espiritualidad tradicional, este enfrentamiento, según algunos autores, nunca fue tan ruidoso y espectacular como el que aconteció en el interior de la orden dominicana cuando Carranza, Fr. Luis de Granada y otros se mostraron partidarios de la oración afectiva, frente a la espiritualidad tradicional de la Orden basada en unas coordenadas más intelectuales, defendidas a ultranza por el dominico Juan de la Cruz y Melchor Cano, cuyos documentos, que manifiestan la oposición son: Diálogo (1555) y Censura sobre los comentarios del Catecismo de Carranza (1559), respectivamente.

Juan de la Cruz viene a decir que esta espiritualidad afectiva no se ajusta a la metafísica aristotélico-tomista del conocimiento; propone un amor psicológicamente imposible; y recomienda, de forma inconsiderada, dejar que Dios obre en el hombre.

La espiritualidad dominicana vio como una amenaza valorar la experiencia interior en teología y llevar la oración mental al pueblo, con lo cual la perfección se universaliza y deja de estar relegada a los que han hecho una opción de vida determinada. Melchor Cano censura esta llamada universal a la perfección, critica la principalidad de la contemplación, rechaza el conocimiento experiencial de Dios, y todo lo que es interioridad y contemplación quieta; tal vez más movido por el miedo al error que por amor a la búsqueda de la verdad.

Por eso podemos decir que, salvando las diferencias, hay una "sintonía espiritual" entre Fr. Luis de Granada y San Pedro de Alcántara, sintonía que le llevará a exponer la doctrina de su oración basándose en el "Libro" del dominico.

2. San Pedro de Alcántara y la espiritualidad alcantarina

Introducción

Por espiritualidad alcantarina podemos entender la espiritualidad del movimiento de franciscanos descalzos surgido en torno a la Provincia-Custodia de San José, como movimiento de reforma y que difiere de los otros franciscanos descalzos. La espiritualidad alcantarina exige un conocimiento de las fuentes alcantarinas: escritos, legislación, vida de los primeros alcantarinos... Podemos atenernos a tres fuentes:

1. Las Ordenaciones de la Provincia de San José (1561-1562). Son las primeras normas o Estatutos particulares de la Provincia, elaborados bajo la autoridad de San Pedro, siendo él Comisario general de los franciscanos reformados de España (alcantarinos). La importancia de estos textos es que en ellos reside la identidad carismática de la reforma alcantarina; lo único es que son textos excesivamente normativos que no explicitan las motivaciones teológico-espirituales de fondo.

2. Las primeras crónicas de la Provincia de San José y las biografías de San Pedro de Alcántara. 

a) La crónica del P. Ángel de Badajoz (hacia 1585) es el testimonio más fresco sobre la vida de las comunidades alcantarinas y la de San Pedro.

b) La crónica del P. Juan de Santo María (Madrid, 1615-1618). Copia mucho del P. Badajoz y dedica a San Pedro veinte capítulos. La obra nos transmite la vida concreta de las primeras comunidades desde la perspectiva del ideal de la descalcez alcantarina.

3. Los escritos de San Pedro de Alcántara.

4. Los escritos del alcantarino Fr. Juan de los Ángeles (1542-1609) que expuso de forma científica y completa la mística del recogimiento.

El "caldo de cultivo" de la espiritualidad alcantarina

1. Nos encontramos ante una de las grandes revoluciones culturales del occidente cristiano: el Renacimiento, que lo define el humanismo antropocentrista y la afirmación de la subjetividad.

2. A nivel sociopolítico, la España de Pedro y su espiritualidad viven una de las épocas de mayor esplendor, por el descubrimiento del Nuevo Mundo y la reconquista de las tierras al poder musulmán. Este deseo de conquista se traslada al plano espiritual bajo la conquista de la más alta perfección.

3. A nivel cultural hay una apertura a nuevos horizontes humanistas.

4. A nivel religioso tiene lugar la evangelización del Nuevo Mundo y la reforma de las instituciones religiosas. Toda la Iglesia siente el anhelo de reforma y de vida interior.

5. Las grandes órdenes religiosas, y particularmente la orden franciscana, conocen movimientos reformistas y de vuelta a la observancia, al tiempo que nacen nuevas órdenes para la reforma, encabezados por grandes espirituales: Teresa de Jesús, Juan de la Cruz o Ignacio de Loyola.

6. También la teología y la espiritualidad buscan nuevos caminos y modelos en donde no es fácil discernir qué es ortodoxo y qué no:

a) Se busca recrear una espiritualidad cristiana integrando el principio de la subjetividad y la afectividad cobrando gran protagonismo el discernimiento espiritual y los maestros del espíritu.

b) La experiencia espiritual gira en torno a la centralidad de la oración: los grados de oración vienen a ser los grados de la vida espiritual.

c) Frente al humanismo marcadamente antropocentrista, se resalta la ascesis y penitencia.

d) Llamada a la perfección, a la "oración mental" y la contemplación, que deja de ser algo reservado a la ciencia para abrirse a la experiencia del amor.

El ideal de la vida franciscana

Tres son los signos franciscanos que definen el ideal de vida de San Pedro y los descalzos alcantarinos:

- La observancia primitiva de la Regla

El carácter mismo de la Regla hace del radicalismo evangélico una forma de vida, al tiempo que se concede a los hermanos grandes márgenes de libertad en el discernimiento y la posibilidad de vivir la Regla con mayor perfección. Una constante franciscana es que siempre que se ha querido volver a formas más radicales se ha hecho mirando a la observancia primitiva de la Regla y la vuelta alcantarina a la observancia primitiva es un ejemplo de esto.

La observancia literal de la Regla de la reforma alcantarina se hace en clave jurídico-moral, como sistema normativo, en torno a los preceptos.

El ideal propuesto por la Regla no es sino vivir en la Iglesia el seguimiento de Cristo Siervo desde la perspectiva de la "sequela Christi", el sermón de la montaña y el evangelio de la misión.

La Regla se estructura en torno a cuatro opciones que vienen a definir la forma de vida franciscana: el "espíritu de oración y devoción" (c. 3), la pobreza-minoridad (cc. 4-6), la fraternidad (cc. 6b,7,8,10), y la misión-evangelización (cc. 9,11-12), insistiendo en que todas las demás cosas temporales han de estar al servicio del espíritu de oración y devoción (c. 5,2); en que la porción de los hermanos ha de ser la pobreza (c. 6,4-6); o buscar el amor fraterno teniendo como modelo el amor de una madre (c. 6,7-9).

Pero con la observancia literal alcantarina se renuncia a las bulas y dispensas que eximen de la observancia literal de la Regla. Así dicen las Ordenaciones de San José (1562): "Primeramente se ordena que todos los frailes de nuestra Provincia guarden la Regla de nuestro padre San Francisco, sin usar de alguna bula que relaxe la misma Regla". (Ord. de S. José, 1562, n. 1).

En esta reforma, los alcantarinos conceden gran importancia a la oración, la penitencia y la pobreza, que parecen ser los únicos temas reglamentarios de su legislación particular y los trazos significativos de su imagen de San Francisco. "Es indudable que al fondo de las reformas franciscanas y de la reforma alcantarina, en concreto, hay una visión de San Francisco, aunque en los escritos alcantarinos,... la figura de San Francisco apenas aparece mencionada, pero la insistencia de San Pedro en algunos temas, como la pobreza, comportan una determinada visión de San Francisco".

Aunque hay que tener en cuenta que en la legislación alcantarina, oración, pobreza y penitencia van relacionados: la pobreza es forma de la penitencia, como la penitencia lo es de la pobreza y ambas son camino de contemplación.

- La legislación complementaria del Testamento

El ideal franciscano (fundamentalmente en lo que respecta a pobreza, renuncia de poder..) resultó pronto de difícil realización. A la Regla se le comenzaron a añadir "glosas" y el Testamento quiso ser una llamada para evitar y prohibir esto. El Testamento, para Francisco, no tiene un valor sustitutivo a la Regla (Test 34).

El Testamento pretendía reiterar y tutelar la originalidad de su inspiración, a la vez que actualizaba el proyecto de vida a las nuevas situaciones en que se encontraba la Orden.

Con la bula Quo eloganti (1230) se suprime la obligatoriedad del Testamento y se permite introducir glosas a la Regla, con lo cual el ideal franciscano se reduce a una propuesta más a nivel teológico y de actitudes interiores que de praxis de forma de vida.

San Pedro de Alcántara y los alcantarinos quieren volver a la observancia del Testamento con lo que tiene de vinculante en lo que respecta al trabajo manual, la pobreza en la construcción de edificios y la renuncia a la propiedad de los mismos, y el rechazo a todo privilegio o dispensa. La lectura que hacen de él es jurídico-moral, pero afirmando la identidad franciscana como forma de vida.

- El retorno a la vida eremítica

En torno a 1221 Francisco escribe unas normas para los hermanos que viven en los eremitorios, conocida como "Regla para los eremitorios".

Esta regla presupone hermanos que han hecho una opción eremítico-contemplativa, avalando con ello Francisco esta forma de vida en la Fraternidad, dándole un carácter oficial por las visitas de los ministros y dándole un carácter propio estableciendo un equilibrio entre retiro contemplativo, pobreza-minoridad, fraternidad y misión-evangelización. Alternando los oficios de Marta y María entre los mismos hermanos que viven en el eremitorio; alcanzando un equilibrio entre contemplación y fraternidad (oración en común, comida en común y diálogo fraterno) entre contemplación y pobreza-minoridad y entre contemplación y trabajo como medio para conseguirse lo necesario y abrirse a la evangelización.

Pero posiblemente la descalcez alcantarina desconozca la "Regla para los eremitorios", aunque se base en esa tradición eremítica, pues no se encuentra ninguna referencia explícita, ya que el texto de esta Regla no se publicaría hasta 1623 en la edición elaborada por Waddingo.

Tanto los alcantarinos como los villacrecianos y otros descalzos, retoman el ideal eremítico de las determinaciones testamentarias de Francisco para Santa María de los Ángeles tal como lo recoge Espejo de perfección (95 y 82) y la Leyenda de Perusa (56 y 107), textos que circulaban desde mediados del s. XVI. Aunque hoy los críticos no las reconocen como testamento auténtico de San Francisco ni por la forma, ni por el contenido.

La espiritualidad del proyecto de vida

Nos detenemos ahora, de forma más extensa, en las cuatro opciones básicas que, como dijimos, definen la forma de vida franciscana.

- El espíritu de oración y devoción

Hay que señalar el primado de este punto en el proyecto de vida alcantarino. Los mismos escritos alcantarinos remiten a las palabras de Francisco en 1Re 5: "todas las demás cosas temporales le deben servir". Pero Pedro de Alcántara y su reforma no hacen una reducción intimista de la oración, sino que unen indisolublemente oración y seguimiento de Cristo; e igualmente, oración y vida en pobreza y penitencia.

En la espiritualidad alcantarina se da, pues, la afirmación de lo contemplativo, como la afirmación de la dimensión práctica de la oración que se refleja en la preocupación por los hermanos.

La vida cotidiana de los alcantarinos gira en torno a los momentos de oración litúrgica (oficio divino y eucaristía comunitaria) y la oración-meditación personal a la que se dedica tres horas, la cual está dividida en dos momentos: mañana y tarde-noche que se corresponden a las dos series de meditaciones que San Pedro propone en el Tratado; unas sobre las grandes cuestiones antropológicas de la fe, y las otras sobre la pasión y resurrección de Cristo.

San Pedro y la primera generación de alcantarinos hay que situarlos en la gran tradición de los "recogidos", cuya oración se caracteriza por la dimensión afectiva, tema principal de nuestro estudio; y que alcanza en el aviso 8.º su máxima expresión.

Para la espiritualidad alcantarina, y esto me parece importante, la unión con Dios en la oración tiene lugar siempre por vía afectiva, y puede servir de mediación tanto la oración vocal como la mental, aunque se inclinan por esta última.

Expresión de este primado de la oración en la vida de los alcantarinos es la creación de ermitas; garantizar el clima contemplativo silencioso; la ubicación de los conventos en lugares solitarios; la no exención del rezo común por razón de estudio: "No basta el exercicio de las letras y estudios a hacer que se dexe la oración, ni tienen por buenas letras las que no se ganan y conservan acompañadas del espíritu, y cuando así van aprovechan a las almas y no de otra manera", a lo que hay que añadir la reserva inicial de los alcantarinos frente a los estudios académicos.

Tema estrechamente ligado a la oración y la pobreza es el de la penitencia. Para Pedro de Alcántara y los alcantarinos la oración contemplativa comienza con lo que se llama "aniquilación", es decir, el conocimiento y la aceptación reconciliada de la propia nada y el propio pecado. Esta penitencia es lugar de discernimiento de la autenticidad de la oración. Esta penitencia también se refleja en los alcantarinos en la radicalidad de la forma de vida.

- La pobreza-minoridad

Este es otro de los grandes pilares del proyecto de vida alcantarino. Las Ordenaciones de San José de 1561 parten de esta consideración: "Por cuanto sabemos que toda la observancia de nuestra profesión consiste principalmente en la guarda de la Santa Pobreza, y hemos visto como nuestra religión, cayendo de esta, fue cayendo así mismo de la observancia de nuestra santa Regla..."(n.3)

Las normas de los alcantarinos en esta práctica fue muy detallada. A nivel de praxis, la pobreza alcantarina entraña:

a) la total desapropiación de bienes materiales y espirituales y la renuncia a toda propiedad material.

b) la renuncia al uso del dinero, tanto directamente como por intermediarios.

c) un estilo de vida pobre y próximo a los sociológicamente pobres a todos los niveles.

d) los alcantarinos ponen especial interés en la pobreza real de los edificios, auque sea una constante de las reformas anteriores.

e) con lo que respecta a la pobreza de los lugares de culto y objetos sagrados, decir que ahí hay una mayor concesión: se aceptan algunos objetos sacros de material noble.

f) la pobreza también se manifiesta en la gratuidad de sus servicios pastorales y la renuncia a los estipendios de las misas.

g) la pobreza es también comunión con los pobres y, aunque no hay nada legislado que lo avale, vitalmente ellos vivían de la "mesa del Señor" (cf. Test 22), es decir, de la limosna, cosa que hacían sólo los pobres. Algunos testimonios de Juan de Santa María dan fe de ello: "estos conventos pobres y reformados, son de más sustancia y provecho para los pobres del mundo, que las haciendas de los grandes señores... Y lo que es muy ordinario, quitarse los pobres frailes el pan de la boca para dárselo a los pobres, y lo mismo harían del vestido".

Aunque no hay legislación teológico-espiritual de la pobreza ni en las Ordenaciones, ni en el resto de los escritos de San Pedro de Alcántara, si pueden verse los rasgos teológico-espirituales de la misma a la luz de los textos del Santo y de la lectura que hacen los cronistas y teóricos del proyecto y vida de los alcantarinos.

Por eso habría que destacar en primer lugar la importancia de la dimensión ascética de desapropiación y liberación: se trata de un vaciarse para Dios y una libertad para dedicarse a los bienes superiores, como la contemplación. 

Y en segundo lugar, la pobreza como identificación afectiva y efectiva en Cristo. Tanto en la espiritualidad alcantarina como en la Regla de San Francisco, la pobreza tiene un rostro personal: es ante todo "la pobreza y humildad de nuestro Señor Jesucristo".

Y en tercer lugar se puede decir que la pobreza-minoridad tiene también como trasfondo teológico-espiritual las exigencias evangélicas del amor al hermano y el compartir.

- La fraternidad

La fraternidad no es una prioridad en el proyecto de vida alcantarino, aunque eso no signifique la ausencia de la caridad en las relaciones fraternas.

Hay como una cierta desproporción entre la importancia dada a otros elementos de la vida fraterna como el silencia y lo concedido al diálogo fraterno; lo cual queda reservado para los viejos y ocasionalmente en común.

El hecho también de que el mínimo número de hermanos en las comunidades sea de ocho ya indica una contribución mínima a la relación fraterna.

Con lo que respecta a los hermanos ancianos y enfermos, decir que los hermanos han de tener con ellos una gran solicitud, pero se les priva de voz pasiva mientras no sigan en todo las ordenaciones comunes, lo cual indica que no hay una concepción de la fraternidad del todo prioritaria, pues en la fraternidad franciscana el hermano anciano y enfermo es un sacramento y muestra de la gratuidad en las relaciones.

Conviene señalar que, respecto al tema de la clericalización, siguen las pautas generales de las CCGG pero hay una serie de datos que nos hacen ver la igualdad fundamental de los hermanos, como son: la hora de trabajo manual, designarse todos entre sí como hermanos, el rechazo de títulos. Destacar juntamente que los alcantarinos, al igual que los descalzos, no excluían del gobierno a los hermanos no sacerdotes y tanto unos como otros tenían derecho y deber de pasar tiempos de retiro en ermitas.
No hay que olvidar el fuerte impacto del testimonio de vida pobre de los alcantarinos como algo interpelador, su modo eminentemente fraterno de presencia entre las gentes conforme a lo que prescribe la Regla franciscana (2R 3,10-14).

- La misión-evangelización

Si algo caracteriza la teología y la espiritualidad de la mitad del siglo XVI es la unión entre experiencia espiritual y vida, entre la experiencia mística y la entrega al prójimo. Dice San Pedro en el Tratado: " el que quisiere ver qué tanto ha aprovechado a este camino de Dios, mire cuanto cresce cada día en humildad interior y exterior; cómo sufre las injurias de los otros; cómo sabe dar passada a las flaquezas ajenas; cómo acude a las necesidades de sus prójimos".

La prioridad de la oración hace de la reforma alcantarina una reforma semi contemplativa lo cual no resta compromiso alguno con el otro. El P. Santa María viene a decir que no está la cosa en tener más raptos y arrobamientos, no se trata de inclinarse a lo espectacular, sino tener como ejemplo a los que padecen trabajos o ayudan al prójimo. 

En los alcantarinos, su propia forma de vida es ya su principal servicio evangelizador, aunque esto no signifique excluir las acciones concretas evangelizadoras. De modo que las iglesias de los conventos se construían en función del servicio al pueblo; pedir limosna daba pie al anuncio evangélico; la gratuidad en los servicios pastorales llevaba consigo la transparencia del mensaje, la libertad del evangelizador.
En la conjunción vida de retiro y evangelización, los alcantarinos son fieles a la tradición original franciscana del eremitorio en el que los hermanos pasaban tiempos prolongados de contemplación pero no parece que fuera de forma definitiva, aunque tuvieran una vocación más o menos permanente a la vida contemplativa. Parece ser que el sentido del "estar" stare en eremitorios de la "Regla para los eremitorios" de San Francisco responde más bien a "hacer un alto", "pararse", y ésta es la misma experiencia de Francisco.

Rasgos más destacados del magisterio de San Pedro de Alcántara

Contando con los signos principales que definen la vida franciscana de San Pedro y los alcantarinos, y con las líneas teológico-espirituales de su tiempo que hemos visto, nos acercamos a los ejes teórico-prácticos de su espiritualidad.

- El primado de la relación con Dios

La oración es el tema dominante y la gran prioridad. San Pedro, antes que un teórico de la contemplación es un hombre de experiencia que, por la oración continua, la vigilancia interior y el amor llega a la "altísima contemplación".

Fiel a la tradición franciscana y haciéndose eco de una de las grandes afirmaciones del humanismo naciente, como es la subjetividad, San Pedro afirma la relación con Dios destacando su dimensión afectiva de encuentro gratuito, amoroso, contemplativo y obediente con Dios, y que será objeto de nuestro estudio.

Será su experiencia profunda de lo cristiano la que mantenga su magisterio lejos de todo intimismo religioso y de todo quietismo, uniendo estrechamente experiencia espiritual y praxis. Muestra de ello son los avisos de la segunda parte del Tratado en donde pone en guardia frente a toda reducción de la experiencia espiritual a la oración, y recordando que ésta es tan determinante como insuficiente.

- El radicalismo evangélico como la forma del seguimiento de Cristo

Experiencia de San Pedro es que nada madura más que la incondicionalidad del amor, y esta incondicionalidad se va a manifestar en el radicalismo evangélico, eje de su experiencia espiritual.
El radicalismo evangélico lo traduce en un protagonismo de la pobreza y humildad en todos los aspectos, como hemos visto anteriormente. Aspectos que adquieren su sentido o lectura positiva contemplados a la luz de Dios como "suficiencia" y "todo bien", y de la identificación con la pobreza y humildad de Cristo.

San Pedro hace de la pobreza no sólo el fundamento de la Orden, sino también el fundamento de la espiritualidad, recordando que no hay seguimiento de Cristo sin una opción por las exigencias límite del Evangelio: no hay seguimiento de Cristo sin incondicionalidad y radicalidad.

- La ascesis como transformación del corazón en el espíritu del Reino

La ascesis y las penitencias adquieren un notable protagonismo en la vida espiritual como elementos que pretenden asegurar la prontitud del espíritu para el encuentro con Dios y para el bien obrar.
Parece que, en ocasiones, San Pedro hace cierta absolutización de la ascesis y la penitencia, pero no hace nunca de ellas valores en sí mismos, sino que nacen de la voluntad de identificación afectiva y efectiva con Cristo-Siervo. La clave de discernimiento de que esa ascesis y penitencia no le llevan a creerse autojustificado o a formársele un carácter agrio o duro es su trato amoroso con los hermanos. El sano amor es clave de discernimiento.

Hemos visto con estos dos aspectos de este capítulo introductorio, unos elementos esenciales. El de la autoría, porque ha sido el tema estudiado por excelencia y merecía decir una palabra sobre el estado actual de la cuestión y porque era importante señalar que San Pedro escribió el Tratado, aún reconociendo honestamente la fuente de la que bebió. Y no menos importante era situar la espiritualidad alcantarina en general: su participación de la mística del siglo XVI, su raigambre franciscana y su particularidad.

Seguidamente vamos a ver que la oración afectiva es una oración "hecha" desde el corazón en la tradición franciscana; cada momento o persona marcó sus matices, pero se puede contemplar esta constante a lo largo de este recorrido.