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FUNDAMENTACIÓN DE LA MINORIDAD Vista la experiencia propia de san Francisco, pasamos ahora a tratar los fundamentos de la minoridad que aparecen en sus Escritos. Distribuimos el material en dos apartados. En el primero trato los fundamentos bíblicos que Francisco explicita a través de dos puntos: uno cristológico y otro en que recogemos las citas explícitas de la Escritura que hace en relación con la minoridad. En el segundo apartado se especifican los fundamentos teológico y espirituales en cuatro puntos, el primero sobre la imagen de Cristo, el segundo sobre al imagen de Dios, el tercero sobre la imagen del hombre y el cuarto sobre el amor como fundamento de la minoridad. El capítulo acaba con el resumen del mismo. 4.1. Fundamentación bíblica de la minoridad.Exponemos a continuación las citas de la Sagrada Escritura que Francisco utiliza en referencia a la minoridad. No son los únicos textos bíblicos que resuenan en Francisco, como ya veremos en el apartado de la fundamentación Teológico-Espiritual, pero sí los textos o expresiones explícitas que él utiliza. En el conjunto de los Escritos de san Francisco apreciamos que, a la cabeza de las citas bíblicas, se encuentran las procedentes del libro de los Salmos (si bien el resto del Antiguo Testamento apenas aparece), y es normal, pues compuso el "Oficio de la Pasión", casi exclusivamente con pasajes de los Salmos. Después de los Salmos siguen las citas de los Evangelios de Mateo y de Lucas, mientras que el de Marcos se queda atrás. Esto es un indicio de que Francisco adquirió el conocimiento de la Escritura con la liturgia de la misa y con el rezo del breviario, en los cuales el Evangelio de Marcos aparecía muy escasamente. También cita el Evangelio de Juan, al que prestó gran atención. Las cartas de san Pablo no aparecen demasiado, a excepción de la Carta a los Romanos y la Primera a los Corintios. Por el contrario, la Carta de Santiago, la Primera de Pedro y la Primera de Juan, a pesar de su brevedad, son citadas y conocidas suficientemente por Francisco. También conoce y cita con cierta asiduidad el libro del Apocalipsis. Los textos de la Escritura estaban tomados de la Vulgata, si bien no había una única edición de ésta ni de los libros litúrgicos. 4.1.1. Cristológica.Los textos bíblicos que marcan los dos ejes cristológicos en referencia a la minoridad son los que tratan sobre el hecho de la Encarnación y la Pasión-Muerte de Cristo. 4.1.1.1. Encarnación. En la Segunda carta a los Fieles, Francisco concentra todo el misterio
de la Encarnación: En este párrafo resuenan textos bíblicos que debieron estar muy presentes en la vida de Francisco, y en su comprensión de la minoridad. Los textos que podemos constatar son: En primer lugar, la expresión Verbo del Padre Francisco la toma del prólogo del Evangelio de san Juan (Jn 1, 14): "Y el Verbo se hizo carne y puso su Morada entre nosotros". Francisco añade al término bíblico Verbo el complemento del Padre, expresando de esta manera la procedencia del Verbo y la estrecha relación con el Padre. Pero el Padre no sólo está en estrecha relación con el Hijo sino que
también es quien se adelanta en la iniciativa de la Encarnación. Para
expresar esto, Francisco utiliza el capítulo primero del evangelio de
san Lucas (Lc 1, 26-27): "Al sexto mes envió Dios el ángel Gabriel a una
ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre
llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María".
Francisco recoge el lenguaje de la cita bíblica y lo modifica para incorporarlo
a su carta. Así, donde el texto bíblico dice Dios, como sujeto de la acción,
Francisco explicita que se trata del Padre del cielo. En la mirada trinitaria
de Francisco, éste quiere expresar que la Encarnación es obra de la Trinidad,
pero cada una de las divinas personas tiene su propia actuación. Otra
variación que hace Francisco en la utilización del texto se da respecto
a la persona de la Virgen María, a la que acompaña con los calificativos
de santa y gloriosa, que muestran la estima que María tenía para él. Pero en la visión de Francisco la carne del Verbo es la de nuestra humanidad y fragilidad. Es decir, el que es digno, santo y glorioso por ser Dios, asume la carne de nuestra humanidad y fragilidad. Es este el núcleo del misterio de la Encarnación para Francisco en lo que se refiere a la minoridad. Aunque Francisco no cite el texto de la kénosis de Cristo de Filipenses 2, el tema expresado por san Pablo y el que Francisco expresa aquí es el mismo: Cristo, "siendo de condición divina ..., se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo semejante a los hombres" (Flp 2), y en boca de Francisco: "Este Verbo del Padre, tan digno, tan santo y glorioso... en el seno de la santa y gloriosa Virgen María... recibió la verdadera carne de nuestra humildad y fragilidad". La realidad teológica de la Encarnación, como opción de minoridad, se hace historia en el nacimiento del Hijo de Dios:"Porque se nos ha dado un niño santísimo amado, y nació por nosotros (Is 9,5) fuera de casa y fue colocado en un pesebre, porque no había sitio en la posada (cf. Lc 2,7)". El texto está tomado del Oficio de la Pasión compuesto por Francisco a partir de los Salmos. En concreto este salmo lo rezaba en el tiempo de Navidad. Este versículo está compuesto por dos citas: una de Isaías y otra del Evangelio de Lucas. La de Isaías dice así: "Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado" (Is 9, 5). Francisco añade al texto la aclaración de que ese niño santísimo nació por nosotros. Francisco subraya la donación del Hijo de Dios, que ya aparece en el texto bíblico, y quiere destacar la voluntad salvífica de Dios y la opción de éste por ofrecerse. Él contempla el nacimiento desde la opción de Dios por donarse a los hombres. Pero Francisco contempla no sólo la donación, sino el modo de realizarla desde la pobreza y compartiendo la suerte de los excluidos, y para ello trae a colación la cita del Evangelio de Lucas: "y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada"(Lc 2, 7). Francisco contempla a Cristo pobre en el pesebre, y sin una morada en la que nacer, fuera de casa. Francisco lee la Encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios en clave de minoridad. Pero, para nuestro santo, la asunción de la condición de menor en Jesucristo no acaba con la Encarnación y su realidad histórica, sino que su propia vida es una opción de abajamiento y minoridad como a continuación expresa Francisco: "Y, siendo él sobremanera rico, quiso, junto con la bienaventurada Virgen, su Madre, escoger la pobreza". Francisco recoge el contraste "riqueza-pobreza" de Cristo de 2 Co 8, 9: "Pues conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza". Con esta expresión, amplía la minoridad de Jesucristo, y la de su Madre, a toda su vida. Francisco lee la vida Jesucristo y de María a la luz de la Escritura en clave de opción por el abajamiento, el servicio y la minoridad. Se trata de una cristología descendente en la que Francisco descubre la razón del ser menor y siervo de todos. 4.1.1.2. Pasión-Muerte. El segundo eje cristológico que aparece en los Escritos en referencia a la minoridad es la Pasión y Muerte del Señor. En la misma Carta a todos los Fieles, y a continuación de la Encarnación,
Francisco nos dice: Vemos en este texto cómo Francisco va desgranando los momentos más importantes de la Pasión a través de cortas citas de la Escritura. En primer lugar recuerda el momento de la celebración de la Cena Pascual, con la institución de la Eucaristía. Para ello, utiliza los textos del Evangelio de Mateo (Mt 26, 26-27). Continúa con la oración en el Monte de los Olivos, empleando el texto del evangelio de Lucas, que expresa de forma más plástica la angustia de Jesús: "Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra" (Lc 22, 44). Seguidamente, coloca el desarrollo del desenlace de la Pasión como la acción del Hijo que realiza la voluntad salvífica del Padre. Para ello, Francisco continúa con citas del Evangelio de Mateo. El desarrollo de la Pasión se realiza a través de fórmulas que expresan un lenguaje confesante con el que resume la acción salvífica de Jesús: el Padre nos entregó a su Hijo para que se ofreciese a sí mismo como sacrificio y hostia, por medio de su propia sangre, en el altar de la cruz por nuestros pecados. Son todo palabras y fórmulas que expresan una contemplación del misterio de la Pasión y Muerte de Cristo por parte de Francisco. Pero en la comprensión de Francisco el Hijo de la Pasión es el bendito y glorioso Hijo del Padre, éste es el que se entrega, el que se abaja para morir por nosotros. De nuevo aparece la kénosis del Hijo de Dios, el bendito y glorioso se ofrece como sacrificio por nuestros pecados. Francisco contempla en la Pasión, al igual que en la Encarnación, el radical anonadamiento del que es por naturaleza el Señor por quien todo fue hecho y cuyo proyecto de vida no es para sí mismo sino para entregarla por todos. Pero en Francisco, éste no es un hecho para la "devoción" sin más, sino que en él la contemplación lleva a la acción: dejándonos ejemplo para que sigamos sus huellas. Francisco contempla la Pasión como el autor de la Primera Epístola de
san Pedro, de donde saca la frase que indica el seguimiento del abajamiento
de Cristo. En esta epístola encontramos, al hablar de la actitud paciente
de los esclavos maltratados: "Pues para esto habéis sido llamados, ya
que también Cristo sufrió por vosotros, dejándoos un modelo para que sigáis
sus huellas" (1P 2, 21). Francisco utiliza esta frase para fundamentar
el hecho del abajamiento de cada uno, de la minoridad y del servicio.
No hay seguimiento de Cristo sin abajarse como Cristo en beneficio o al
servicio de los demás.
Ya indicamos en el capítulo dedicado a la terminología el uso que Francisco hace de las expresiones que indican sumisión o servicio, utilizando la figura de los pies. Sin duda él contempló la imagen de Cristo lavando los pies a los discípulos en la Última Cena: "Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?. Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros" (Jn 13, 12-14). Francisco utiliza este texto para recordar las relaciones que deben reinar entre los hermanos y que se traducen en el servicio humilde según el recuerdo de Cristo contemplado en este texto. Francisco contempla a Cristo despojado y último no sólo en los textos evangélicos, sino también en la oración litúrgica nacida de los salmos. Así, en el Oficio de la Pasión compone dos salmos, que pone en la boca de Jesús, y cuya expresión es este despojo y abajamiento:
Francisco contempla a Jesucristo despreciado y pisoteado, solo ante todos sus enemigos. Es el momento de mayor abajamiento, y por ello pone en su boca las palabras del salmo 21, 7: "Yo soy gusano y no hombre, vergüenza de los hombres y desprecio de la plebe". Francisco contempla, medita y ora con esta imagen de Cristo que, despreciado, suplica el auxilio del Padre. Francisco resume la vida de Cristo entregado por nosotros en la imagen del Buen Pastor:
En Francisco resuena el texto del Evangelio de Juan: "Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas [...]. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mi, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas" (Jn 10, 11.14-15). Francisco contempla agradecido a Cristo que opta por dar su vida por las ovejas. Pero no sólo habla de forma agradecida, sino también de forma "admirada", de ahí la cantidad de adjetivos con los que acompaña al sujeto de la acción, Jesucristo. 4.1.2. Recomendaciones explícitas de Jesús.Francisco, ante la Escritura, muestra una simplicidad infantil y una profunda reverencia, unida a una clara convicción de que es inútil el conocimiento de la Biblia si no se pasa a la acción. Para él la interpretación existencial de la Sagrada Escritura tiene la primacía. La exégesis que él y sus hermanos hacen de la Escritura es adentrarse en el camino de la praxis. Trato, pues, aquí de citas que corresponden a recomendaciones que recoge san Francisco de la Escritura. 4.1.2.1. Citas expresas en relación a la minoridad y al servicio. El mayor sea como el menorLa cita bíblica que nos da la clave del sentido de la minoridad en san Francisco es sin dudad el Evangelio de Lucas 22, 26, y que Francisco cita en la Carta a Todos los Fieles y en la Primera Regla:
Francisco, para exponer cómo debe ser el ejercicio de la autoridad, recoge la cita del Evangelio de Lucas: "Entre vosotros, el más importante ha de ser como el menor, y el que manda como el que sirve". Con ella expresa lo más genuino del cuidado de los hermanos dentro de la fraternidad. Este cuidado, a quien ha sido encomendada la obediencia, se separa del modelo sociológico para centrarse en el modelo evangélico enseñado por Jesucristo, es decir, el servicio entre iguales:
En este texto de la Primera Regla, Francisco cita el texto del Evangelio de Lucas acompañándolo de Mateo 20, 25-26: "Sabéis que los jefes de las naciones las gobiernan tiránicamente y que los magnates las oprimen. No ha de ser así entre vosotros. El que quiera ser importante entre vosotros, sea vuestro servidor". El modelo de la autoridad en Jesús está presidido por el cuidado del hermano y el servicio a éste. Por ello, en la fraternidad de hermanos iguales, quien quiera hacerse mayor debe hacerse como el menor. Francisco aplica este texto a su visión de la autoridad, y por ello incide siempre de una manera u otra en recordarlo a los hermanos que tienen la responsabilidad de cuidar a los otros. El Pobre de Asís quiere que su fraternidad se rija según el modelo vivido y anunciado por Jesús y aprendido en el Evangelio. No vine a ser servido sino a servirComo ya hemos visto en el punto anterior, Francisco basa su concepción de la autoridad dentro de la Fraternidad por él fundada en el modelo de Cristo Siervo. Otra cita escriturística que utiliza para hacerlo aparece en la Primera Regla y en la Admonición 4:
Los que han sido constituidos sobre otros, gloríense de tal prelacía tanto como si estuviesen encargados del oficio de lavar los pies a los hermanos". La cita la recoge del Evangelio de san Mateo: "...El que quiera ser importante entre vosotros, sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero, sea vuestro esclavo. De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por todos"(Mt 20, 26-28). La cita de Mateo es paralela a la cita de Lucas, mencionada en el punto anterior y, como aquella, el contexto es la discusión sobre los lugares de preeminencia entre los discípulos de Jesús. Éste les enseña que en la comunidad por él fundada la preeminencia se muestra en el servicio, que es la actitud por él practicada. Francisco comprende esto y aplica la cita a la cuestión de la autoridad. En la fraternidad por él fundada los oficios que pueden implicar superioridad deben realizarse según el modelo enseñado por Jesús, y éste es el del servicio. No sólo aplica la cita expresa de Mt 20, 28, sino que, además, la carga de fuerza al recordar que el hermano constituido sobre los otros debe realizar su función como si tuviese el oficio de lavar los pies. Lo que resuena en este subrayado de Francisco es el episodio del lavatorio de los pies del Evangelio de san Juan (Jn 13). Con ello Francisco deja claro que el modelo del hermano menor es Cristo, y Éste como Siervo. Todos vosotros sois hermanosUn signo de la minoridad es la fraternidad, la consideración del otro como hermano y de Dios como Padre de todos. También esta característica la aprende Francisco de las palabras de Jesús:
Francisco recoge las palabras de Jesús en el Evangelio de Mateo: "Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Ni llaméis a nadie padre vuestro en la tierra; porque uno sólo es vuestro Padre: el del cielo. Ni os dejéis llamar preceptores, porque uno sólo es vuestro preceptor: el Mesías" (Mt 23, 8-10). Francisco quiere que en la fraternidad, por él fundada se viva con los sentimientos y las enseñanzas de Cristo. Quiere que la relación interpersonal, lejos de institucionalizarse y jerarquizarse, esté impregnada de la experiencia del que descubre que Dios es Padre de todos. Francisco quiere que el único modelo de relación, la única "política" interna sea el Evangelio y las palabras de Cristo, no los modelos sociológicos y jerárquicos reinantes. Vende lo que tienes y dáselo a los pobresLa minoridad en Francisco está estrechamente unida a la pobreza:
La entrada a la fraternidad franciscana exige del aspirante la pobreza real. Para Francisco esta pobreza tiene su fuente en las palabras del Señor al joven rico: "Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en los cielos; luego sígueme". También Francisco sitúa la cita en un contexto de seguimiento para los que quieren iniciar este estilo de vida. Francisco contempla a Cristo pobre que invita a desprenderse de los bienes en favor de los más pobres. En el mismo sentido utiliza Francisco la cita, si bien le añade una excepción al reparto, la imposibilidad de realizarlo, en cuyo caso es suficiente la buena voluntad y basta con abandonarlos. 4.1.2.2. Actitud personal cristiana. Citas bíblicas que utiliza Francisco para expresar la actitud personal con la que vivir como menores. Humillaos para ser enaltecidos por DiosFrancisco recoge en la Carta a toda la Orden una cita de la Escritura en relación a la humildad:
Francisco contempla la humildad de Dios en la Eucaristía, sacando como conclusión que también los hermanos deben humillarse. Para ello utiliza una cita que puede estar sacada, o bien de la Primera Epístola de san Pedro: "Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios para que, llegada la ocasión, os ensalce" (1P 5,6); o bien de la Epístola de Santiago: "Humillaos ante el Señor y él os ensalzará" (St 4,10). Las dos citas destacan que la única manera de ser ensalzados por Dios es reconociéndonos humildes ante él. Francisco aplica la cita a los hermanos sacerdotes. A estos les invita a descubrir la humildad de Dios y por ello les invita a que su ministerio esté impregnado de la misma actitud. Negarse a sí mismosSi en el apartado anterior Francisco incidía en la humildad de los hermanos sacerdotes, ahora se dirige a todos los religiosos para recordarles que:
Francisco utiliza la cita del Evangelio de Mateo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24). Francisco toma esta cita del contexto del seguimiento de Cristo en donde aparece en el Evangelio. Para él, el seguimiento no se puede realizar sin negación, y ésta entendida como servicio (servidumbre) y obediencia a lo prometido. 4.1.2.3. Actitud relacional cristiana. Reúno aquí las citas escriturísticas que fundamentan actitudes relacionales de minoridad. Amar al prójimoFrancisco recoge el mandamiento del amor en una serie de exhortaciones en la Carta a los Fieles:
El mandamiento del amor lo conoce Francisco del Evangelio de Mateo: "El segundo [mandamiento] es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mt 22,39). Para Jesús, la Ley descansa en el amor a Dios y al hombre, y esto es lo que viene a indicar aquí. Francisco también coloca el amor a Dios y al hermano en el centro de las relaciones fraternas. Todo lo demás será consecuencia de estos dos ejes. No son los sanos los que necesitan de médicosFrancisco, en la Carta a un Ministro le dice:
Francisco fundamenta la compasión a un hermano que ha pecado con la cita de Mt 9,12: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos". La verdadera actitud del hermano menor para con el pecador es la compasión, pues ésta es la manera de ayudar al hermano. El hermano menor se sabe enfermo, y sabe que el Señor es el único médico. Por ello, no puede abochornar o criticar a otro hermano, porque todos somos enfermos. Una actitud del menor ante el débil, en este caso, el pecador, es la compasión. De lo contrario, el hermano se situaría por encima del pecador, haciéndose mayor respecto al otro, y, por consiguiente, dejaría de ser menor. Tratar a los demás como quisierais ser tratados Entre las relaciones fraternas hay una norma que podría ser considerada
como la regla de oro: Resuenan en este texto dos citas de la Escritura. La primera del Evangelio de Mateo: "Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos" (Mt 7,12). La otra del libro de Tobías: "No hagas a nadie lo que no quieres que te hagan" (Tb 4,15). El mensaje de las citas es el mismo, con lo que se podría haber utilizado una sola, pero Francisco quiere subrayarlo y por ello utiliza las dos, pues una expresa el mensaje en positivo y la otra en negativo. Lo que Francisco señala es que, en la relación con el otro, debe primar siempre el bien del otro, y la mejor manera de asegurarlo es teniendo la capacidad de colocarse en el lugar del otro y preguntarse cómo quisiera ser tratado. Amar a los enemigos, hacer el bien a los que nos odianDe nuevo es en la Carta a Todos los Fieles, y dirigiéndose a los religiosos, donde Francisco nos dice:
Francisco utiliza en esta exhortación el mandato de Jesús: "...amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen" (Mt 5,44), o más probablemente: "...amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian" (Lc 6,27). El hermano menor, y todo cristiano, sabe que su vida puede generar conflicto, creando enemigos y personas que les odien. Es lo mismo que le pasó a Jesucristo. Para Francisco, sólo hay una actitud posible frente a este tipo de reacciones, la misma actitud de Jesús: el amor. El seguidor de Jesús está llamado a vivir con los mismos sentimientos de su Señor. Por ello frente al enemigo y al adversario no cabe la violencia ni el odio, sino sólo el amor. En la relación adversa, el hermano menor debe hacer patente su minoridad con el amor y el bien a quien nos hace mal. No devolver mal por malOtra actitud del hermano menor que Francisco fundamenta en la Sagrada Escritura la expresa en la Paráfrasis que compone sobre el Padrenuestro:
Utiliza en este texto la cita de 1Ts 5, 15: "Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal, antes bien, procurad siempre el bien mutuo y el de todos". A parte de la fundamentación espiritual que en esta oración encontramos, Francisco se sirve de la cita para concretar cómo se puede amar a los enemigos: no devolviendo con la misma moneda con la que nos hayan podido dañar. Sigue el ejemplo de Cristo, y la enseñanza de las primeras comunidades cristianas, al pedir devolver bien por mal. El hermano menor procura desterrar de sí mismo el odio, y amando a Dios y al prójimo, no devuelve a nadie mal por mal. 4.2. Fundamentación Teológico-Espiritual.En el apartado anterior trataba las citas bíblicas, más o menos expresas, que aparecen en los Escritos de san Francisco como fundamento de la minoridad. En este punto trato los aspectos teológicos y espirituales de los que él habla y que están en la base de la minoridad. 4.2.1. Imagen de Cristo.4.2.1.1. Vida de Cristo y María. Opción de Cristo y de María por la pobrezaYa hemos visto en la fundamentación bíblica cómo Francisco contempla el abajamiento de Cristo en la Encarnación y en la Pasión. También allí hemos esbozado que este abajamiento va más allá de esos dos momentos; y es que Francisco contempla la vida de Cristo, y también la de María, en actitud constante de abajamiento. Por ello leemos:
Francisco contempla la vida de Jesucristo y de su Madre como una constante opción de minoridad de ser pequeños y pobres. Francisco contempla en Cristo, por una parte, la grandeza de ser quien es, Dios, y por ello digno, santo y glorioso; y por otra parte, la humillación por la que opta. Francisco ofrece una visión cristológica unitaria y global en la cual la exaltación y la humillación de Jesucristo están perfectamente armonizadas. También a María la contempla como la santísima Madre, la santa y gloriosa
Virgen María o la bienaventurada Virgen, su Madre para después decir que,
junto con su Hijo, quiso escoger la pobreza.
En la mirada de Francisco, Jesucristo ha querido ser verdaderamente pobre, ha querido vivir pobremente junto a María como huésped y de limosna. Y no sólo Jesús y María, sino también los discípulos de éste quisieron vivir pobres como el Maestro:
Por ello, los hermanos no deben avergonzarse de pedir limosna, pues lo hacen imitando al Hijo de Dios vivo omnipotente, que también lo hizo, y no porque estuviese obligado a ello, sino, al contrario, lo hizo por nosotros, abajándose y mostrándonos una vida en pobreza y humildad:
Vivir como menores es vivir con las mismas opciones con las que vivieron Jesús, María y los discípulos. Entre estas opciones, Francisco contempla la pobreza, la humildad y la limosna. Para Francisco, los primeros menores son Cristo y su Madre. Para él, quien desee vivir el Evangelio tendrá que ocupar el mismo puesto por el que optaron Jesús y María. Kénosis de CristoEn la fundamentación bíblica ya hablamos de la Encarnación y de la Pasión como los dos momentos cumbres en los que Francisco descubre el abajamiento o kénosis de Cristo. Son dos momentos de la vida del Señor que Francisco considera esenciales en su vivencia espiritual:
La obra redentora es vista por Francisco como manifestación del santo amor del Padre, es él quien envía al Hijo, el cual se hace último por nosotros. La ultimidad de Jesús se manifiesta de forma plástica y clara en su cruz, y sangre, y muerte. Francisco no se cansa de contemplar la muerte de Cristo, y lo hace no sólo desde el hecho en sí, como elemento dinamizador de piedad, sino desde el sentido salvífico que aquella tiene.
La pasión de la cruz es opción de Cristo por salvar las ovejas, y Francisco se siente alcanzado por esa salvación que entiende, como ya se ha dicho, en clave de amor:
La vida entregada de Cristo, que Francisco resume en tres verbos: dijo, hizo y padeció, es la manifestación del amor callado y entregado del Señor. La minoridad -la kénosis- de Cristo, es consecuencia de su amor. Jesucristo hermano, humilde, pacífico, dulce, amablePero en la visión de Francisco, la minoridad de Cristo, intrínsecamente unida a su exaltación, no acabó con la Resurrección. Francisco sigue contemplando a Cristo con rasgos de menor. Así, en la Carta a todos los Fieles, cuando describe las relaciones de la persona con la Trinidad, en relación con Jesucristo, Francisco nos dice que "somos hermanos cuando cumplimos la voluntad del Padre" y Cristo es nuestro hijo "cuando lo llevamos en el corazón y en nuestro cuerpo por el amor y por una conciencia pura y sincera; lo damos a luz por las obras santas, que deben ser luz para ejemplo de otros". Seguidamente exclama:
Francisco contempla a Cristo como el Señor y el santo, pero a la vez como hermano e hijo a quien le atribuye el ser humilde, pacífico, dulce y amable. Ve a Jesucristo en la actualidad, es decir en su señorío, con las actitudes del siervo, del menor. Para Francisco no hay una ruptura entre las actitudes de Jesús en su vida terrena y en la Gloria. Jesucristo, que es Dios y Señor, sigue mostrándose a los ojos de Francisco como menor. Por ello, los seguidores de Cristo lo serán de verdad si viven con las actitudes de menores. 4.2.1.2. Seguimiento de Cristo y de su Evangelio. Seguir las huellas del HijoLa minoridad es consecuencia del seguimiento de Cristo:
La vida de Cristo, que es manifestación de la voluntad del Padre, es ejemplo a seguir por Francisco y los hermanos. La minoridad que Francisco contempla en la entrega, sacrificio y donación del Hijo de Dios al hombre es el motor del seguimiento en Francisco. Seguir a Cristo es hacerse pequeño por el otro, y entregar la vida en servicio a los demás. La vida y regla es el EvangelioPero la vida de Jesucristo se concreta en su doctrina y sus huellas:
El contenido de la vida en minoridad lo encuentra Francisco en el Evangelio. Él propone vivirlo de una forma especial en obediencia, en castidad y sin nada propio, para lo cual, invita a entregar los bienes a los pobres. Francisco encuentra a Jesucristo en el Evangelio y es en su lectura y en su meditación donde descubre su proyecto de vida. Francisco no propone como modelo de vida el expresado en Hechos 2, 42-47, conocido como la comunidad de Jerusalén, sino el mostrado y leído en el Evangelio:
Francisco entiende que este estilo de vida debe ser vivido dentro de la comunidad cristiana:
Francisco quiere vivir en la Iglesia de su tiempo, enzarzada en conflictos contra los herejes y promotora de una nueva cruzada, el santo Evangelio en pobreza y humildad. Para él, la fidelidad al Evangelio no puede desligarse de la institución eclesial, y a la vez debe enriquecerla y recordarle lo más genuino de su identidad, es decir, el Evangelio de Jesucristo. 4.2.1.3. Kénosis en la Eucaristía. La mirada del abajamiento de Cristo no sólo se da en su vida terrena, sino que el abajamiento de Cristo se sigue dando cada día en la Eucaristía:
Francisco realiza un paralelismo entre la Encarnación y la Eucaristía, y en ambas descubre el abajamiento del Hijo de Dios. Francisco remarca la verdadera presencia de Cristo al afirmar que quien viene a nosotros es Él mismo. Éste es el que por naturaleza está en el trono real y en el seno del Padre, es decir, afirma la divinidad del Hijo para así subrayar más su descenso, su humillación.Para Francisco, la Eucaristía es un misterio desconcertante y admirable, pues resume toda la kénosis del Hijo:
Por ello exclama en alabanza y admiración ante el abajamiento que descubre en la Eucaristía. No tiene otra forma de expresarlo que uniendo palabras o expresiones, de sí contrarias, para expresar que en la Eucaristía se da a su vez la manifestación de Dios a través de dos realidades contrarias: absoluta omnipotencia unida a absoluta debilidad. El que es sublime, Señor del mundo universo, Dios e Hijo de Dios (parece que le faltan expresiones para mostrar la transcendencia de Dios), se humilla, se esconde en una pequeña forma de pan (resalta la debilidad del pan). Es este el misterio que Francisco contempla en la Eucaristía, la absoluta minoridad por la que Dios opta. Pero para Francisco este descubrimiento y contemplación no es algo extático o solamente para la piedad y la adoración. En él no hay elemento que descubra en Cristo que no deba ser puesto en práctica, y por ello, después de la admiración suscitada en él, vuelve su mirada a los hermanos para sacar la praxis del misterio de la Eucaristía: al igual que se abaja Dios, también nosotros nos debemos abajar. La devoción, la oración, el amor a Dios sólo se demuestra viviendo la actitud de menor que de tantas formas muestra la visión de Cristo en Francisco. 4.2.2. Imagen de Dios.Analizo algunos de los rasgos que tiene la imagen de Dios para Francisco, sobre todo los que tienen una relevancia con el tema que nos ocupa. 4.2.2.1. Dios como Mayor. Las alabanzas, la gloria y el honor y toda bendición al Altísimo correspondenPara Francisco, Dios es el Trascendente ante quien el hombre no es digno:
Francisco entiende a Dios como el Altísimo, el omnipotente y el buen Señor. Es el único digno de alabanzas, gloria, honor y bendición. Toda la grandeza es de Dios, y ante él el hombre no es nadie, ni siquiera digno de hacer de ti mención. La diferencia entre Dios y el hombre es tal que éste último no es quien para nombrarle. Para Francisco, la Transcendencia de Dios es absoluta, total y por ello el hombre ante él es miserable:
Francisco utiliza un lenguaje respecto al hombre que puede herir nuestra sensibilidad actual. Pero hay que decir que Francisco no tiene una antropología negativa, incapaz de descubrir nada positivo en el hombre. Lo que ocurre es que Francisco desea poner a Dios en un lugar preeminente, por encima de todo, y para ello carga las tintas sobre lo que el hombre es ante Dios. 4.2.2.2. Dios como Menor. Ya dije, respecto a la visión de Cristo en Francisco, cómo para éste se da una unión intrínseca entre la exaltación y el abajamiento de Cristo. Lo mismo se puede decir en la visión de Dios: en él se da la fuente de la trascendencia, como acabamos de ver, pero a la vez descubre en él aspectos importantes que integran la minoridad. Dios es humilde, paciente, manso, bueno, piadoso, suave, dulce...En la visión de Francisco nos encontramos que Dios está adornado con una serie de características que coinciden con las del hermano menor:
La oración la realiza a Dios trino y uno, es decir, se dirige a Dios Trinidad. A él le atribuye no el tener humildad, paciencia o mansedumbre, rasgos característicamente minoríticos, sino el ser esos rasgos que después Francisco vivirá dentro de su forma de seguimiento. En el Dios Altísimo descubre Francisco también su cercanía, su Inmanencia. Los rasgos de esta cercanía son el comportamiento que Francisco descubre en la relación de Dios con el hombre:
El Creador, Redentor y Salvador que deleita y agrada a Francisco es, a la vez, el Todopoderoso y el bien, bueno, piadoso, manso, suave, dulce, benigno, inocente y puro. Parece que Dios es la plenitud, no sólo de la omnipotencia, sino también de la minoridad. Francisco descubre que Dios se relaciona con él, y con todo hombre, no desde la soberbia, el poder y el avasallamiento, sino desde la minoridad, la sencillez y la humildad. Si todo hombre es imagen de Dios, parece que el hermano menor es la imagen que Francisco ve y experimenta en el Dios revelado en Jesucristo. La minoridad no es una cuestión de ascesis y de esfuerzo, ni de méritos para el más allá. La minoridad es devolverle a Dios aquello que él nos ha dado a raudales, esa parece ser la realidad que Francisco quiere vivir. La sencillez, la humildad y la obediencia proceden de DiosEn la visión de Francisco las virtudes, como hemos visto anteriormente, proceden de Dios, que las infunde en el hombre por su Espíritu. Francisco escribe un Saludo a éstas llamándolas señoras, debido a su procedencia. Estas virtudes las presenta por binomios:
Francisco empareja la sabiduría con la sencillez. Para él la santa sencillez protege a su hermana la reina sabiduría, desenmascarando la falsa sabiduría o sabiduría según la carne. La sabiduría auténtica, la que procede de Dios es sencilla, sin sutilezas, desenmascara los disimulos y excluye la vanidad o la vanagloria. Para Francisco, este correctivo que se aplica a la sabiduría, y que la discierne de la falsa sabiduría, es la santa humildad. Ésta también procede de Dios, y cuando el hombre la recibe lo hace sabio según Dios. La otra pareja la forman la pobreza con la humildad. Francisco no contrapone pobreza a riqueza, sino a orgullo o soberbia, por ello la une con la humildad. Francisco entiende la pobreza no sólo con la falta de medios, que podría llevar a sentirse orgulloso de sí mismo por la austeridad conseguida, sino con la radical desposesión del hombre frente a Dios y a sus hermanos. Para Francisco, es verdaderamente pobre el que tiene conciencia de no tener nada propio que ofrecer, y si algo tiene es porque lo ha recibido de Dios. Por ello, no puede vanagloriarse de nada, y de esa manera es a la vez pobre y humilde. La tercera pareja que Francisco enlaza son la caridad y la obediencia. Con esta vinculación Francisco expresa que la verdadera obediencia brota del amor, y el verdadero amor es obediente. La caridad sin la obediencia o ésta sin aquella no son verdaderas virtudes. Estos tres pares de virtudes: sabiduría-sencillez, pobreza-humildad, caridad-obediencia, pueden considerarse como las virtudes que conforman al hermano menor, que le aportan las condiciones sin las cuales no se puede desarrollar la verdadera minoridad. Pero estas virtudes no se consiguen por méritos o a fuerza de puños, sino que vienen y proceden de Dios. El verdadero hermano menor deberá abrirse a ellas y recibirlas agradecidamente, sabiendo traducirlas en obras concretas de servicio y minoridad. Obras que no le pertenecen a él sino a Dios, fuente de toda virtud en Francisco de Asís. 4.2.3. La vida según el Espíritu. Hemos dicho que las virtudes que configuran al hermano menor proceden según san Francisco de Dios, y es que, para él, la vida en humildad y paciencia -la vida en minoridad-, es obra del espíritu del Señor:
Para Francisco la religión se puede vivir de dos maneras: una desde el espíritu de la carne y otra desde el espíritu del Señor. La religión vivida desde el espíritu de la carne se esfuerza por las palabras, por la apariencia, por el prestigio y la vanagloria. Es una religión exterior y busca agradar a los hombres. En cambio, la religión vivida desde el espíritu del Señor rechaza el egoísmo y ser el centro de atención, en cambio se esfuerza por tener más obras que palabras, y por vivir en humildad, paciencia y sencillez, que es la verdadera paz del espíritu. La vida en minoridad es obra del Espíritu al que los hermanos se abren y al que se aplican sobre todas las cosas:
Los frutos del Espíritu son el corazón puro, la humildad, la paciencia en la adversidad y el amor a todos, especialmente a los enemigos. 4.2.4. Imagen del hombre ante Dios.Francisco entiende al hombre como un ser totalmente débil y pecador, y a la vez como imagen de Dios y llamado por éste. 4.2.4.1. El hombre como siervo. El servicio humilde a DiosYa vimos en el capítulo dedicado a la terminología cómo Francisco concibe al hombre como siervo de Dios. En su visión del hombre, éste pertenece al mundo de las criaturas, y comparte con ellas la alabanza y el servicio humilde a Dios, como aparece al final del Cántico de las Criaturas:
Francisco imagina a toda la Creación, incluido el hombre, como criatura más importante, alabando y bendiciendo al Señor. Esta alabanza se traduce en la acción de gracias y en el servicio humilde. Para Francisco, Dios es el Altísimo, Omnipotente y buen Señor, de quien todo procede, y ante quien el hombre no puede ser más que siervo. La realidad del hombre como siervo ante Dios es, para Francisco, una realidad existencial de la que aquel puede o no ser consciente. Los que aceptan conscientemente esa realidad de servicio a Dios no pueden más que acoger la primacía de Dios en sus vidas:
El señorío de Dios, para Francisco, conlleva la servidumbre y la santa obediencia según lo que cada uno prometió al Señor. Francisco emplaza al hombre a poner su vida al servicio de Dios. Este servicio, cuyo centro es Dios, lleva al hombre a servir a su hermano:
El servicio a Dios y la obediencia a éste se verifica y plasma en el servicio y la obediencia gozosa al hermano. El servicio a Dios y al hermano se concreta en el anuncio de la PalabraEn el servicio a Dios y al hermano, Francisco se siente llamado a servir y suministrar las odoríferas palabras de mi Señor:
Francisco, a pesar de sentirse indigno, se sabe llamado a anunciar a todos los hombres el mensaje de Cristo. Es un mensaje que considera odorífero, perfumado, es decir, agradable al hombre. Para Francisco, el mayor servicio que se puede prestar al hombre es anunciar que Dios tiene una palabra para éste, y que es una palabra de salvación. Sumisión a los hombres y a los animalesEl hombre realmente consciente de su realidad más profunda se sabrá siervo y en manos de Dios, por ello es capaz de someterse a éste y realizar su voluntad:
Hasta tal punto el hombre es siervo de Dios y sometido a éste que es capaz también de someterse a sus hermanos, a todos los que hay en el mundo, e incluso a las bestias y fieras. Francisco no entiende el servicio del hombre como servilismo o como anulación de la propia voluntad. Para él, el hombre es imagen y semejanza de Dios, y por ello su mayor realización es cumplir la voluntad de Dios. Francisco entiende el servicio como algo positivo, humanizador y bueno para el hombre. Para él la vida se gana sirviendo a Dios y a los demás, incluso sirviendo a la creación, que Francisco contempla conducida por Dios. De ahí la sumisión incluso a las bestias y fieras. Para Francisco, el hombre sólo tiene dos opciones: ser siervo de Dios o del pecado, la opción liberadora es la primera, la segunda es esclavizadora. 4.2.4.2. Pequeñez ante Dios. Ante Dios el hombre es pequeño y último, pero a la vez es obra de Dios y presencia de éste. De nada puede gloriarse el hombre ante DiosPara Francisco, el hombre no tiene nada que pueda presentar ante Dios como mérito:
En primer lugar, Francisco reconoce la grandeza del hombre por su creación a imagen del Hijo en el cuerpo y a su semejanza en el espíritu. Francisco pide al hombre que reconozca esta magnifica obra hecha por Dios en él. Y es que Francisco reconoce la verdad creacional del hombre y descubre en ella rasgos de Dios. Pero al mismo tiempo Francisco avisa del peligro de vanagloriarse. Si el hombre es imagen y semejanza de Dios, si es capaz de lo más sublime y maravilloso no es por sus méritos, sino porque lo ha recibido de Dios. Francisco no niega la grandeza del hombre, la reconoce y la alaba, pero esa grandeza no le pertenece al hombre sino a Dios, pues todo bien que en hombre hay procede de aquel:
En la visión de Francisco el hermano menor es cauce de Dios, por ello, no puede enaltecerse de lo bueno, porque le es dado. Lo que sí le cabe hacer al hombre es devolver a Dios esos bienes recibidos:
Dios hace bien en el hombre y el hombre puede restituir a Dios ese bien. La manera de restituirlo es con las obras. Si esos bienes son de Dios y están en todos los hombres, en la visión de Francisco no caben los celos o la envidia, pues los bienes del hermano son acción de Dios como lo son los bienes personales:
Francisco descubre la bondad de Dios en el hombre, pero a la vez descubre la debilidad de éste, es en eso en lo que el menor puede gloriarse:
El hermano menor se sabe débil ante Dios y, a la vez, descubre en sí su presencia inmerecida. El hombre es lo que es ante DiosEl hombre menor sabe que su verdad se mide ante Dios:
Esa verdad ante Dios es siempre la misma: "pequeñez-nulidad, amado-salvado", sea este ensalzado o vilipendiado por los demás. 4.2.4.3. Grandeza del hombre. El ser humano está en relación con la TrinidadAunque el hermano menor sea pequeño y despreciable, a su vez está llamado a la plenitud y a gozar de la presencia de Dios:
Francisco contempla a Dios omnipotente siendo misericordioso con el hombre, quien no deja de ser miserable ante él. Este hombre miserable y pequeño puede abrirse a la acción de Dios realizando la voluntad del Padre gracias a la iluminación del Espíritu y al seguimiento del Hijo para alcanzar de esa manera, por la gracia, el gozo de unirse al Dios Trinidad. En la visión de Francisco, la bajeza y pequeñez del hombre está salvada y llamada a la misma gloria de Dios. Lo más bajo está llamado a gozar de lo más alto. El menor está invitado a vivir con el mayor. Es la expresión mística de la minoridad en Francisco aceptada por amor y que culmina con el amor de Dios. Pero la vida menor, el seguimiento del Evangelio no sólo alcanza a Dios en el más allá, sino que en la vida concreta Dios ya va transformando la vida:
Quien acepta ser pequeño y siervo, pobre y humilde por Dios y por los hermanos está "habitado" por el Espíritu del Señor, que le hace hijo del Padre, pues realiza sus obras; esposos de Jesucristo por la unión con el Espíritu Santo, hermanos suyos por realizar la voluntad del Padre, y madres suyas por llevarlo en el corazón y darlo a luz por las obras. El verdadero hermano menor es "pariente cercano" de la misma Trinidad, se siente inundado por ella y no puede vivir ya para sí, sino para los demás. 4.2.4.4. El fundamento de la minoridad es el amor. El amor a Dios y al hermanoEl deseo que mueve a Francisco en su vida es el amor a Dios y al hermano:
Todo él aparece volcado al amor a Dios por encima de todo. Pero este amor no tiene sólo una vertiente vertical, sino que se realiza y se expresa en el amor al hermano, para que, también éste, pueda gozar del amor de Dios. Francisco experimenta que es precisamente ese amor el que hace del prójimo hermano:
El amor de Dios hace del hermano alguien a quien se le ama con amor de madre. El amor del hermano menor se expresa mejor en el símil del amor maternal, entregado y al servicio de los hijos. De la misma manera se entrega el amor al hermano. Amar en la adversidadEl amor entregado se pone a los pies del otro, siempre dispuesto a acogerlo y a perdonarlo:
La manifestación de Dios se da en ese amor capaz de perdonar al otro sin llevar cuentas del pasado. Quien descubre el amor de Dios y a Dios, descubre al hermano débil, necesitado y pecador:
Lo descubre y lo acoge amorosamente. La minoridad se convierte en amor
al más pequeño precisamente en aquello en que es pequeño. La misericordia
y la compasión son los medios con que el hermano menor se acerca a los
más menores o necesitados. Y lo hace desde el amor de Dios por los pequeños.
No hay barrera que no derribe la compasión, la misericordia y el amor.
Es la manera de hacer llegar el Evangelio a todos y de provocar el encuentro
del hermano con el Dios de la vida y del perdón.
4.3. Resumen. Francisco fundamenta la minoridad en dos pilares básicos: la Escritura
y la Teología-Espiritualidad. Francisco recoge también una serie de citas que son recomendaciones explícitas de Jesús. Entre estas citas aparecen aquellas que hacen referencia explícita a ser menor como son Lucas 22, 26 y Mateo 20, 25-26. También aparecen las citas que se refieren al servicio (Mt 20, 28), a la fraternidad igualitaria (Mt 23, 8-10) o al reparto de los bienes con los pobres (Mt 19, 12), a fin de hacer el bien a los "menores" y hacerse menor entre ellos. Otro grupo de citas expresan actitudes personales de minoridad como son la humildad o la negación de sí mismo. Junto a estas hay una serie de textos que indican actitudes relacionales como son el amor al prójimo, la necesidad de médico para los enfermos, el trato a los demás como el querido para sí mismo, el amor a los enemigos o el devolver bien por mal. En el aspecto teológico y espiritual nos encontramos en primer lugar con todo lo referente a la imagen de Cristo, junto a María, que Francisco contempla. Esta imagen abarca la opción por la pobreza, la kénosis y la permanencia de los rasgos minoríticos de Cristo en la gloria. Francisco vive la minoridad de Cristo a través del seguimiento a éste y de la vivencia del Evangelio. Y es que Francisco continúa contemplando a Cristo en continuo abajamiento en la Eucaristía. En segundo lugar, se da en Francisco la imagen de Dios en la que se une la trascendencia de éste con su inmanencia. Dios, en Francisco, parece tener la plenitud de la gloria y a la vez la plenitud de la minoridad: Dios es el más grande y el más humilde. La opción por la minoridad parte de Dios y es acogida por el hombre gracias al Espíritu Santo. En tercer lugar, aparece la imagen del hombre ante Dios. Aquel se presenta como siervo de éste y de sus semejantes. Para Francisco el mayor servicio que el hombre puede realizar es el anuncio de la Palabra de Dios al hombre. Es el resultado de la conciencia del hombre sumiso a Dios y a su obra creadora. Todo ello lleva a Francisco a ver al hombre como un ser que no es nadie
ante Dios, de quien todo lo recibe y ante quien descubre su realidad de
absoluta minoridad. Pero a la vez, este mismo hombre, cuando se abre a
la acción del Espíritu, recibe el don de la gracia y la amistad y familiaridad
con Dios.
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