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LA TERMINOLOGÍA DE LA MINORIDAD EN LOS ESCRITOS DE SAN FRANCISCO Una vez comprobada la importancia que la Orden da a la categoría de la minoridad, pasamos ahora al estudio de la misma tomando como fuente los Escritos mismos de san Francisco. En este capítulo examinamos los términos que él utiliza en sus Escritos respecto a la minoridad, para concretar qué se quiere decir con este término. Lo desarrollamos a través de dos apartados. En el primero estudiamos el nombre de Hermanos Menores dado por Francisco a su Orden y el adjetivo comparativo-calificativo de menor. En el segundo apartado analizamos otros términos con los que Francisco expresa la relación de minoridad. Este apartado se subdivide en tres puntos en los que tratamos los términos que expresan la minoridad del ser humano en relación con Dios, la minoridad interpersonal y la minoridad personal. El capítulo acaba con un resumen del mismo en el que concreto qué es la minoridad según la terminología estudiada. 2.1. El término Hermanos Menores y el adjetivo menor.Francisco no emplea nunca el sustantivo abstracto minoridad. En cambio, utiliza seis veces el adjetivo latino minor (menor) como calificativo de frater (hermano), es decir, hermano menor o su plural, y cuatro veces lo utiliza como comparativo. Trato, pues, en primer lugar del nombre propio que Francisco quiso dar a la Orden, y en segundo lugar del adjetivo menor. Hermanos MenoresFrancisco comienza la Segunda Regla designando a la Orden con este término:"La regla y vida de los hermanos menores es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad". Pero no sólo en la Segunda Regla, sino también en la Primera Regla aparece ya el término Hermanos Menores en dos ocasiones para designar el nombre de los miembros de la Orden: "Y a cuantos quieren servir al Señor Dios en el seno de la santa Iglesia católica y apostólica [...], a todas las naciones y a todos los hombres de cualquier lugar de la tierra que son y serán, humildemente les rogamos y suplicamos todos nosotros, hermanos menores, siervos inútiles (Lc 17,10), que todos perseveremos en la verdadera fe y penitencia, porque de otro modo nadie se puede salvar". El título Hermanos Menores es el único título que tienen los hermanos como propio y común a todos, sin distinción de función o cargo. Por ello, Francisco quiere que todos los hermanos, sin excepción, se llamen de esta manera: "Y nadie sea llamado prior, mas todos sin excepción llámense hermanos menores. Y lávense los pies el uno al otro (cf. Jn 13,14)". Es un término que iguala a todos los hermanos en la nueva fraternidad fundada por Francisco, evitando que existan diferencias incluso en la denominación de los hermanos. Fuera de las Reglas, Francisco también utiliza el término Hermanos Menores para designar a los hermanos. Así, en la carta que envía a toda la Orden, y después de saludar a todos los hermanos, saluda al ministro general como "ministro general de la Religión de los Hermanos Menores: "... al hermano A., su señor, ministro general de la Religión de los hermanos menores, y a todos los demás ministros generales que le sucederán...". En su correspondencia con los hermanos no es la única vez que aparece el término. También lo utiliza en las dos cartas de tema eucarístico que dirige a los custodios: "A todos los custodios de los hermanos menores a quienes llegue esta carta, el hermano Francisco, vuestro siervo y pequeñuelo en el Señor...". En la expresión hermanos menores Francisco une el sustantivo hermano con el adjetivo menor. El sustantivo hermano apunta a la aceptación de Dios como Padre de todos, y de ahí a la aceptación del otro como hermano. Es una nueva relación con el otro que atestigua que el discípulo de Cristo ha renacido a una vida nueva en comunión con éste, y cuya consecuencia es la relación fraterna con todos. Este testimonio se traduce en la fraternidad franciscana como una oferta al mundo de la paternidad universal de Dios y de la fraternidad universal de las personas. El adjetivo menor lo trato a continuación. MenorLa nota característica de la nueva Orden viene expresada por el adjetivo menor, que puede aparecer calificando al sustantivo hermano y como adjetivo comparativo. Francisco utiliza el adjetivo menor, siendo éste el término que da lugar al sustantivo abstracto minoridad. Por ello, debemos analizar éste adjetivo para conocer qué se quiere decir con la categoría que de él deriva. El término menor expresa no sólo el nombre de la Fraternidad Franciscana, tal como Francisco quiso que se llamase, sino, sobre todo, la posición en la que cada hermano se sitúa ante los demás. De hecho, el propio Francisco se presenta ante los demás como el menor, y lo hace no como un título sino como una actitud. La posición que expresa el adjetivo comparativo menor es de ultimidad: en un grupo, el que se considera menor se sitúa por debajo del resto. Por ello Francisco empareja el calificativo menor con el sustantivo siervo: "Yo, el hermano Francisco, vuestro menor siervo, os ruego y suplico, en la caridad que es Dios (cf. Jn 4,16) y con el deseo de besaros los pies, que os sintáis obligados a acoger, poner por obra y guardar con humildad y amor estas palabras y las demás de nuestro Señor Jesucristo". Es una actitud que Francisco entiende como nota característica de todos los hermanos. Es la manera de vivir la vocación cristiana a la que están llamados. Por ello es la actitud que debe identificarlos. Es en la actitud concreta en donde Francisco descubre el nombre de los hermanos: "Los hermanos, dondequiera que se encuentren sirviendo o trabajando en casa de otros, no sean mayordomos ni cancilleres ni estén al frente en las casas en que sirven, ni acepten ningún oficio que engendre escándalo o cause perjuicio a su alma (cf. Mc 8,36), sino sean menores y estén sujetos a todos los que se hallan en la misma casa". El nombre de menores, es una expresión de la actitud evangélica con la que los hermanos deben seguir a Jesús. Este hecho, que hunde sus raíces en el Evangelio, no quita que el ambiente del tiempo de Francisco orientara y sensibilizara a éste y a sus hermanos hacia determinadas formas con las que expresar la opción radical por el Evangelio. De hecho, el término menor tiene una raíz cultural que pertenece a un contexto más amplio que el puramente evangélico, e incluso que la propia situación socio-política de Asís, por lo cual, las acepciones de uno u otro contexto no agotan el significado del término. Respecto a las connotaciones sociológicas, este término aparece en los documentos italianos contemporáneos a Francisco para definir a una clase de ciudadanos que se encontraban bajo la influencia de los llamados mayores, a los que estaban ligados por lazos económicos y jurídicos. Sin embargo, ambos adjetivos se encuentran frecuentemente en los documentos de las ciudades de Italia en los siglos XI-XIII, con una acepción meramente genérica y variada, con la intención de valorar y clasificar jerárquicamente a las personas según su riqueza, poder, competencia, prestigio, influencia, función pública y modo de vida. No designan clases sociales jurídicamente definidas, sino grupos de personas que se distinguían por los criterios mencionados y que se aplicaban incluso a los individuos de una misma clase. También se empleaba para designar genéricamente a colectivos sociales que se caracterizaban por su pobreza y sometimiento a otros, llegando a ser sinónimo de pobres y súbditos, términos que también utiliza Francisco para referirse a él y a los hermanos. El uso que hace Francisco del término menores se debe relacionar con este significado genérico y corriente de la palabra que denota inferioridad en las diferentes áreas de la vida (tener, poder y saber) y dependencia o sometimiento. Por esto, el considerarse menores entre sí implica que los hermanos deben someterse y depender mutuamente los unos de los otros. El sentido generalizado de menor, en cuanto a su significación de "estar por debajo", predispuso a que Francisco pudiera captar la connotación evangélica del término. Esta actitud menor, tan fundamental como compleja, representa el núcleo del Evangelio. Francisco también utiliza el término menor para designar la realidad consciente de la persona que reconoce la obra de Dios en él: "Así puede conocerse si el siervo de Dios tiene el espíritu del Señor: si, cuando el Señor obra por medio de él algo bueno, no por ello se enaltece su carne, pues siempre es opuesta a todo lo bueno, sino, más bien, se considera a sus ojos más vil y se estima menor que todos los hombres". 2.2. Otros términos con los que Francisco expresa la minoridad.En este segundo apartado estudio otro tipo de términos con los que Francisco expresa de modos diferentes la categoría de minoridad. 2.2.1. Términos que indican minoridad en relación con Dios.Incluyo en este punto los términos que indican la relación del hombre, como menor, ante Dios. Criatura indigna e inútilFrancisco, en la despedida de la Carta a toda la Orden, antes de la oración final, realiza una última súplica a los hermanos para que pongan en práctica el contenido de la misma. Como portal a esta súplica se presenta como "portavoz" del Señor Jesucristo. En esa misión, de la que es consciente, Francisco se reconoce criatura indigna e inútil:"Yo, el hermano Francisco, hombre inútil y criatura indigna del Señor Dios, por el Señor Jesucristo digo al hermano H., ministro de toda nuestra Religión...". Con esta expresión indica dos cosas. En primer lugar, el concepto hombre viene reforzado con el sustantivo criatura. Con ello Francisco coloca al hombre en una relación de dependencia con su Creador. Francisco destaca, de esta manera, que Dios es el único Creador y Señor del hombre, el cual es su criatura y por ello depende radicalmente de aquel. Dios es el Creador de todo lo existente, quien no sólo ha dado la gran dignidad al hombre al crearlo, sino que también lo redime y lo salva. El hombre en todo es deudor del Altísimo, "puro don, bien, fuente de todo bien y sólo bueno, de quien el hombre recibe todo gratuitamente". En segundo lugar, el sustantivo criatura viene calificado por el adjetivo indigna. Con ello, se indica que esa dependencia del Creador es a la vez "no merecida". Se da una inferioridad entre la criatura y el Creador. No se trata de una inferioridad moral, sino existencial. De ahí que el término criatura indigna vaya acompañado, del precedente hombre inútil, que viene a apoyar la idea de indignidad. En definitiva, la idea que Francisco expresa con estos términos es que el hombre no merece ser participe de la vida de Dios, y si lo es, es por puro don de Dios, por eso el hombre se encuentra en una indignidad radical ante su Creador, que a su vez le da una dignidad radical. Siervo de DiosLa centralidad de Dios en la historia del hombre, lleva a Francisco a concebir a éste no sólo como criatura de Dios, y por ello dependiente de él, sino también como siervo de éste. Por ello, la real vocación de todo hombre es el servicio a Dios, la confesión de su señorío universal. Esta relación viene expresada con el término siervo de Dios:"Y en esto quiero conocer que amas al Señor y me amas a mí, siervo tuyo y suyo: si procedes así: que no haya en el mundo hermano que, por mucho que hubiese pecado, se aleje jamás de ti después de haber contemplado tus ojos sin haber obtenido tu misericordia, si es que la busca. Y, si no busca misericordia, pregúntale tú si la quiere". También al término siervo de Dios, Francisco le aplica el comparativo menor, para situarse respecto al otro, en el último lugar: "A todos los custodios de los hermanos menores a quienes llegue esta carta, el hermano Francisco, el menor de los siervos de Dios: salud y santa paz en el Señor". Francisco también utiliza el término siervo de Dios como equivalente de ser humano:"Así puede conocerse si el siervo de Dios tiene el espíritu del Señor: si, cuando el Señor obra por medio de él algo bueno, no por ello se enaltece su carne, pues siempre es opuesta a todo lo bueno, sino, más bien, se considera a sus ojos más vil y se estima menor que todos los hombres". Puede ser que éste tenga o no el "espíritu del Señor", pero esto no es óbice para que su realidad más profunda sea el ser siervo de Dios . El giro siervo de Dios, al menos desde el siglo IX designaba frecuentemente a los monjes, aunque no exclusivamente. También designaba a todos los cristianos o al menos a los más comprometidos que recibían el nombre de religiosos. En Francisco es significativo que la expresión sólo aparezca 6 veces en las Admoniciones, mientras el título más genérico de siervo lo hace 17 veces (como expondré en su momento). Esto indica que la fuente inspiracional de Francisco acerca de estos vocablos se debe buscar, no tanto en la tradición monástica, como en la Sagrada Escritura y en la liturgia. La sinonimia entre siervos y religiosos no es el único sentido del término en Francisco, pues en sus Escritos, como ya se ha dicho, también es sinónimo de hombre. En concreto, el término siervo en sentido teológico parece que se inspira tanto en las fuentes bíblicas, Jesucristo Siervo y el siervo de las parábolas del Reino, como en su sentido social del que recibe las características de dependencia, obediencia, inferioridad y servicio. 2.2.2. Términos que indican minoridad en relación con los otros.Si en el punto anterior tratábamos de los términos que revelaban la minoridad respecto a Dios, ahora trato de los términos que revelan la minoridad con los semejantes. 2.2.2.1. Términos de contraste. Recojo en este punto las expresiones que resaltan la minoridad a través del contraste entre dos términos. El mayor hágase como el menorEl primer contraste que recojo es el provocado por los términos mayor y menor: "... todo el que quiera hacerse mayor entre ellos, sea su ministro y siervo, y el que es mayor entre ellos, hágase como el menor (cf. Lc 22, 26)" Indica la realidad de un grupo humano establecido en el que es necesario que exista alguien que desempeñe el cuidado de los hermanos. Quien realiza esta tarea será tenido como mayor entre los hermanos. Pero esa mayoría no se trata de un honor, ni de una primacía sobre los otros, sino de un ministerio y un servicio al resto de los hermanos. Por ello, aunque sea mayor, su actitud ante los hermanos debe ser hacerse como el menor. En definitiva, Francisco coloca dos términos a simple vista antagónicos, mayor y menor, en un mismo plano de equivalencia a través del adverbio comparativo como. Por lo que el mayor sólo lo es siendo menor. La idea de minoridad viene acentuada y completada con los términos ministro y siervo. Tan humilde entre sus súbditos, como entre sus señoresEl segundo contraste que recojo afecta a la actitud de humildad, que debe ser la misma ante los súbditos que ante los señores: "Dichoso el siervo que es hallado tan humilde entre sus súbditos como lo sería si se encontrase entre sus señores". De nuevo el contexto es la autoridad. Aquí, el término sobre el que recae la acción es el adjetivo humilde al que se le acompaña de los adverbios comparativos de modo tan...como. El contraste se da entre súbditos y señores. Francisco analiza la actitud de humildad que debe tener quien ejerce la autoridad, y ésta debe ser la misma, tanto si se encuentra entre los súbditos como si se encuentra entre los señores. El que cuida de sus hermanos debe ser tan humilde, menor, respecto de ellos como si fueran sus señores. Tanto el primer caso como el segundo apuntan al peligro que tiene la autoridad de romper el equilibrio evangélico de la minoridad. Aprovecharse de la situación y rodear de "dignidad" el puesto que uno tiene o el cargo que desempeña es una tentación. De ahí que Francisco presente estos contrastes como aviso a lo que puede ocurrir, pues existe una verdadera predisposición a pervertir los cargos y puestos de responsabilidad. Para que esto no sea así, Francisco subraya la idea de que la autoridad entre los hermanos debe ser ante todo servicio, ministerio y verdadero ejemplo de minoridad. De lo contrario la vocación evangélica a la que los hermanos están llamados se desvirtuaría. Engrandecido, enaltecido < vil, simple y despreciableAquí se refiere a cualquier individuo y el contexto es el reconocimiento por parte de los otros. El contraste se da entre engrandecido-enaltecido y vil-simple-despreciable: "Dichoso el siervo que no se tiene por mejor cuando es engrandecido y enaltecido por los hombres que cuando es tenido por vil, simple y despreciable, porque cuanto es el hombre ante Dios, tanto es y no más". Siempre hay que considerarse a sí mismo, en relación con los otros,
del mismo modo como se vive la relación con Dios: "el siervo es vil, simple
y despreciable, aunque sea enaltecido por los otros". 2.2.2.2. Términos que indican servicio. La terminología usada por Francisco en sus Escritos revela que la figura del siervo tiene un lugar importante en su pensamiento. De hecho, se constata que utiliza cincuenta y siete veces el término servus (siervo), contando también su diminutivo servulus. Este término se encuentra entre los dieciséis sustantivos más empleados por san Francisco. La importancia del sustantivo siervo viene apoyada por la presencia de otros términos de la misma familia semántica como servitutis (servidumbre), su femenino ancilla (sierva), y el verbo servir en su forma latina, servio, e italiana, servire. También se encuentran el sustantivo servitium (servicio), y los verbos deservio y famulor, ambos traducidos como servir. SiervoTrato aquí del término siervo en relación con los otros, por ello, excluyo en este punto la utilización que hace de este término en referencia a Dios y su equivalencia de "ser humano", que ya he tratado en el punto correspondiente. De las nueve cartas enviadas por Francisco, en seis de ellas se identifica como siervo, y en una de ellas, en 2CtaF, lo hace al principio y al final: "A todos los cristianos, religiosos, clérigos y laicos, hombres y mujeres; a cuantos habitan en el mundo entero, el hermano Francisco, su siervo y súbdito: mis respetos con reverencia, paz verdadera del cielo y caridad sincera en el Señor. Puesto que soy siervo de todos, a todos estoy obligado a servir y a suministrar las odoríferas palabras de mi Señor". "Yo, el hermano Francisco, vuestro menor siervo, os ruego y suplico..." De esta insistencia que hace Francisco del término siervo podemos deducir que éste es uno de los que mejor expresan la relación de minoridad. La minoridad es servicio al hermano. Supone colocarse ante el otro en actitud de servicio. Esta actitud es consecuencia del servicio del hombre a Dios. Por ello Francisco se declara siervo de todo hombre en el Señor. La actitud de servicio es la que debe prevalecer y reinar entre los hermanos menores, tanto entre ellos como de ellos respecto a los demás: "Nunca debemos desear estar sobre otros, sino, más bien, debemos ser siervos y estar sujetos a toda humana criatura por Dios (1P 2,13)". El verdadero servicio a Dios se plasma con el servicio a los semejantes. El deseo de toda persona alcanzada por el Evangelio de Jesucristo no es el poder, el saber, el tener, en definitiva, el estar sobre los otros, sino el servir a los otros. Especial importancia tiene el servicio en el que ha de cuidar de los hermanos, a quien ha sido encomendada la obediencia, y del que trataremos en el punto siguiente. Pero Francisco y los hermanos no se contentan con ser siervos, sino que, dentro del grupo de los siervos, quieren presentarse como los más bajos de éstos. Por ello, Francisco aparece como pequeñuelo siervo y, junto a los hermanos, siervos inútiles: "Y a cuantos quieren servir al Señor Dios en el seno de la santa Iglesia católica y apostólica [...], a todas las naciones y a todos los hombres de cualquier lugar de la tierra que son y serán, humildemente les rogamos y suplicamos todos nosotros, hermanos menores, siervos inútiles (Lc 17,10), que todos perseveremos en la verdadera fe y penitencia, porque de otro modo nadie se puede salvar". Son expresiones que designan una posición de bajeza, de sumisión y sujeción frente al resto. Francisco y los hermanos se dirigen a todos, pero lo hacen desde abajo, desde la posición más menor que cabe, de manera que todos se puedan sentir aludidos, pero no agredidos. MinistroSi todos los hermanos son siervos, aquellos que ejercen la autoridad y son "tenidos por mayores", lo son de manera especial: "Y recuerden los ministros y siervos que dice el Señor: No vine a ser servido, sino a servir (Mt 20, 28), y que les ha sido confiado el cuidado de las almas de los hermanos...". Francisco no quiere designar a los encargados del cuidado de las almas
de los hermanos con títulos que indiquen superioridad, sino que lo hace
con el sustantivo ministro, al que suele juntar siervo. De las ochenta
y cuatro veces que utiliza el sustantivo minister (ministro) en quince
le añade servus (siervo). En la época de Francisco se utilizaba el término, entre otros usos, para designar a los artesanos y sus aprendices. También se empleaba en algunas comunidades religiosas, especialmente en las provenientes de los movimientos religiosos de la Alta Edad Media, para designar un oficio. Tal es el caso de la Regla de los Trinitarios (1198) en la que se designa a los superiores de las casas con este término. Francisco también utiliza el término ministro, pero no como formalismo como indica el añadido siervo, con el que se distancia del uso hecho por otros grupos religiosos. Esta amplificación semántica denota que los hermanos responsables de la fraternidad no son sólo servidores de los otros hermanos, sino también sus siervos: "Y los ministros acójanlos [a los hermanos que no pueden guardar la Regla] caritativa y benignamente, y tengan para con ellos una familiaridad tan grande, que puedan los hermanos hablar y comportarse con los ministros como los señores con sus siervos; pues así debe ser, que los ministros sean siervos de todos los hermanos". Las ideas de inferioridad, servicio y subordinación que conlleva el término ministro se intensifican con el término siervo, que implica además dependencia, obediencia y servicio conforme a la voluntad de los señores. En la concepción de la autoridad, para Francisco, no cabe una sacralización del poder, ni una situación de preeminencia de aquel que la ejerce. Sólo cabe el servicio a los hermanos, según el modelo a seguir por todos, es decir, Jesucristo. ServirA los sustantivos siervo y ministro corresponde la acción expresada por el verbo servir. Ya hemos dicho que este verbo lo vemos utilizado en Francisco de diversas formas. Lo encontramos en su forma italiana servire. También en las siguientes formas latinas: servio, cuyo significado es servir, estar sometido, obedecer a; deservio, cuyo sentido es servir con celo, con diligencia, servir bien, atender con solicitud, consagrarse a, dedicarse a, destinarse a; famulor, en su sentido de servir, estar sirviendo; y por último, ministro, en su sentido de servir, asistir, ayudar, servir a la mesa, servir de beber. Lavar los pies Otra expresión con la que Francisco expresa la minoridad como servicio
es lavar los pies: A los que realizan el servicio de la autoridad Francisco les recuerda que su autoridad no es un motivo de gloria ni de preeminencia, sino un servicio a los hermanos, según ya hemos visto en el punto dedicado al término ministro. Este servicio se debe ejercer con la misma actitud del que lava los pies a los hermanos, es decir, servicio real y total. La referencia a los pies remite a lo más bajo. De esa manera el que está sobre los otros -prelacía- lo está para servir desde lo más bajo, en definitiva, como menor. Esta concepción de la autoridad, distinta a la ejercida en su época, sólo se puede entender desde la fuente de inspiración de Francisco. Ésta es la evocación del capítulo 13 del Evangelio de San Juan: el lavatorio de los pies en la Última Cena, y que trataremos en la fundamentación de la minoridad. Practicar misericordiaFrancisco, al recordar el proceso de su conversión, coloca en un lugar especial la presencia de los leprosos a los que él fue conducido por el Señor: "Y el Señor mismo me condujo en medio de ellos, y practiqué con ellos la misericordia. Y, al separarme de los mismos, aquello que me parecía amargo, se me tornó en dulzura de alma y cuerpo...". Francisco expresa el servicio y la ayuda que prestó a los leprosos con el giro practicar misericordia. Con esta expresión indica no sólo un servicio, sino un servicio realizado con unas motivaciones profundas nacidas desde la conversión interior del corazón, desde el amor y la devoción del que encuentra entre los marginados la presencia de Cristo. 2.2.2.3. Términos que indican sujeción o abajamiento. Francisco refuerza la idea de servicio y minoridad con una serie de términos que indican sujeción a los demás. Estos términos son los que trato a continuación. No estar sobre los otros y estar sujetos; súbdito En la segunda redacción de la carta que Francisco escribe a todos los
Fieles, dedica unos párrafos (36-47) a los religiosos. Después de una
serie de exhortaciones y mandatos a éstos, en especial después de subrayar
la idea de que el mayor sea como el menor, Francisco concluye con la siguiente
exhortación: El mandato que Francisco propone está reiterado con énfasis al formularse primero de forma negativa y después de forma positiva. La forma negativa se introduce con un adverbio de tiempo nunca, que califica al verbo debemos, el cual tiene como complemento desear estar. Con ello se indica que se trata de un mandato que tiene por finalidad la exclusión definitiva de la voluntad, del deseo, de alcanzar un determinado estado o condición. Este estado que se excluye es el de estar sobre los otros. Sin embargo, Francisco no se queda en el terreno de la prohibición, sino que ofrece una propuesta en positivo, introducida con el giro más bien. En esta propuesta aparece de nuevo, en primer lugar, el verbo desear, esta vez en positivo. Lo que hay que desear es lo contrario a estar sobre los otros, es decir, debemos desear ser siervos y estar sujetos. En el texto que acabamos de citar aparece la expresión estar sujetos, que es como se ha traducido el original latino esse subditi. Esta expresión aparece traducida con formas del verbo sujetar, pero también por sumisos o formas del verbo someter. Tan sólo aparece traducida una vez por súbdito y es en la presentación que hace Francisco de sí mismo en la citada carta: "A todos los cristianos, religiosos, clérigos y laicos, hombres y mujeres; a cuantos habitan en el mundo entero, el hermano Francisco, su siervo y súbdito: mis respetos con reverencia, paz verdadera del cielo y caridad sincera en el Señor". Sobre el sentido del término súbditos, hay que decir que es participio del verbo subdo, que significa poner o colocar debajo. Sociológicamente, el término se utilizaba en el lenguaje jurídico y vulgar de los siglos XII y XIII para designar a los hombres que estaban sometidos y dependientes de sus señores. Por otro lado, el término parece recogido no sólo del ámbito sociológico, sino también del bíblico, concretamente de 1P 2, 13, en la que aparece la frase "sed sumisos, a causa del Señor, a toda institución humana". Francisco, al unir siervos y súbdito-sujetos forma una amplificación, con lo que se insiste en la idea de sujeción y sometimiento. Con ello, Francisco indica que él quiere, para sus hermanos y para él, el ínfimo grado del escalafón social, ser los menores o los últimos de todos. Someterse con modestiaEn el mismo sentido de sujeción que indican los términos estar sujetos o ser súbdito podemos incluir la expresión someterse con modestia, que aparece en la Admonición 22: "Dichoso, el siervo que, al ser reprendido, acata benignamente, se somete con modestia, confiesa humildemente y expía de buen grado". Indica la acción del que es siervo y menor ante el otro. Francisco utiliza para expresar esta acción el verbo obtempero que significa someterse, obedecer. Es la única vez que aparece en los Escritos de san Francisco. Este sometimiento para Francisco no debe ser airado o resignado sino con modestia, es decir, con la actitud que concede al otro una preeminencia dentro de la relación interpersonal. No se trata de un servilismo, ni de pusilanimidad; sino de ser capaz de aceptar la verdad sobre uno mismo que puede llegarnos a través del otro. Para Francisco, no se trata de acatar cualquier cosa de forma acrítica, sino de aquello que necesita ser transformado en la vida de uno mismo, pero que tan difícil es aceptarlo de boca del hermano. Rogar, implorar y suplicarLa acción de dirigirse a los que se está sujetos y sometidos se expresa con los verbos rogar, implorar y suplicar: "Yo, el hermano Francisco, vuestro menor siervo, os ruego y suplico, en la caridad que es Dios (cf. Jn 4,16) y con el deseo de besaros los pies, que os sintáis obligados a acoger, poner por obra y guardar con humildad y amor estas palabras y las demás de nuestro Señor Jesucristo". Francisco se dirige a sus destinatarios siempre con una actitud, por una parte decidida y clara, y por otra parte humilde y desde la bajeza. Esta bajeza la suele expresar con los verbos rogo, obsecro, deprecor y supplico, que la traducción castellana traduce como rogar, implorar y suplicar. En varios casos une dos verbos para dar mayor intensidad, como es el caso anterior. El verbo rogo significa fundamentalmente dirigirse a alguien para preguntar, interrogar o informarse. Describe el ruego o petición sin énfasis, sencilla y humildemente, en general, dirigiéndose a una persona destacada. Se traduce como rogar. El sentido de obsecro es pedir con insistencia a alguna persona por algo que se tiene por santo. En la cita traída a colación, que es la única que existe con este término, "lo santo" es la caridad que es Dios. En las fuentes que sigo se traduce como suplicar. Con deprecor se expresa la acción de rogar con empeño o calor; y hacerlo de forma intensa ya que este verbo es un intensivo. Aparece traducido como suplicar, rogar o implorar. Supplico denota el hecho de rogar de rodillas. Indica la forma externa más humilde de plegaria. Esta traducido como suplicar. Estas acciones transmiten la posición anímica y física del que se tiene de verdad como menor y, por ello, con el deseo de besaros los pies. Humildes, mansosFrancisco, en la Segunda Regla describe cuál debe ser el comportamiento de los hermanos. Primero describe cuáles son las actitudes que deben evitar, para luego destacar aquellas que deben cuidar. Las actitudes a cuidar denotan un carácter pacífico (apacibles, pacíficos y mensurados), y un talante de menor: mansos y humildes: "Aconsejo, amonesto y exhorto en el Señor Jesucristo a mis hermanos que, cuando van por el mundo, no litiguen ni contiendan de palabra (cf. 2Tm 2,14) ni juzguen a otros; sino sean apacibles, pacíficos y mesurados, mansos y humildes, hablando a todos decorosamente, como conviene". El término humilis (humilde) viene de humus, que significa tierra o suelo. Así pues humilde indica aquello que está en el suelo, lo que no se alza del suelo. Por otro lado, mansuetus (manso) denota alguien que se distingue por su mansedumbre, clemencia y benignidad. Con estos términos Francisco intensifica la actitud de minoridad que deben tener los hermanos para con todos. Son dos actitudes que hacen de los hermanos personas cercanas y capaces de hablar a todos, no desde la prepotencia sino desde la sencillez. Humillarse, seguir la humildadLa acción que corresponde a la opción personal de ser humilde Francisco la expresa con el verbo humillarse o el giro seguir la humildad: "Empéñense todos los hermanos en seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo..." Con estos verbos Francisco acentúa la opción de los hermanos por ser realmente menores, y hacerlo constantemente. Es un empeño el que deben tener los hermanos por mantenerse en la humildad y pobreza, que en Francisco van íntimamente unidas, y la razón de este empeño es el seguimiento de Cristo Humilde y Pobre. AbajarseEn la Admonición 19, 3 Francisco dicta una sentencia que pone en aviso a los que detentan el servicio del cuidado de los hermanos: "¡Ay de aquel religioso que ha sido colocado en lo alto por los otros y no quiere abajarse por su voluntad!". Francisco sitúa espacialmente la posición del hermano: colocado en lo alto-abajarse. El hermano es colocado en lo alto por los otros, pues dentro del grupo organizado alguien debe cuidar del resto; pero su actitud personal debe ser de disposición para estar debajo, abajarse. El hermano menor sabe que su puesto natural es estar debajo, y por ello, a Francisco le parece rechazable la actitud de quien voluntariamente no lo acepta. Estar a los pies de los otrosEn la misma Admonición, pero en su número cuarto, Francisco vuelve a repetir el mismo tema, esto es, el abajamiento de los que están en lo alto: "Y dichoso aquel siervo que no es colocado en lo alto por su voluntad y desea estar siempre a los pies de los otros". Francisco quiere que los hermanos encargados de la fraternidad sean ministros de los otros, como ya hemos dicho, y que este servicio lo hagan desde una posición de ultimidad, en definitiva, de absoluta minoridad. Por ello, Francisco expresa este abajamiento con el giro a los pies de los otros al que precede el adverbio temporal siempre, pues la actitud de menor debe ser una actitud constante. Besaros los piesLa referencia a los pies expresa en Francisco el servicio y el abajamiento según el modelo de Cristo en el lavatorio de los pies. Esta situación no sólo es para los que ejercen el oficio del cuidado de los hermanos, sino para todos los hermanos. Por ello Francisco, como modelo de hermano menor, es el primero en presentarse como el menor y más bajo siervo con el deseo de besaros los pies. Es una expresión similar a estar a los pies. Expresa también la bajeza del que sirve y, a la vez, la dignidad del que es servido: "Así, pues, besándoos los pies y con la caridad que puedo, os suplico a todos vosotros, hermanos...". 2.2.3. Términos que indican la conciencia de la propia minoridad, según las categorías propias de la época.Trato en este punto los términos que indican una percepción de indignidad, como experiencia de minoridad radical de la persona. Esa indignidad es consecuencia de la actitud de quien se siente menor ante Dios y ante el hermano. Es una indignidad que se ve "salvada" por el valor que Dios concede al hombre. Una manera de expresar esa experiencia de indignidad propia es la utilización de términos que indican una insignificancia personal, según las categorías propias de su época. Vil, caduco, simple, despreciable Francisco, en la carta a toda la Orden, se presenta como hombre vil
y caduco. Con estos dos adjetivos Francisco insiste en destacar su sentimiento
de absoluta nulidad. Francisco utiliza en esta Admonición 19 además del término vil, los términos simple y despreciable. Simple es un término que implica, por una parte, minusvalía mental, como bobo, y a la vez indica situación social. También puede indicar, sin más, sencillo o no mezclado. En el latín medieval, el "pueblo simple" es lo opuesto a los soldados y a los nobles, es decir, a los que tienen el poder. Con el nombre de simples también se conocían a los siervos de los monasterios o de las iglesias. Eran éstos como una especie de religiosos de segunda clase que se dedicaban a los trabajos manuales, y a los que no se les permitía el acceso a la profesión religiosa. El término simple también designaba a las personas sin instrucción. El término despreciable, procedente del verbo latino "despicio" (mirar desde arriba), indica también una situación de inferioridad ante el otro. Ambos términos, simple y despreciable, indican inferioridad social y pobreza. Francisco sintetiza con esta unión de términos la idea de que la grandeza o vileza del hombre no depende más que de su valía ante Dios, y ante él todo hombre es menor. PequeñueloPoco antes de morir, san Francisco compone un pequeño escrito para santa Clara y sus hermanas. En este escrito se presenta como pequeñuelo: "Yo el hermano Francisco, pequeñuelo, quiero seguir la vida y la pobreza de nuestro altísimo Señor Jesucristo y de su santísima Madre y perseverar en ella hasta el fin...". No es la única vez que utiliza este calificativo. También lo hace en la carta que envía a las autoridades de los pueblos y en la carta a toda la Orden, donde pequeñuelo califica a siervo. Este término, en latín parvulus, tiene el sentido de "criado, sirviente, siervo". El positivo parvus denota "sometido", por ello Francisco lo utiliza a veces junto a siervo, como ya hemos visto. Además, el diminutivo parvulus tiene un matiz despectivo, su traducción más cercana sería "pequeñuelo" o "pequeñajo". Cuando, como en este caso, el término va detrás del nombre, sin un sustantivo al que calificar, significaría una especie de mote o apellido que Francisco se atribuye: Francisco, el pequeñajo. También viene a reforzar el sentido de pequeñez, de condición ínfima. Como diminutivo de pequeño indica que quien lo utiliza se reconoce como el más pequeño de todos los pequeños. 2.3. Resumen. Hemos visto que Francisco no emplea nunca el sustantivo minoridad. En
cambio, quiere que el nombre de la fraternidad por él fundada sea el de
hermanos menores. Con este nombre resume el deseo de que la nueva fraternidad
tenga a Dios como Padre y que sus miembros sean hermanos, en pie de igualdad. Esta relación de minoridad con la que Francisco vive una de las notas fundamentales del Evangelio, él la expresa de diversas maneras según sea el objeto de esta relación. Cuando el objeto de relación es Dios, Francisco habla de la experiencia de ser criatura indigna. Con ello indica que el hombre es un ser que depende radicalmente de Dios, de quien todo se recibe sin merecerlo. Otra expresión que denota la dependencia del hombre respecto de Dios es el término siervo de Dios, con el que expresa la verdad más profunda del ser humano. Con estas dos expresiones Francisco destaca que la experiencia del hombre como menor está inserta en su más profunda realidad creatural. Cuando el objeto es el otro, Francisco indica la minoridad de diversos modos. En primer lugar destaca la minoridad a través de contrastes. El primer contraste contrapone mayor y menor para destacar que en la nueva fraternidad la preeminencia está en ser menor. El segundo contraste destaca que esa minoridad, en este caso expresada como humildad, debe ser el rasgo de todos los hermanos y, en particular, de los que ejercen el ministerio de la autoridad. El tercer contraste destaca que la verdad del hombre no está en el aplauso o en el desprecio recibido de los otros, sino en su verdad ante Dios, y ante él siempre se es menor. En segundo lugar subraya la minoridad con una serie de términos que indican servicio a los demás. Uno de los que mejor destaca la relación de minoridad es el de siervo. El servicio a los demás es consecuencia del seguimiento del Evangelio de Jesucristo. En ese servicio Francisco y los hermanos se quieren situar en el último lugar. El servicio evangélico es sumamente importante para todos, y de forma especial para aquellos hermanos encargados del cuidado de los otros. Por ello, Francisco los denomina ministros, lo cual define su puesto en la fraternidad como servidores, posición que en varias ocasiones destaca, añadiendo el término siervos. Francisco nombra la acción del servicio con distintos verbos que se pueden traducir como servir, junto a otras expresiones como son lavar los pies, que remite al servicio desde lo más bajo y que aplica a los ministros, o practicar misericordia, como servicio nacido desde un corazón en conversión al Evangelio. En tercer lugar expresa la minoridad con términos que indican sujeción o abajamiento respecto a los otros. Entre los términos que mejor muestran este aspecto de la minoridad están las distintas formas del verbo sujetar, someter, o el sustantivo súbdito, con los que Francisco indica el lugar en el que los hermanos se sitúan como menores y siervos ante los demás, a quienes se les otorga un puesto de preeminencia. Esto no impide a Francisco anunciar su mensaje con claridad, y lo hace dirigiéndose a sus destinatarios con los verbos rogar, implorar o suplicar, de forma que nadie se pueda ver violentado, y a la vez todos puedan sentirse interpelados. Otra forma de situarse ante los demás desde abajo es siendo mansos y humildes. Por ello, Francisco insiste en que los hermanos se esfuercen en mantenerse en ese último lugar, y para ello deben empeñarse en humillarse, abajarse, y estar a los pies de los otros siguiendo como modelo a Cristo. Cuando el objeto es la propia interioridad, Francisco expresa la minoridad en clave de indignidad, según las claves culturales de su contexto. Los términos que él utiliza indican el sentimiento de nulidad ante sí mismo y los demás. Estos términos son vil, caduco, simple y despreciable. Son términos que expresan la verdad profunda de quien se encuentra ante Dios y ante los demás sin ningún mérito. El mismo sentido tiene pequeñuelo. Con estos términos Francisco juzga al ser humano como radicalmente menor, no sólo ante Dios y ante los demás, sino también ante sí mismo. Como conclusión del estudio terminológico podemos decir que la minoridad es una categoría relacional en la que el hombre se sitúa en último lugar ante Dios, ante su hermano y ante sí mismo como seguimiento expreso de Jesucristo. Se refleja en el servicio y en la sumisión a todos como camino de fraternidad en la que Dios es Padre y todos somos hermanos, tal como Jesucristo muestra en el Evangelio.
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