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El nombre que Francisco quiso dar a la Orden por él fundada fue el de Orden de Hermanos Menores. El adjetivo "menores" designa el modo de ser hermanos entre sí y de todos. Antes de estudiar en los Escritos propios de san Francisco, parte principal de este trabajo, vamos a proceder a un acercamiento a lo que la Orden de Frailes Menores (OFM) ha dicho en los últimos treinta años sobre esta categoría fundamental en el carisma franciscano a fin de poder valorar la importancia y actualidad de la misma. Al final del capítulo se presentará un resumen en el que se destaque lo más importante. 1.1. Declaraciones oficiales de la Orden desde la década de los años setenta hasta hoy.Presentamos a continuación todas las declaraciones sobre la minoridad que aparecen en los documentos de la Orden en los últimos treinta años, desde la etapa postconciliar hasta hoy. 1.1.1. C. Koser, "El franciscanismo y su fuerza de atracción en el mundo de hoy" (1972).Este documento está compuesto por una serie de cuestiones tratadas por el entonces ministro general, Constantino Koser en su visita a diversas provincias franciscanas. Es un largo escrito en el que toca muchos y diversos temas de la Orden Franciscana en el momento postconciliar en que se encontraba. Nosotros nos fijaremos en la cuestión concreta de la minoridad. Hay que decir que el tema está tratado a través de ejemplos y anécdotas de la vida real que ilustran el sentido de la minoridad visto por el entonces general. El Ministro general relata que en cierta ocasión le preguntó Pablo VI
cuál era el papel de la Orden en la Iglesia de hoy. Él contestó que la
vocación franciscana era "ser menores", y esto se traducía en la Iglesia
con asumir el papel de "tapa-agujeros", llenar los huecos que los otros
dejaban. Para él este trabajo no era cuantificable en estadísticas, ni
relevante ante nadie, pero era un trabajo "menor", de poca importancia.
Continúa el general afirmando que cuantas veces en la historia los hermanos
se han metido a realizar obras de gran apariencia o prestigio no han funcionado
y han acabado por parecer ridículas. Para él los hermanos menores no están
para lo grande, sino para lo pequeño. Por ello acaba afirmando que "la
vocación de la Orden está en vivir una vida de real y eficaz renuncia
a la vanagloria en todas sus formas, en no buscarla y en no hacerle concesiones
en ningún sentido. Esto me parece que es uno de los elementos más fundamentales
de nuestra vocación, muy evangélico y muy conforme a la doctrina de Cristo
al mismo tiempo". 1.1.2. Preparación al Capítulo General, "Proyecto Evangélico de los Hermanos Menores hoy" (1973).Este documento es un "instrumentum laboris" para el capítulo general de 1973. Está estructurado en base a un preámbulo, unos puntos relevantes del proyecto de vida, y acaba analizando el sentido de las estructuras. Al hablar de la fraternidad incide en la igualdad fundamental de todos los hermanos, el respeto, la confianza, el servicio mutuo, el evitar la confrontación negativa y el procurar amarse con obras y ternura maternal. Todo ello son, como tendremos ocasión de ver, actitudes de minoridad con los hermanos. Por ello, en un segundo momento, el documento recuerda que el nombre de "hermanos menores" expresa una exigencia de fraternidad y también de humilde servicio a todos, que es lo que identifica la "minoridad". Este servicio comienza en el interior del grupo, y sobre todo cuando hay que asumir un cargo que implique cierta autoridad. En relación con todos los hombres indica que debemos de presentarnos como pequeños, como servidores a quien nadie teme, pues no pretenden dominar ni imponerse sino servir. Todo ello exige de los hermanos el espíritu de los niños, la pequeñez, la sencillez, y hasta cierta ingenuidad ante los hombres y los acontecimientos. El hermano menor debe reconocerse débil y vulnerable, "servidor sin provecho" que reconoce como único fuerte a Dios y su Palabra. Un aspecto íntimamente relacionado con la minoridad es la pobreza. Respecto
a ésta el documento se plantea la necesidad de discernir cómo mantener
lo esencial del radicalismo franciscano. Para ello es necesario procurar
no poseer grandes propiedades, rehuir todo protagonismo y compartir los
bienes con los pobres. Uno de los aspectos en los que se muestra la real
pobreza y minoridad es el trabajo, por ello el texto recuerda cómo hay
hermanos comprometidos en el mundo laboral como trabajadores, tal como
también hizo san Francisco e invitó a que se hiciese. Por ello se anima
a continuar en esta línea, además de realizar el trabajo ministerial y
doméstico que siempre estuvo presente en la historia de la Orden, poniendo
siempre atención para que todo trabajo, sea cual sea, esté supeditado
al estilo de vida menor. 1.1.3. Capítulo General, "La vocación de la Orden hoy" (1973).Se trata de la declaración final del Capítulo General de 1973 celebrado en Madrid. En lo que respecta a la minoridad y al trabajo, esta declaración recoge literalmente el "instrumentum laboris", "Proyecto evangélico de los Hermanos Menores hoy", que acabamos de tratar. Añade después un punto sobre la labor pacificadora de los hermanos menores que se concreta en la creación por parte de los hermanos de comunidades fraternas que rehúsen el poder para ser así siervas, que opten por un estilo de vida que las acerque a los pobres y las sensibilice del problema de los oprimidos, lo cual tendrá claras repercusiones sociales. Partiendo de esta realidad, se invita a los hermanos a ser constructores de paz en medio de los problemas y pugnas sociales y políticas de hoy, más con el ejemplo que con la palabra. Es una declaración de principios que añade a la minoridad un aspecto de apoyo a la paz y a la justicia allí donde se encuentren los hermanos. 1.1.4. UCLAF, "Sobre la justicia en la Orden" (1974). Se trata de un documento preparado por la Unión de Conferencias de Franciscanos
de América Latina (UCLAF), reunidos en Bahía (Brasil), para presentarlo
al Consejo Plenario de la Orden. Los autores del documento introducen una serie de elementos que habría que potenciar o incorporar para hacer efectiva la justicia al interior de la Orden. Estos son: Dios tiene derecho a que la fraternidad promueva la santidad de sus miembros y la instauración del Reino de Dios, igualmente los hermanos se deben comprometer a ello; la Iglesia y el mundo exigen a la Orden un aporte positivo en la construcción del Reino de Dios; la Orden tiene derecho a que cada hermano se entregue fielmente para cumplir la misión que le compete; el hermano tiene derecho a encontrar en la fraternidad un medio para desarrollar sus valores personales. Son elementos que no apuntan explícitamente a la minoridad, pero que, sin duda la presuponen y son consecuencia de ella, pues es imprescindible en la fraternidad de hermanos menores el respeto y la igualdad entre ellos, y la construcción del Reino de Dios, como menores que son. 1.1.5. Consejo Plenario, "La justicia en la Orden de Hermanos Menores" (1974).Se trata del documento final del Consejo Plenario de la Orden, celebrado en Roma, cuyo tema es el de la Justicia en la Orden. Después de tratar de la fraternidad franciscana, en la que la justicia debe ser consecuencia del dinamismo de la caridad, pasa a hablar de la minoridad. Sobre esta última afirma que, por la comunión de hermanos, ninguno debe considerarse mayor que los demás, sino al contrario, ser su servidor, desterrando toda forma de dominio o privilegio. La propia fraternidad tiene que ser y aparecer menor para estar en condiciones de anunciar de esa manera la esperanza del Reino, que ha sido dada a los pequeños. De ahí que los encargados de ejercer la autoridad no tengan ningún derecho a preeminencias, sino al mejor servicio de los hermanos encomendados a su cuidado; los hermanos no tienen derecho a más exigencia que su mayor disponibilidad para con la fraternidad y ésta no tiene otro derecho que el servicio a cada hermano, e incluso a todos los hombres, sin buscar honores ni glorias. El apartado acaba afirmando que "un deber de justicia, en la línea de la minoridad, es la revisión de títulos y tratamientos personales, la distribución equitativa de trabajos comunes y domésticos y, en el plano social, el cuestionamiento de las ventajas por las que la sociedad busca ligarnos a sus vanidades". Como vemos, por tanto, este documento arroja sobre la minoridad una buena síntesis de lo que ésta significa y supone tanto a nivel personal, comunitario como social. 1.1.6. Capítulo General, "Temas-reflexiones-sugerencias" (1976). Se trata de una síntesis de la documentación del Capítulo General de
1976 celebrado en Asís. Comienza a partir de ahora a aparecer en los documentos oficiales de la Orden la preocupación por los pobres y la opción preferencial por ellos como signos de pobreza y de minoridad. 1.1.7. Capítulo General, "Prioridades y directrices concretas establecidas por el Capítulo" (1979). El documento establece las líneas de acción decididas por el Capítulo
General celebrado en Asís en el año 1979. Estas líneas se explicitan en
siete puntos concretos. El documento sigue incidiendo en la necesidad de identificarnos con los pequeños y de hacerlo desde nuestra realidad de menores e iguales en la fraternidad. 1.1.8. J. Vaughn, "El problema mundial de los refugiados" (1979). Este documento es una carta del ministro general, John Vaughn, a todos
los hermanos de la Orden. Esta carta es una llamada, ante un problema grave, a actuar como lo que debemos ser: menores y al servicio de los más menores. 1.1.9. Congreso Franciscano Internacional, "Mensaje interfranciscano. Mattli 1982".El congreso organizado por los secretarios generales de las cuatro familias franciscanas (OFM, OFMConv, OFMCap, TOR), al que asistieron también hermanas franciscanas de distintas congregaciones y miembros de la OFS, y que tuvo como tema "San Francisco y el Tercer Mundo", concluyó con un mensaje final, del que destacamos lo siguiente: Se apostó por la opción de los pobres y la lucha contra la pobreza; por la promoción de la mujer y la lucha contra la discriminación de ésta; la defensa de los derechos humanos, como derechos queridos por Dios, en especial los de los pobres; la opción por la justicia y la paz; la labor de actuar como instrumentos de reconciliación; el compromiso por la liberación en solidaridad con todos; el encuentro y el diálogo con las otras religiones; la necesidad de encarnar la Palabra de Dios en la cultura; la superación del clericalismo por medio de la fraternidad; la formación inicial y permanente basada en la experiencia; y por último, la búsqueda del Absoluto a través de la oración y la contemplación. Elementos todos vividos desde la sencillez y la minoridad a ejemplo de san Francisco de Asís. Este mensaje está en la línea de conseguir mayor sensibilización dentro de la Orden tanto de lo que significa la vocación minorítica, como de su relación con los hermanos y con todos los hombres, especialmente los más últimos. 1.1.10. Consejo Plenario, "El Evangelio nos desafía" (1983).Este es el documento final del Consejo Plenario de la Orden tenido en Salvador-Bahía (Brasil) el año 1983. Es un buen texto sobre la Evangelización en el que después de la introducción pasa a desarrollar la reflexión sobre la evangelización franciscana. Se desarrolla en 4 capítulos: el primero dedicado a la evangelización como misión propia; el segundo a la fraternidad como plataforma evangelizadora; el tercero a la minoridad entre los pobres; y el cuarto a la justicia y la paz. Ya en el primer capítulo se apuntan los rasgos de la evangelización en san Francisco. Entre esos rasgos se encuentra la minoridad. Frente a la búsqueda del poder o de la fuerza, Francisco proclamó la buena nueva de ser pequeños y menores. El capítulo tercero, titulado "Menores entre los pobres",
desarrolla el rasgo que nos ocupa. Comienza el capítulo describiendo la
realidad de pobreza inhumana de las gentes del Tercer Mundo: marginación
de los inmigrantes y refugiados, la represión política, el horror de tantos
muertos por el hambre, la marginación de las mujeres, y las múltiples
exclusiones que provoca el sistema económico. Después pasa a describir
la marginación que se da en los países ricos: inmigrantes, minorías, desempleados,
minusválidos y perseguidos por motivos políticos o religiosos. Incluso
entre los ricos se dan motivos de marginación como son la soledad, los
enfermos mentales, los alcohólicos o los drogadictos. En gran medida,
todo ello se debe a un sistema socio-económico que valora a las personas
por lo que producen y poseen. Ese consumismo se está extendiendo por todas
partes, creando necesidades ficticias. El documento pasa después a tratar la experiencia de Francisco como pobre y menor. Éste encontró a Cristo a través del más pobre de su época, el leproso. La experiencia del amor del Padre tuvo para Francisco una expresión especial de minoridad y pobreza en el Niño pobre de Belén y en el siervo del Calvario. Francisco quiso compartir su vida con los pobres. Él se gozaba en su bajeza y desinterés por el poder, en su minoridad. La lección que el documento extrae es que también nosotros encontramos a Jesús en nuestro vivir para los pobres, con los pobres y como ellos. Por eso, a través de nuestra pobreza y minoridad, somos evangelizados y evangelizadores. El seguimiento de Cristo pobre y menor nos llevará a vivir con los pobres como menores, viviendo su misma vida, en solidaridad con ellos y, como ellos, siendo pequeños, humildes y sin poder. El capítulo sobre la minoridad acaba destacando que la realidad de las fraternidades franciscanas, en la mayoría de los casos, es muy distinta, pues vivimos alejados de los pobres. Por ello, se pide que: los hermanos vivan con los pobres; rehúsen adquirir o poseer bienes innecesarios; aprendan de los pobres el espíritu de solidaridad y fraternidad; se conciencien del injusto sistema de dominación socio-económico, político y cultural; adopten una postura profética contra los regímenes opresivos y totalitarios; y, por último, lleven el Evangelio dondequiera que los pobres se estén organizando en busca de una liberación integral. Es un buen proyecto y una valiente propuesta la que hace este documento en la línea de la pobreza y de la minoridad, destacando el carisma de Francisco, y su ideal de vida; y a la vez, denunciando la realidad que no llega a plasmarlo, indicando posibles vías para llegar a una vida más consecuente. 1.1.11. Capítulo General, "Nuestra llamada a la Evangelización" (1985).Este documento es el fruto del Capítulo General de 1985, celebrado en Asís. Se trata de una serie de directrices y materiales de trabajo para que las distintas fraternidades locales y provinciales los adapten a su contexto. Este Capítulo General trató la misión evangelizadora de la Orden hoy. La parte de las propuestas específicas se dividió en dimensión contemplativa, opción por los pobres y formación. En la parte dedicada a la opción por los pobres es donde se explicita la realidad de menores de la vocación franciscana. Se recuerda que "como hermanos menores queremos estar con los pobres y ayudarles a lograr que se les haga justicia". Los medios operativos que se proponen son: la creación de fraternidades insertas en zonas pobres; el abandono de propiedades y posesiones a fin de poder vivir realmente como menores; elegir en el uso de las cosas materiales aquello que indica pobreza, evitando para ello lo superfluo; encontrar formas de solidaridad en las distintas Provincias; vincularse a un compromiso por la paz, la reconciliación y en contra de la violencia; crear una "Comisión de Justicia y Paz" en cada Provincia; buscar el diálogo con los pueblos, las culturas y las religiones a fin de favorecer la paz y la justicia; prestar especial atención a las posibles injusticias dentro de la fraternidad; colocarse al lado de los pequeños para pedir que se respeten sus derechos desde la Palabra de Dios y el ejemplo de san Francisco; colaborar en la construcción de un orden político y económico en el que todos sean reconocidos, y que sea respetuoso con la creación. Para conseguir esto es fundamental que en la formación tanto inicial como permanente se eduque en igualdad, y en solidaridad con los pecadores, oprimidos, enfermos y pobres. Este documento capitular recoge muchos de los elementos tratados en los consejos plenarios, dándoles a todos ellos valor de directrices para toda la Orden. Vamos viendo, pues, como la Orden va incitando y provocando en los hermanos toda una serie de reflexiones en torno a la minoridad, la pobreza, la justicia y todo lo que tiene que ver con éstas. Todas estas reflexiones van dando poco a poco sus pequeños frutos, con muchas deficiencias, pero a la vez con signos de inquietud y de esperanza. 1.1.12. J. Vaughn, "Nuestro empeño en favor de la paz" (1986). Se trata de una carta del ministro general, John Vaughn, con motivo
de la jornada de la paz que, convocada por Juan Pablo II, se celebró en
Asís el 27 de Octubre de 1986. La carta destaca el vínculo tan íntimo entre minoridad y oración, deseo y trabajo por la paz. 1.1.13. Consejo Plenario, "Mensaje desde Bangalore" (1988). El siguiente mensaje es el fruto del Consejo Plenario celebrado en Bangalore
(India), el año 1988. El primer punto trata de la necesidad de que exista una igualdad fundamental entre todos los hermanos menores, sean clérigos o laicos, de lo contrario no se puede hablar de minoridad. Seguidamente indica la necesidad de identificarse con los pobres, sea viviendo entre ellos, trabajando para ellos, cediendo parte de los edificios o, simplemente, simplificando lo más posible el estilo de vida. También se anuncia la creación de programas sobre cuestiones sociales para la formación inicial y permanente de los hermanos. También urge a ser promotores de justicia y de paz. El apartado acaba planteando las sombras que existen y el camino que queda por recorrer. El documento vuelve a incidir en la necesidad de identificarse con los menores para ser realmente menores e iguales entre sí. 1.1.14. H. Schalück, "Vida franciscana y opción por los pobres" (1989). Se trata de una reflexión del ministro general, Hermann Schalück, sobre
la opción preferencial de la Orden, tomando como base los artículos de
las Constituciones Generales que tratan de ella. Este escrito del general toca la realidad más cruda de la minoridad. Ésta puede ser un precioso programa o un discurso un tanto demagógico, pero cuando se hace realidad es dura y difícil, por ello el general pide que los hermanos sean conscientes de que el núcleo de nuestra vocación como menores es, por un lado irrenunciable, y a la vez humanamente difícil. Sólo es posible desde la contemplación de Cristo Menor. 1.1.15. H. Schalück, "Hacia el año 2000: la Nueva Evangelización" (1991).Este texto es el resultado de una conferencia del ministro general, Hermann Schalück, en un encuentro anual del Movimiento Franciscano Veneto. Se trata de un análisis sobre la Evangelización en la nueva situación europea creada tras la caída del bloque comunista. En el apartado que trata sobre la contribución de los franciscanos, el general de la Orden, destaca que como "menores y pequeños" a los franciscanos les compete la conciencia de ser llamados a dar pequeños pasos en la evangelización, "pensando de forma global y actuando de forma local". Por ello afirma que "la vocación nuestra será probablemente la de la levadura que se echa en la masa, la de la pequeña semilla". La manera "menor" de realizar la evangelización pasa por encarnarse en medio de la gente, por usar su propio lenguaje, uniendo la búsqueda de Dios con la experiencia del pobre. El general hace una llamada para que todas las familias franciscanas se inclinen cada vez más sobre los últimos, sobre las víctimas, sobre los pequeños y marginados producidos por el liberalismo económico. Lo hace apelando a la tradición de la Orden, al lado de los menores como menores. Este documento que trata sobre la evangelización marca algunas pautas de cómo se debe realizar ésta desde la vocación a la minoridad. 1.1.16. Orden de Hermanos Menores, "Ratio Formationis Franciscanae" (1991) .Este documento trata sobre las orientaciones formativas que se deben dar en toda la Orden. Abarca tanto la formación inicial, como la permanente. También trata de la formación teológica, profesional y ministerial. La vocación evangélica del hermano menor la presenta en siete puntos que corresponden a los rasgos del carisma franciscano y que deben quedar asegurados por la formación. Estos son: seguimiento de Cristo, entrega total a Dios, espíritu de oración, fraternidad, minoridad, evangelización y sentido eclesial. El aspecto de la minoridad se desarrolla a través de cuatro números (22-25), en los que se presenta la minoridad como elemento esencial del carisma. En primer lugar se desarrolla la vivencia personal de la minoridad. Ésta se vive en pobreza, humildad y mansedumbre entre los más pequeños, sin poder ni privilegios; el hermano menor se reconoce peregrino y extranjero, reconciliado y pacífico, acogedor, hermano y súbdito de toda criatura por Dios, de quien es dependiente y ante quien se siente pequeño. En segundo lugar se desarrollan los aspectos fraternos de la minoridad. Ésta se manifiesta en la escucha mutua y el diálogo, en la confianza, en el servicio humilde, en la obediencia recíproca y en un amor incondicional por los hermanos con quienes nos empeñamos en la construcción del Reino de Dios. En tercer lugar se desarrollan los aspectos testimoniales y evangelizadores. Éstos se manifiestan con una vida pobre y austera, con el trabajo, con la alegría y la gratitud. El trabajo humilde es el medio de sostener la fraternidad y de compartir con los pobres no sólo los bienes sino también la vida a ejemplo de Cristo pobre y humilde. Por último, la minoridad y la pobreza llevan al servicio a los pobres, al igual que Francisco sirvió a los leprosos. Por ello los hermanos se identifican con los pobres, sirven a los oprimidos, afligidos y enfermos, y se dejan evangelizar por ellos. Los hermanos se sensibilizan y trabajan por eliminar las formas de injusticia y las estructuras que la hacen posible. Es un documento importante dentro de las orientaciones de la formación. Apunta hacia la dotación de una nueva sensibilidad y mentalidad de los hermanos, más acorde con las línea de acción y reflexión de la Orden, de la Iglesia y la sociedad actuales. 1.1.17. Capítulo General, "La Orden y la evangelización hoy" (1991).Se trata del documento final del Capítulo General de 1991, celebrado en San Diego. El tema del Capítulo fue la Evangelización. En el punto referente a la forma de evangelizar se recuerda que la primera y principal forma de evangelización es la calidad evangélica de nuestra vida como menores. En el punto que trata del discernimiento de los signos de los tiempos, afirma que desde nuestra condición de hermanos menores debemos estar atentos a los signos de los tiempos desde la perspectiva de los pobres, poniéndonos de parte del pobre y del marginado en su lucha por la justicia y la paz. Sigue en la línea del anterior documento en lo referente a la evangelización como pobres, pero esta vez aceptado por toda la Orden en capítulo general. 1.1.18. Comisión interfranciscana de Justicia y Paz, "Características del trabajo franciscano por la justicia, la paz y la salvaguarda de la Creación" (1993).Aquí recogemos la declaración común de la Comisión Interfranciscana de Justicia y Paz que especifica las características más importante del trabajo por la justicia, la paz y el respeto a la creación. El documento indica que los ejemplos a seguir en el compromiso por la justicia, la paz y la creación son san Francisco y santa Clara, quienes en la contemplación y la experiencia descubrieron la imagen de un Dios, revelado en Jesús, que se presentaba no violento, vulnerable y pobre en su nacimiento, desnudo y abandonado en la cruz, y abajado en la Eucaristía. La humildad, la suavidad y la pobreza de Dios hicieron nacer en ellos el deseo de seguirle por el mismo camino. Ese debe ser el modo del trabajo de los hermanos y hermanas. Este documento nos recuerda que la minoridad es el modo de seguir a Cristo tal como lo hicieron Francisco y Clara, y es el modo como los hermanos deben implicarse en la defensa de la justicia, la paz y la creación. 1.1.19. H. Schalück, "Llenar la tierra con el Evangelio de Cristo" (1996).El documento es el fruto de un largo proceso de reflexión sobre la evangelización que comenzó con el mandato del Capítulo General de San Diego (1991) y con el trabajo de una Comisión internacional que elaboró el "Instrumentum laboris" sobre la evangelización, que fue tratado y enriquecido en el Consejo Plenario en Malta. En el capítulo que estudia la realidad evangelizadora, se indica que ésta comienza por la vida del "santo Evangelio" como centro de la vocación franciscana. En Francisco, y en la Orden, la vida del Evangelio consiste en el seguimiento de Cristo pobre y humilde en la Cruz. Este anonadamiento de Cristo, Francisco lo vivió y lo testimonió escogiendo la condición de los pequeños, en la minoridad y sumisión a todos. Por ello quiso que los hermanos fuesen llamados "hermanos menores". Francisco insistió en una vida de minoridad real, considerándola como la prueba definitiva para conocer si un hermano estaba impulsado por el Espíritu del Señor. La expresión más alta del encuentro de Francisco con Cristo paciente se da en el encuentro con el leproso. En este momento comienza su itinerario de humildad y de minoridad. Como fundamento de su vida, elige la pobreza radical y la simplicidad, con sinceridad, alegría , integridad y disponibilidad ante Dios. Para Francisco esto era seguir a Cristo. Por todo ello, la evangelización de los hermanos menores debe fundamentarse en una honda experiencia de la misericordia de Dios. En este camino de conversión los hermanos reconocen que Dios es el "sumo bien", el sólo bueno. El itinerario de la humildad, "venciéndose a uno mismo", la pobreza radical, la simplicidad, la disponibilidad, la minoridad, y el anonadamiento de sí en la erradicación de toda especie de soberbia abren al hermano y a Dios. Para Francisco la forma de vida evangélica, nutrida en la oración, se plasma en la vida fraterna. La fraternidad es signo escatológico y anuncio del Reino de Dios. Es una fraternidad de pobres, de hermanos "menores". Francisco asume la fraternidad de los humildes para revestirse del Señor. La fuerza que sostiene la fraternidad brota de la libertad que da la pobreza, la expropiación del propio yo. Esta fraternidad la vivimos, como menores, en el corazón del mundo, compartiendo sus signos de vida y de muerte, sobre todo los de los más pobres. Por ello, siguiendo a Jesús pobre, humilde y huésped, adoptamos la vida y condición de los pequeños de la sociedad, viviendo entre ellos como menores, de tal manera que nadie se sienta distanciado de nosotros, sobre todo los más desprovistos social y espiritualmente. 1.1.20. H. Schalück, "Memoria et prophetia" (1997).Este documento, cuyo título es similar al documento del Capítulo General, es una hermosa carta que el general, Hermann Schalück, envió a la Orden como preparación al año santo 2000. La carta está escrita de forma "epigráfica" como si fuese el mismo san Francisco quien la enviase. Está presentada como una invitación y un ruego para revisar la vida de las fraternidades y para relanzarlas hacia el futuro. En el primer punto, el general, en nombre de Francisco, invita a ser signos de Dios en quien está la vida y el futuro. En ese punto dice: "Con la hermana Clara di vida a mi familia para que fuera testigo de Dios viviente, testimonio de un Dios que ama la creación y tiene predilección por lo menor y por lo que carece de apariencia. Por eso, vuestras fraternidades, comunidades y familias deben ser ante todo oasis en los que se vive y se adora a Dios, oasis donde se celebra su presencia en la Palabra, en la Eucaristía y en el servicio mutuo, oasis de amabilidad y de paz". En el segundo punto, que trata sobre la diversidad reconciliada nos dice: "Todos vosotros, clérigos y laicos, varones y mujeres, contemplativos en el mundo y contemplativos en la clausura, debéis consideraros y trataros unos a otros -mucho más que hasta ahora- como hermanos e iguales ante el mismo y único Señor. Os exhorto a serviros recíprocamente". En el punto dedicado al respeto a la creación y al testimonio del Resucitado, el hermano general pone en boca de Francisco estas entrañables palabras: "Si respetáis lo "menor", si dais una oportunidad al "pábilo vacilante", si dejáis que aparezca lo que no tiene apariencia, si os nutrís del silencio, si desconfiáis de los gritos y de las palabras en alta voz, si preferís los tonos suaves, si creéis en los cambios a través del Espíritu del Señor y pedís sin cesar el Espíritu del Señor y su santa operación, seréis creadores. Seréis creadores si creéis que la conversión es posible y creéis posible trabajar por la paz y el perdón. Pues la tarea de los hermanos y hermanas menores en el tercer milenio -estén donde estén- consiste en reunir lo disperso, curar lo roto, vendar las heridas, dar de comer al hambriento, liberar a los pobres, consolar a los tristes, enjugar las lágrimas. En la prosperidad y en la adversidad, no tenéis otra tarea que la de cocer el pan, partir el pan, compartir el pan con los pobres, ser pan para los demás". La carta expresa con un lenguaje poético tres aspectos de la minoridad de gran importancia, la entraña teológica de la minoridad, la igualdad y el servicio como menores y la misión y práctica de la minoridad de cara al futuro. 1.1.21. Capítulo General, "De la Memoria a la Profecía" (1997).Es el resultado del último capítulo celebrado en Asís el año 1997, el tema del mismo es, como indica el término, hacer memoria del pasado para afrontar el futuro. Este documento final del Capítulo General hizo algunas referencias claras al carácter menor de nuestra vocación en varios puntos. Así, en el primer apartado, al tratar de las relaciones con el mundo, en el punto de las propuestas y recomendaciones recordaba que, como fidelidad a la identidad de hermanos menores y ante las desigualdades sociales, el Capítulo estimulaba a las Conferencias de las Provincias de la Orden, a un concreto compromiso en favor de la justicia, la paz y el respeto a la creación que brotaba de la propia espiritualidad franciscana. También instaba a crear una red de ayuda a los emigrantes, prófugos y minorías étnicas en colaboración con las Conferencias y Provincias. En el apartado que trata de la unidad y de la diversidad en la Orden, recuerda que el fundamento de esta unidad es la experiencia de Dios vivida en actitud de minoridad y de comunión entre los hermanos. En los desafíos que la unidad y diversidad plantean a la Orden, se urge a un discernimiento de las estructuras para adecuarlas al sentido de fraternidad y minoridad. Una de las propuestas en la que más se detiene es en la efectiva igualdad entre los hermanos, y en la petición a la Santa Sede para que elimine de la jurisdicción propia de la Orden todo lo que pueda significar una diferencia entre hermanos clérigos y no clérigos, salvando las propias del sacramento del orden. Este documento vuelve sobre los temas que preocupan a la Orden en estos últimos tiempos: adecuar la Orden al carisma fundacional y a la vez actualizarla al momento presente. Es una preocupación grande el tema de los pobres y marginados y, reconociéndose como menores, se busca la manera de acercarse y estar presentes entre ellos. También se hace una apuesta seria y fuerte por acabar con las diferencias que puedan existir dentro de la Orden entre hermanos clérigos y no clérigos, para que así pueda ser cada vez más efectiva la fraternidad y la minoridad entre todos los hermanos. 1.1.22. G. Bini, "Prioridades para el sexenio 1997-2003" (1998).Como dice el ministro general, en este caso Giacomo Bini, se trata de un subsidio para poner en práctica el documento del Capítulo General de Asís 1997, "De la memoria a la profecía". El documento consta de una introducción; cinco capítulos, en los que se trata de la oración, de la vida en fraternidad, de la minoridad-pobreza-solidaridad, de la evangelización-misión y de la formación; acaba con una conclusión. Cada capítulo se estructura con una reflexión o proyecto de vida, unas propuestas y un apartado de escucha, oración y reflexión. En el capítulo de la vida en minoridad, pobreza y solidaridad se nos recuerda que la fraternidad franciscana está compuesta por "menores". Por ello lo que caracteriza a la fraternidad y especifica su misión es la "eficacia libertadora de la pobreza", que nos lleva a "restituir al Señor todos los bienes". La minoridad y la pobreza nos hace disponibles para el Señor , solidarios con los hermanos -sobre todo los más pobres- , y signo de una opción por el evangelio anunciado a los últimos. El ejemplo de Jesús y la invitación de san Francisco a convivir con los que cuentan poco para la sociedad, son un reto para revisar la vida de minoridad y pobreza. Por ello, el documento propone los siguientes medios: las Provincias busquen la manera de compartir los bienes con los que más lo necesitan; todo hermano esté dispuesto a abandonar las ideas, actividades, oficios y estructuras que no respondan a nuestra vocación y a la llamada de la Iglesia o de los hombres de hoy; todas las Fraternidades revisen los compromisos de minoridad, pobreza y solidaridad que hayan asumido; arraiguen la cultura de la solidaridad cada vez más en las personas, estructuras y formación; los hermanos compartan la vida, la historia y las esperanzas de los pobres y marginados; los hermanos compórtense como constructores de paz, justicia y reconciliación; las Provincias y Conferencias de éstas creen una red de solidaridad con los emigrantes, prófugos y minorías étnicas o religiosas; estrechen los lazos con los otros miembros de la Familia Franciscana para realizar iniciativas concretas en favor de la justicia, la paz y la salvaguarda de la creación. El actual general presenta este documento como un medio operativo y evaluable para poder profundizar el proyecto de "vuelta a los orígenes" en el contexto actual. 1.1.23. Orden de Frailes Menores, "Constituciones Generales" (1987).Por ser el documento más importante de los realizados por la Orden después del Concilio Vaticano II, lo presentamos en último lugar como conclusión de lo anterior, y a la vez, junto a la Regla, como inspirador. Las actuales Constituciones Generales fueron revisadas y promulgadas por el Capítulo General de 1985 después de un largo proceso de elaboración, adaptándolas a los decretos conciliares y al nuevo Derecho Canónico. La Santa Sede las aprobó el año 1986, y el Ministro General, con el voto favorable del Definitorio General, las promulgó el 22 de Julio de 1987. Además del título primero, "Pacíficos y humildes", perteneciente al capítulo IV, la minoridad aparece en un buen número de artículos como elemento indispensable de la vocación franciscana. En este título se recuerda que los hermanos, como menores, deben ir con gozo y alegría por el mundo como siervos y sometidos a todos, pacíficos y humildes de corazón (art. 64). Los hermanos reconocen su realidad ante Dios, por ello aceptan ser considerados viles, simples y despreciables (art. 65). Desde ese reconocimiento teológico de su minoridad, los hermanos aceptan el lugar de los pequeños en la sociedad, de manera que nadie pueda sentirse distanciado de ellos (art. 66). Con esta actitud de menores, los hermanos realizan una labor profética, desenmascarando los falsos valores asociados al poder y prestigio social (art. 67). Los hermanos procuran ser fermento de paz y de justicia allá donde se encuentran (art. 68). En la defensa por la justicia y la paz, los hermanos se ponen al lado de los pobres y oprimidos, se oponen a las acciones bélicas y a la carrera de armamentos, y todo ello lo hacen desde la no violencia (art. 69). Los hermanos procuran ser siempre instrumentos de reconciliación (art. 70). Como menores los hermanos se sienten respetuosos y fraternos con la naturaleza (art. 71). Además de este capítulo, la minoridad se encuentra en otros aspectos de la actual legislación. Como elemento básico de la vocación franciscana se invita a los hermanos a cultivar la devoción a san Francisco y a tenerlo por modelo de "menor" en el seguimiento de Cristo (art. 26/3). Por ello, los hermanos están obligados a llevar una vida radicalmente evangélica en espíritu de oración y devoción y en comunión fraterna; a dar testimonio de penitencia y minoridad; y, abrazando en la caridad a todos los hombres, a anunciar el Evangelio (art. 1/2). Por esta razón todos los hermanos, sean clérigos o laicos, son, de nombre y de hecho, hermanos menores (art. 41). La minoridad hace que la evangelización tengan su modo peculiar de realizarse. Así se considera que la vida minorítica y el testimonio es ya una primera evangelización al alcance de todos los hermanos (art. 89/1). También, la difusión de la Palabra de Dios se debe realizar con el espíritu de minoridad (art. 109). La labor pastoral y evangelizadora debe ser compatible con el espíritu de minoridad (art. 111). Esa evangelización lleva a los hermanos a vivir en comunión con todos los menores de la tierra y a leer con ellos los signos de los tiempos, ayudándoles a tomar conciencia de su propia dignidad humana (art. 97/2). Para todo ello, es necesario que la formación tenga en cuenta la experiencia evangélica de la fraternidad, de la minoridad, de la pobreza, del trabajo y de la misión (art. 127/4). Este principio se debe seguir tanto en la formación inicial como en la permanente (art. 136). Como pobres y menores los hermanos viven de su trabajo, tanto este como el servicio a los demás es considerado como un don de Dios (art. 76/1). Los hermanos, como menores que son, no buscan ni aceptan ningún privilegio ni para sí ni para sus fraternidades. Los hermanos dan fruto en la Iglesia si permanecen como menores (art. 91). 1.2. Resumen.Hemos podido comprobar en este capítulo cómo la categoría de "minoridad", a la que dedicamos este estudio, es considerada por la Orden de Frailes Menores como una nota característica de su identidad. Desde los primeros documentos, salidos pocos años después del Concilio Vaticano II, hasta los más recientes van tratando y enriqueciendo el significado de "menor" y sus consecuencias. En la década posterior a la conciliar, el entonces ministro general de la Orden, Constantino Koser, entiende la minoridad de los hermanos en la Iglesia como la actitud de los que realizan los trabajos que nadie quiere, en especial los de poca notoriedad. Él los llama de "tapa agujeros". Poco después, en la preparación para el Capítulo General de 1973, se enriquece el sentido de minoridad con las notas de fraternidad y humilde servicio a todos. Muy ligado a la minoridad se coloca la pobreza, sin la cual difícilmente se puede llegar a ser menor. Aquella pasa por el compartir los bienes y por la inserción en el mundo laboral, al que se invita a los hermanos. Este texto preparatorio es recogido por dicho Capítulo General, que añade la invitación a los hermanos para que creen fraternidades cercanas a los pobres y oprimidos, y para que sean promotores y constructores de paz, signos todos ellos de minoridad. En 1974 aparece el tema de la justicia en la Orden en dos documentos, uno de los hermanos latino americanos y otro del Consejo Plenario. El primero entiende la justicia, ante todo, como el cumplimiento de la voluntad de Dios, voluntad que nos urge a trabajar por la construcción de su Reino. El segundo añade que esa construcción debe hacerse desde el servicio, desterrando toda forma de poder o dominio. En 1976 el Capítulo General destaca la necesidad de hacer efectiva la pobreza. Esta urgencia se debe realizar en clave de solidaridad con los menores de la tierra, invitando a todos los hermanos a ser "menores con los menores". Tres años después, en el Capítulo General de Asís, se subraya la igualdad y la corresponsabilidad de todos los hermanos dentro de la fraternidad. También se pide la presencia de la Orden en ámbitos de contemplación, de trabajo y de inserción con los grupos más humildes. Ese mismo año, el ministro general, J. Vaughn, informa a los hermanos del preocupante tema de los refugiados, e invita a los hermanos a que, siguiendo el ejemplo de Francisco que sirvió a los leprosos, sirvan ellos, como menores que son, a estos marginados. En la década de los ochenta, nos encontramos con el mensaje interfranciscano de Mattli, en 1982. En éste se apuesta por la opción preferencial por los pobres, por la defensa de los Derechos Humanos, por el diálogo ecuménico, por la inculturación, por la superación del clericalismo, y por la oración y contemplación. Todos ellos son elementos que ayudan a configurar una verdadera fraternidad de menores. En el año 1983 se celebra el Consejo Plenario cuyo tema es la evangelización. En él se destaca la minoridad como una de las claves de la forma de evangelizar. Ésta pasa por reconocer a los menores de nuestro mundo y estar con ellos, siguiendo el ejemplo de Cristo a quien Francisco siguió. El documento constata que la realidad es muy distinta, pues en la mayoría de los casos los hermanos viven muy alejados de los pobres. El Capítulo General de 1985 volvió a incidir en el tema de la Evangelización y, al hablar de los pobres, presentó una serie de propuestas para hacer efectiva la minoridad entre ellos. Estas propuestas pasan por la inserción, el abandono de propiedades, la austeridad, la solidaridad y el compromiso por la paz, la justicia y la ecología. Al año siguiente, con motivo de la jornada de la paz convocada por el Papa en Asís, el general invitó a los hermanos a unirse a la oración por la justicia y la paz, y a comprometerse con ellas como signo de verdadera minoridad. El Consejo Plenario de 1988 subrayó la necesidad de igualdad dentro de la Orden, y la identificación de los hermanos con los pobres para poder ser realmente menores. El siguiente año, el ministro general envió una reflexión a los hermanos sobre la opción por los pobres, en ella resalta los peligros que puede presentar una opción por la minoridad: sufrimiento, desprecio, insignificancia, búsqueda de protagonismos. La manera de vencerlos es la contemplación de Cristo pobre y despojado de poder. El ministro señala que el fruto de la opción de la minoridad no es el éxito, sino la perseverancia y la paciencia al lado de los pobres como menores. En la última década del siglo XX, nos encontramos en 1991 con una conferencia del ministro general, Hermann Schalück, sobre la nueva evangelización. Ésta debe realizarse según el carácter menor, como pequeño fermento en medio del mundo. Por ello, señala la importancia de que los hermanos menores se encarnen en medio de la gente, utilizando su mismo lenguaje, haciéndose menores con los pequeños y marginados. En el mismo año aparece el documento rector de la acción formativa en la Orden. En él se recoge la minoridad como elemento esencial del carisma. La vivencia personal de la misma se expresa en la pobreza, humildad y mansedumbre; en la vida entre los pequeños, sin poder ni privilegios, hermanos y súbditos de todos. La vivencia fraterna se manifiesta en la escucha y el diálogo, en la confianza, en el servicio, en la mutua obediencia y en el amor a los hermanos. También la evangelización y el testimonio deben estar informados por la minoridad, llevando una vida pobre y austera, en la que el trabajo sea el medio de sustento, en la que se comparta con los que menos tienen y en la que los hermanos se identifiquen con los pobres, a los que sirven. En el mismo año se celebra el Capítulo General de San Diego cuyo tema fue la evangelización. En él se recuerda que la primera forma de evangelizar es la calidad de nuestra vida como menores. También urge a leer los signos de los tiempos desde la perspectiva de los pobres. En el año 1993 se reúne la Comisión Interfranciscana de Justicia y Paz para definir las características del trabajo en este sector. Se recuerda que el modelo a seguir son san Francisco y santa Clara en su seguimiento de Jesús menor. Esa minoridad debe ser el modelo del trabajo en favor de la Justicia y la Paz. Tres años después se pública un documento sobre la evangelización en el que se destaca la minoridad de Francisco y su raíz cristológica, junto con la importancia de los leprosos en la vivencia de aquella por Francisco. Por ello los hermanos deben vivir su vida de menores desde la experiencia de Dios, hecho menor en Cristo, y en comunión con los menores. En 1997, tanto la carta del general como el Capítulo General tratan el mismo tema: la memoria del pasado y la profecía del futuro. En la carta se recuerda que Dios tiene predilección por lo menor, por ello las comunidades deben ser presencia del servicio menor, tratándose con amabilidad, con igualdad, dedicadas a los menores de hoy. El Capítulo General trata de los mismos temas, instando a los hermanos a comprometerse en favor de la justicia, la paz y el respeto a la creación como signos de minoridad. Como muestra de ésta, el Capítulo pide que se ahonde en la comunión entre los hermanos para que se haga efectiva la igualdad entre todos. En 1998 el ministro general, Giacomo Bini, publica un subsidio para poner en práctica las decisiones capitulares. Para él, la minoridad y la pobreza nos hacen disponibles para el Señor, para los hermanos y para todos los hombres, especialmente los más pobres. A fin de hacer efectiva la minoridad se proponen unas líneas de actuación como son: comunión de bienes con los más necesitados, apertura a un cambio de mentalidad que nos conecte al momento actual, revisión de los compromisos concretos de minoridad y pobreza, arraigo de la cultura de la solidaridad en las personas y estructuras, convivencia con los pobres y marginados, y creación de redes de solidaridad. Por último, hemos tratado las Constituciones Generales como el documento más importante promulgado, después del Concilio Vaticano II, por la Orden. En su capítulo IV, en el título primero, se recuerda que los hermanos como menores, deben ser siervos de todos, humildes ante Dios y pequeños ante los hombres, desenmascarando así la dinámica abusiva del poder. También apuesta por la opción preferencial por los pobres y por su defensa. La nota de la minoridad debe impregnar toda la vocación franciscana como vivencia evangélica, tal como hizo san Francisco. Especialmente, debe impregnar la tarea evangelizadora y testimonial. Para ello es necesario formar desde las primeras etapas en pobreza y sencillez, en minoridad. Por último, recuerda que, como menores, los hermanos deben vivir de su trabajo y no aceptar privilegios. En definitiva, vemos que la minoridad, que estudiaremos en los capítulos siguientes, es un aspecto que la Orden considera importante y por ello ha sido tratada ampliamente desde el postconcilio hasta hoy.
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