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Tormenta de verano
La tormenta
Lluvia morada
Álamos hacia Albarracín
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| Este álamo, encendido en rojo, como labio, no debiera aladear de incendio simulado, cuando es el frío el inminente puñal que lo asesina. También teñido en rojo, recostaba su cabeza Jesús, cuando una lanza le abrió la brecha del costado. Que no simule el álamo otoñal dramas que desconoce. Viva el suyo ensayando el cabal desprendimiento de la fronda que ya no le cobija. Y que se eche a dormir. Dora la tarde el paisaje. En el río cabrillea un atisbo de luz. Hay un murciélago poniéndole arabescos al ocaso. Es el momento de entornar las dos puertas de bronce del otoño, hasta que llegue nuevamente alzando su aldabón la primavera. |
| Está al caer la noche y ha empezado a nevar, ya está nevando. No piséis en la nieve, no la holléis como niños, ensuciando su blancura perfecta, el silencio profundo de lo blanco. Mirad la levedad de la seda que tejen sus gusanos, la lentitud callada de su descenso reposado, con que, copo tras copo, se despluman las altas nubes por los cielos altos. No piséis en la nieve intacta todavía, porque, cuando lo noche se desplome sobre el mundo, entumecida y tiritando, tendrá en ella un lugar donde escribir la elegía secreta de su llanto. No holléis la nieve, no piséis la anchurosa llanura de su mano. La nieve es el juguete del tiempo, un simulacro de depurada clarificación. en la eximia la nobleza de lo blanco. |
| La nieve caía reposada y leve, nevando las copas de los chopos verdes. Las calles vacías, los hombres silentes, los tejados blancos, tan blancos, que nunca más blancos los vieres. Qué noche tan fría, qué frío el relente, y el musgo impecable de la niebla vaga, qué blando, que tenue. Me da pena el frío que ni techo tiene, y pasa de largo aterido pisando medroso la nieve, y crujen debajo las hojas resecas , a orillas del río, debajo del puente. ¿Tendrá miedo al lobo? Hay un lobo blanco que habita la nieve. Las calles vacías. Un perro se acerca a una fuente. De un bar sale afuera un manchón amarillo de luz enfermiza y tabaco y cerveza calientes. Un hombre se aleja embozado y recuerda el hosco perfil de la muerte. La nieve caía despacio, caía la nieve reposada y leve. |
| La noche será siempre como un abismo que nunca alumbró Dios, cuando nos hizo. Siempre será un misterio quedarse absortos contemplando esa sombra, ciegos los ojos. Porque deja pasmado pensar con calma ese hondón infinito que no se acaba. Las luces de la noche son luz apenas. De día no se ven, como mis penas. Si usa de sombras tales Dios cuando crea, ¿cómo no ha de faltarnos luz para verlas? Y es que nuestras medidas sirven de nada, si al pensar delimitas lo que no acaba. Sólo cabe, aturdidos, mirar absortos esa sombra de Dios, ciegos los ojos. Teruel, 20 de octubre de 2003 |
| Qué alta está la cumbre, la ermita, qué lejos. Pobre ermita antigua, su ermitaño muerto. La lámpara no arde, el sagrario, abierto, no tiene siquiera quien le cuide el huerto. ¿Quién habrá dejado la llave en un tiesto? Pasad uno a uno, fuera sopla el cierzo, y cerrad la puerta, que Dios está dentro. |
| El viento se ha parado. junto a la ermita. ¿Querrá rezarle el viento a la Virgencita? El viento se ha parado. No puede más. Deja un rastro de sangre justo al andar. Un puñal homicida le ha herido a muerte y el corazón le sangra como una fuente. ¿No habrá quien le socorra? ¿Una enfermera que le vende con suaves manos de seda? ¿No habrá quien le coloque sobre la grupa de un caballo redondo como una fruta? ¿No habrá quien le levante sobre la silla de un caballo con alas de plumas lisas? El viento se ha movido. Ya se repone. Una venda de seda verde le ponen. Se ha levantado el viento, yerto de frío, y se marcha a tentones cruzando el río. |
| El viento está fuera; toca los cristales como lluvia herida, pero no es verdad No escuches su llanto fingido de niño. Ciérrale la puerta, que no pueda entrar. No escuches el viento frío de esta noche. Trae leyendas negras para no dormir, Cierra las ventanas, ciérrale la puerta, que no tenga grietas por donde incidir. No escuches su llanto, no escuches sus gritos, que sólo pretende poderte asustar. Finge que está herido, finge que está muerto. Ciérrale la puerta que no pueda entrar. |