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INCENDIO
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Está ardiendo el cielo.
Se quema la tarde.
Acudid, bomberos,
acudid de balde.
Dicen que es que han visto
morir dos amantes.
Sé que hay algo nuevo,
sé que hay algo grande
en la algarabía
roja de esta tarde.
Pájaros, colinas,
nubecillas y árboles
entre llamas juegan,
entre llamas arden.
Dicen que es han muerto.
dicen que esta tarde.
Mas no sé decirlo,
sólo que es muy grande
que imite un incendio
amagos de sangre.
Pájaros y brillos,
nubecillas y árboles
arden sin arder,
queman sin quemarse.
Acudid, bomberos,
acudid de balde.
Teruel, 5 de octubre
de 2003 |
CIÉRRALE LA PUERTA
El viento está fuera;
toca los cristales
como lluvia herida, pero no es verdad
No escuches su llanto
fingido de niño.
Ciérrale la puerta, que no pueda entrar.
No escuches el viento
frío de esta noche.
Trae leyendas negras para no dormir,
Cierra las ventanas,
ciérrale la puerta,
que no tenga grietas por donde incidir.
No escuches su llanto,
no escuches sus gritos,
que sólo pretende poderte asustar.
Finge que está herido,
finge que está muerto.
Ciérrale la puerta que no pueda entrar.
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SÉ QUE ESTÁS MIRÁNDOME
Aunque no me escuches,
seguiré llamándote.
En vano me ocultas
tu presencia. Es tarde
para que me vaya,
para que me calle.
Aunque no me escuches,
seguiré llamándote.
Ciérrame la puerta,
niévame la calle,
ponle orillas negras
de sed a mi cauce.
No me he de callar,
no podrás callarme,
aunque no me escuches,
aunque no me llames.
Sé que Tú me miras,
sé que estás mirándome. |
NUBECILLA EN NAZARET
La nube se paraba
sobre tu huerto.
Un ángel la empujaba
hacia el desierto.
La nube caprichosa
no obedecía.
Un ancla poderosa
la retenía.
El ángel redoblaba
todo su esfuerzo,
pero el ancla seguía
sobre tu huerto.
La terca nube blanca
ni se movía.
¡Mira cómo te observa,
Virgen María!
El amor es ligero
si es limpio, Madre.
Quién pudiera ser nube
para mirarte. |
PASEO BAJO LA LLUVIA
Hoy, como es domingo,
salí de paseo.
La misa tenía
mil campanas dentro.
No importa que mojes,
lluvia, mi sombrero.
Hoy va Dios conmigo,
tan juntos su lluvia y mi cuerpo,
que no sé en qué linde
termina mi aliento.
Mójame la cara, lluvia,
mójame por dentro.
Buscaban los pájaros
cornisas y aleros,
jugaban los niños,
corrían los viejos
y en un charco oscuro
bebían dos perros.
Se aplacó la lluvia,
se aplacaba el viento,
volaban mil pájaros,
agrandando el pueblo,
mientras, por los aires,
desfilaba el cielo.
Dios iba conmigo,
cogidos del alma y pisando
él tierra, yo cielo.
Volvimos a casa despacio,
mojados de frío y contento.
Nunca se acabara
por mí aquel paseo.
Cuando se ama a Dios,
¡cómo pasa el tiempo!
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