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DOS SEÑORES
No podéis servir a Dios y al dinero. Mt 6,
24
No pongáis juntos rosas y relámpagos,
aire y arena, trigo y mariposas.
Colgad con tiento cada fruto
en la rama del árbol conveniente.
Catalogad con buen sentido
las brisas con el viento, los ríos con los mares.
¿Quién, si no, clavaría un alfiler
en el ojo de un pájaro?
¿Quién pondría una víbora en las manos
temblorosas de un niño?
Y es que la confusión, la ambigüedad,
la inconveniencia,
dislocan el criterio cuidadoso
con que compone el orden
el armazón de la armonía.
Sé que si ajusto a proporción
el cotidiano fluir de la existencia,
me será fácil percibir
con quién he de pactar mi servidumbre.
No se puede servir a dos señores.
ACOMODO
Me hice judío con los judíos y griego con
los griegos. 1Cor 9,20
Si el ciervo baja al valle
donde la fuente alumbra aguas y flores.
Si desciende la nube a embeberse en el mar
para tejer la urdimbre de la lluvia,
si se doblega el dúctil junco
para mecer una libélula,
¿cómo no ha de bajar el hombre al hombre,
cuando hasta Dios abandonó sus cielos
para habitar el ánimo del pobre?
No miréis desde arriba;
todos llevamos polvo en nuestro barro.
Hay que cerrar la cumbre, emparedar
el balcón eminente, derribar
el puente levadizo y las almenas.
Para encontrar a Dios, para cercarlo
en el bosque cerrado en que se embosca,
hay que ser musgo con el musgo,
desecho en los escombros,
bordillo en una acera
en las llanuras de la gente,
porque investidos de hombre entre los hombres,
como en un atanor, traspasaremos
a sus manos, un día,
la herencia formidable de la fe,
la esperanza adivina y promisoria,
y el amor, ese brillo que esclarece
los ojos tiernos de nuestros hermanos.
ANGUSTIA
Si es posible, que pase de mí este cáliz.
Mt 26, 38
La muerte borra el futuro:
la lluvia borra el paisaje;
pasa la nube, y al punto,
más limpio incluso renace.
La muerte tiene un portillo
que, abierto, deje entrever
el resplandor de un misterio
que nadie sabe entender.
El tiempo implica esperanza;
la muerte tiene una losa
cuyo peso formidable
el hombre apenas soporta.
Incluso Jesús. No entiende
cómo podrá enaltecer
una cruz más deshonrosa,
más deshonrosa que cruel.
Y se duele y se debate
y llora calladamente,
porque rebosa maldades
la copa que se le ofrece.
-¡Aparta de mí este cáliz
que me resisto a apurar!
Pero el Padre sabe cosas
que no quiere revelar.
¡Sangre que empapa la tierra,
dejadme una gota a mí,
que caiga sobre mi frente,
huerto de Getsemaní!
SIN NOVEDAD
No perecerá un cabello de vuestra cabeza.
Lc 21,18
Dios repasa a diario, jornalero
de su obra, la existencia.
Todo está en orden.
Costurero de todo lo que existe,
no hay dobladillo, no hay costura
que no cumpla un propósito previsto.
Sisas e hilvanes, pinzas y plisados,
concurren a un proyecto definido
donde el orden preside cuidadoso
los pormenores de la hechura.
Trabaja sin descanso, abeja de sí mismo,
de sol a sol, de luna a luna.
Ha descartado en su jardín del ocio
la brisa de la tarde
y oler la rosa del séptimo día.
Urde meticulosamente
las hebras de la trama de los días.
Está presente su puntual concurso
en cada audacia, entre la espuma
tumultuosa, del alción
y en la grácil visita cautelosa
del ciervo hasta la fuente,
en el estruendo, entre lasa rocas,
de un alud de aguas desbocadas
y en el silencio quedo con que arroba
la orquídea al colibrí, en la levedad
pausada de la brisa
y en el bronco rugido de la selva.
Nada sin su solicitud
puede moverse; está presente
en el perturbador despertar de la lava
y en el vuelo dorado de la abeja.
Sin su aquiescencia, no se desprende un fruto
de una rama carnosa
ni quiebra un pájaro su vuelo,
muerta su trayectoria repentina,
y hasta a la muerte anciana de un cabello,
hasta al ápice alado de un suspiro,
se le asigna puntualmente
una cruz en la cuenta rigurosa.
Sin novedad.
Todo está en orden. Dios nos mira.
CUERPO MÍSTICO
Si Cristo venció a la muerte resucitando,
también nosotros seremos vivificados. Rom 6,4
Cristo resucitó. Nunca del todo.
Aquella primavera
cubrió de pámpanos lustrosos
la crispación callosa
del ramazón. Cosecha tras cosecha,
fueron acaudalando las bodegas
el mosto atormentado en la convulsa prensa.
Todo el cuerpo cristiano, ese racimo
dorado, precipita en sucesivas
vendimias, la completa
resurrección final.
Cuando la última flor cierre su copa
en un brindis de luz definitivo,
Cristo amanecerá, completamente
blanco, en la misteriosa
transparencia de todos los sillares
de su gloriosa arquitectura.
DOS SEÑORES
No se puede servir a Dios y al dinero.
Mt 6,24
La mirada de Dios tiene su propia tasa
de escalonar relieves, cotas y medidas
A los ojos de Dios, que lo hizo todo
con bondadoso acierto,
una nidada parda de gorriones
en una grieta, tiene igual aprecio
que una fuente brollando en una esquina
frondosa del Hermón,
o un huidizo lagarto
negro como un pecado,
o una cascada rubia, en la cintura
verde de la palmera,
de dátiles lustrosos
o un wadi impetuoso removiendo
la tierra hacia el Jordán.
Pero el hombre es el hombre.
Su estimación sufre sinuosidades
en otra escala minuciosa
donde consulta el corazón.
Un denario verdoso de cardenillo,
brindando, en la verdosa mano
de una anciana achacosa,
su mínima limosna empobrecida,
merece la atención
y la mirada enternecida
de Dios, más que la ofrenda preeminente
de la opulenta mano.
EL PERDÓN
Parábola del siervo cruel. Mt 18,23-35
Un río caudaloso y transparente
no rechaza afluencias
de turbio aporte;
deslía al punto en su caudal copioso
el insano tributo.
¿Qué no hubiera haber hecho, aguas arriba,
el arroyo, si accede hasta su curso
otra fuente también necesitada?
Dios hizo el mundo así.
Bajo sus ojos providentes,
los árboles del bosque consideran
la natural disposición
del fondo gris de su complejidad.
¿Por qué no así el perdón,
en afluencia reconciliadora
de aguas en mutua regresión?
¿Por qué, como una loba, ha de vagar sin dueño
por la plaza desierta de la vivencia humana?
¿Por qué, si tiende abierta su mano generosa,
no ha de obtener del corazón sensato
el acomodo que lo dignifica?
Dios negará la suya
a quien no tiene una palabra
indulgente en sus labios.
SAN PABLO
No fui a vosotros con palabras aduladoras,
ni con pensamientos solapados, ni por vanagloria, sino sólo
a predicar el Evangelio. Tes 2, 1-12
Nunca quise ganarme vuestro aplauso.
No me predico a mí. ¿Cómo podría
suplantar a Jesús?
Vivo pendiente, me desvivo
por él, vivo muriendo
por él. Quien no me entienda,
podrá tildar mi esfuerzo de taimada
manera de emboscarme,
cual acomodaticia mariposa
predicando a Jesús en mi provecho,
atento a presumibles dignidades
u honra espiritual, que nada valen.
No es el plumaje azul de un pajarillo
lo que hace azul su canto.
Poco importa mi nombre. No soy nada
sin él. Si desfallezco,
él me conforta; si me debilito,
él es mi fortaleza; si declina
mi energía interior como un regato,
recurro a la pujanza formidable
de su brazo robusto.
Él es mi luz. Reflejo indefectible
del Padre, en él apuro
la limpia luz que nutre mis verdades.
Nadie diga que endulzo como abeja
palabras lisonjeras,
saboreando el mosto embriagador
de vuestra aprobación, cuando acontece
que es la cruz del Señor la que me lacra
el corazón, la boca, mis sentidos,
crucificando el pecho de mi sinceridad.
Su cruz es mi apellido, mi decoro,
su cruz es mi denuedo, mi alegría,
su cruz, que no debiera
suscitaros vergüenza, enaltecida
por su sangre feliz, y que yo pongo
como respaldo firme de la propia
madera endeble que me constituye.
Me ha quebrantado tanto
su cruz, me ha revolcado
en su dolor el mío de tal suerte,
que vivo inserto en ella como astilla
injertada en sus brazos, donde un clavo
clavó la sangre de Jesús un día.
No rechacéis mi voz. Nada os induzca
a negar mi discurso enamorado.
Mi palabra no es mía; es su Evangelio.
APRENDIZAJE
No os preocupéis por lo que comeréis o
beberéis. Mt 6,25
La libertad es un espacio movedizo
cuya linde se ensancha o nos aprieta la cintura,
según raye la tiza
de la mano maltrecha y caprichosa
de la necesidad.
El dedo firme que reduce
exigencias y acerca hacia la orilla
de la moderación sus apetencias,
vuelve el aire más puro
y hay más luz en la calle,
y son más altos, más profundos
el cielo y el paisaje.
Es una brida absurda
toda preocupación improcedente:
una verja cercando el oleaje;
cuando evitarla es lo más fácil:
una verja de astillas en la fragua.
Excluyamos linderos que atosigan,
dejemos para luego pretensiones
y urgencias como cepos, sugeridas
por la mentida ostentación
o efímeras ganancias: un perfume
de arena.
Descubrid el misterio de ser pobres.
Sed catadores exquisitos
del gozo de sentirse
oscuramente pobres.
Otra noche
menos libre no engasta más estrellas.
VOCACIÓN
Jesús llamó para ser apóstoles a los que
Él quiso. Mc 3, 13-19
Dios no es neutral. Dedica
su mirada profunda a quien elige,
con la misma predilección
del que, entre miles,
persigue el vuelo de una mariposa.
Si por dilucidar, caso por caso,
alguien quiere saber qué determina
la voluntad de Dios, detenga el paso,
que es Dios e inaccesible su misterio.
Nadie sabe porqué. Mira primero
en qué esquina precisa de un proyecto
encaja la tesela, en el espléndido
mosaico que compone.
No corresponde a nadie penetrar
en la niebla que vela sus desvelos.
No se deja observar nunca de cerca.
Sólo al amor permite indiscreciones.
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