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DATOS METEOROLÓGICOS Y OTRAS INCIDENCIASAños 1826-1902En 1902, D. José Fogués, sacerdote y cronista de la villa, extrae de un conjunto de datos no exentos de interés histórico, del conjunto de documentos que estaba a punto de publicar con el título de Datos para la historia de Carcajente. Comienza por el hecho primordial de aludir a la tradición de esconder a la imagen de la Virgen de Aguas Vivas, en 826, para protegerla de la rapiña musulmana que invade el país, y su posterior hallazgo en 1250. Me limito a resumir y comentar a vuelo de pluma aquellas fechas que reseñan riadas sufridas por la población, con alguna que otra incursión en datos afines o de especial interés. La primera gran inundación ocurre en el año 1472. Hay un lapso de tiempo demasiado amplio como para que no se dieran otras inundaciones, lo que hace pensar en falta de datos para fechas tan remotas. Pero, sin embargo, en 1590, un siglo después, "hubo más de 20 inundaciones del Júcar". No debe extrañar este hecho tan singular a quienes conozcan que por aquellas fechas, Europa atravesaba una pequeña glaciación que tuvo como consecuencia un copioso régimen de lluvias en nuestro país. Ya antes, el franciscano Francés Eximenis decía, ya a principios del siglo catorce, que toda la región abundaba en "cervos y gabirols", ciervos y gamos, lo que suponía una vegetación húmeda que mantuviera verdes los bosques y el paisaje valenciano. El año 1696 lo es de prolongadas lluvias, pero no consta que se produjera riada alguna, que cesan el 4 de enero de dicho año. Sí hay una tormenta descomunal en 1714 que llega a desgajar la mitad del olivo del Hallazgo de la Patrona, en el valle de Aguas Vivas. Y en 1716, vuelve a registrarse otro desbordamiento del río.
Pantanada de 1982 En 1740 vuelve a desbordarse el río, y por si la habitual catástrofe no era suficiente, el 30 de marzo de 1748, un terremoto, del que quedan algo más que indicios en otros puntos de la región, como Montesa, castillo de Valldigna o el de Alcalá del Júcar, deja malparada la iglesia, en sus tejados, bóveda de una de sus capillas y la torre de las campanas. No vuelve el Júcar a salirse de madre hasta el 5 de octubre de 1779. Hay una fecha señera que merece toda nuestra atención: en 1781, el párroco Monzó introduce el naranjo en Carcaixent. Se sobrentiende que se trata del naranjo de fruta dulce y comestible, obtenido con laboriosos y pacientes injertos. La naranja amarga, cuyo árbol introducen los árabes como recurso ornamental, aparece ya en los poemas de Abén Jafacha, siglo XI, poeta árabe de Alzira, más conocido como el poeta de los jardines. Y al año siguiente, otra vez el Júcar hace una de las suyas, inundando el pueblo (1782), para volver a las andadas nueve años después, en 1791. El Júcar, por tanto, no olvida a sus ribereños, y por dos veces más reanuda su cometido de visitar el pueblo, en años consecutivos, 1804 y el 17 de noviembre de 1805. Son ahora los años en que Francia secuestra al rey de España, Fernando VII, y nos declara taimadamente la guerra, con el pretexto de cruzar la península hacia Portugal. Sus efectos se hacen notar también en Carcaixent: Ya en 1807, las religiosas dominicas se refugian en el huerto de D. Juan Morales, el 1 de julio, por temor a las tropas galas, bien que regresan al día siguiente; dichas tropas arrojan de su monasterio de Aguas Vivas a la comunidad de agustinos en 1813; y en 13 de junio de 1813, tiene lugar una batalla con los soldados franceses. La "marqueseta" protagonizaría una valiente reacción frente al invasor, en favor de su pueblo, bien que el cronista no apunta dicha efeméride. Sí consigna, en cambio, su nacimiento, el 9 de enero de 1783, con el nombre de "Dª. María Antonia Talens Mezquita (La Marqueseta)", como marquesa de Montortal que era, y su muerte, el 13 de marzo de 1858. Firmada la paz, pasaría por Carcaixent el rey D. Fernando VII camino de la Corte. Vuelven los desastres atmosféricos. En el 1 de enero de 1829, se hace constar la primera helada de naranjos de que se tiene noticia, 48 años después de su introducción por el párroco Monzó. En el 1833, añade el Júcar una fecha más a sus numerosas inundaciones periódicas. Y al año siguiente, el cólera morbo, que va extendiéndose por todo el país, diezma la población sin consideración alguna. Justamente a los diez años de la primera helada, se repite el fenómeno con idéntica virulencia, en 1829, bien que el cronista se limita a las fechas escuetas, habiéndose remitido en el prólogo a la edición del libro documental prometido. El 26 de febrero de 1840 vuelve a desbordarse el río una vez más; aunque es el año 1842 en que concita todas las desgracias juntas sobre el pueblo: el 8 de enero, se hiela la naranja; por si fuera poco, un horroroso pedrisco se añade a tal fatalidad destruyendo las cosechas en su totalidad el 29 de agosto; y el 10 de octubre, el río se desborda una vez más. Hay una tregua de cuatro años, y el 21 de octubre de 1843 se sale el río de su cauce invadiendo los barrios de la villa. Y hasta el año 1850, 1 de enero, no vuelven a helarse las naranjas, aunque sí lo hará otra vez el 25 de enero de 1853. No todo son noticias aciagas, sin embargo: el 9 de abril del mismo año de inaugura la línea de ferrocarril y el paseo de la Glorieta, y el 8 de diciembre, en la iglesia de san Francisco, se organizan fiestas solemnísimas con motivo de la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción. Merece destacarse la inauguración del ferrocarril que las Guía del viagero (sic), en su novena edición de 1863 llaman de Almansa a Valencia, por san Felipe de Játiva, con un trazado de 134 km. Sirvió, por tanto, para dar a conocer la villa ribereña entre los usuarios del tren. El autor de la guía presenta a "Carcagente" como "villa situada a 4 leguas de la márgen derecha del Júcar, en el centro de una fértil huerta plantada de moreras y cruzada por muchos canales, en que se parte la acequia principal. Es una de las mejores villas de la ribera, y acaso la más hermosa. Población: 8.219 habitantes. Produce trigo, maíz, habas, arroz, seda, muchas naranjas y granadas. Debe visitarse la casa del ayuntamiento que es de moderna construcción, la iglesia parroquial y el palacio del marqués de la Calzada. A corta distancia de Carcagente y antes de llegar a Alcira, que sólo dista 4 kilómetros, se atraviesa el Júcar por un hermoso puente de hierro." Es larga la cita, pero la considero importante por desconocida y por presentarnos la villa tal como la veían quienes la contemplaban en su momento tal cual era.. Heladas y desbordamientos del río son ya las dos calamidades alternativas que ennegrecen el panorama económico de los habitantes de Carcaixent, y a veces ni llegan a alternarse, sino que se juntan, aumentando infortunios y tribulaciones, como ocurre en el año 1855, en que se hielan las naranjas el día 21 de enero, se desborda el río el 17 de noviembre, y por añadidura, arrecia el cólera por esas mismas fechas segando vidas sin discriminación. Pero es que en años consecutivos, no mejora el comportamiento meteorológico, de modo que el 22 de enero de 1856, "se inunda toda la huerta"; el 28 de febrero del año siguiente, 1857, torna a salirse de cauce el río; el 27 de septiembre de 1858, se desborda el río de nuevo; y por vía doble, en el año 1860, se hielan las naranjas la noche del día 14 de febrero y se sale de madre el Júcar el 27 de diciembre. 1863. No mejora la actitud de los elementos, sino que se repite la última situación con helada e inundación incluida, los días 5 de enero y 4 de noviembre, respectivamente. Esta inundación fue de tal envergadura, que el mismo arzobispado se haría eco del desaguisado, cuyo arzobispo, Sr. Barrio, giró visita al pueblo para interesarse por sus feligreses. Ese mismo año empezaba el transporte de naranja a Inglaterra, Y en otro orden de cosas, el cólera morbo continúa agravando la enfermedad y provocando rogativas con las más queridas imágenes de la devoción popular, 26 de agosto de 1865, que definitivamente da fin a su virulencia y regresión posterior (gracias a la vacuna de D. Ramón y Cajal, ensayada por vez primera en Alzira), en el mes de noviembre, lo que se conmemora con fiestas en acción de gracias. 6 de enero de 1868, se hiela la naranja, para helarse otra vez el 29 de diciembre de 1869. Los años 1870, 71 y 72, no son más benignos de lo que suele ser costumbre. El 70 es "el más abundoso en lluvia desde el de 1856"; en el 71, se hiela la naranja, el 2 de enero; y en el 72, vuelve a helarse una vez más, esta vez en diciembre, los dos meses fatídicos. 1876. El progreso, desde la invención de las máquinas de vapor que mueven trenes y barcos, llega también a las orillas del río Júcar, donde se emplean para elevar sus aguas, ampliar y favorecer el riego de los campos ribereños. Mientras tanto, la Desamortización de Mendizábal ha desalojado de religiosos el pueblo, y en los espacios libres de lo que fue convento franciscano, se levanta una plaza de toros de madera. En lo atmosférico, el año inmediato lo fue de extremada sequía. Es el año 1878. En 1880, el río vuelve por sus fueros, desbordándose en 29 de marzo, a pesar del achique a que viene ahora sometiéndolo la maquinaria de vapor, si bien en meses de mayor necesidad. La progresiva implantación de máquinas no tardaría de crear problemas en la huerta aledaña de Valencia en años inmediatos, por la excesiva y desorganizada extracción de agua. Hay una fecha digna de ser destacada, como es la conversión en ferrocarril de vía estrecha, el 28 de noviembre de 1881, con modernas máquinas movidas a vapor, de lo que había sido un simple tranvía a Denia. El día 4 de noviembre de 1884, el río vuelve a hacer una de las suyas, sin embargo, la nieve no parece merecer la atención del cronista, a lo largo de sus Efemérides carcajentinas, hasta aparecer asociada a otra calamidad siempre lamentable el 15 de enero de 1885, en que "hiela copiosamente y se hiela la naranja". Y otra vez, el cólera morbo, considerado extinguido con anterioridad, hace estragos en la población. Vuelven a helarse las naranjas en enero de 1888 y otra vez en enero, el día 30, de 1890, con una nueva revitalización del cólera desde el 8 de agosto, por lo que se recurre a un triduo de plegarias que muevan el corazón de Dios. Un año después, 1891, y de nuevo en 1894, y excepcionalmente el 1 de junio de 1896, se desborda el río. El 18 de noviembre de 1897, una granizada devastadora extiende el pánico entre los labradores; y ese mismo mes, repite el Júcar su periódica inundación por las calles y casas del pueblo de Carcaixent, para lo mismo hacer dos meses después, el 11 de enero del año siguiente, 1898. Una grata y luminosa noticia, al fin: el día 14 del año 1899 se inaugura la red del alumbrado eléctrico en la ciudad ribereña. El nuevo siglo XX se inaugura de manera poco afortunada: en 1891, en 16 de febrero, se hiela la naranja. Se diría que gracias a este nuevo cultivo, tan proclive a sufrir los efectos extremados del frío, el cronista nos ha conservado toda una serie de datos climáticos, que de otra suerte desconocerían la meteorología. Y llegamos a una fecha que bien merece su consignación histórica: se nombra a D. José F. Fogués cronista de la villa; es el año 1902, fecha de publicación del librito de que hacemos el actual extracto, y no es casualidad, sino costumbre inveterada, que ese mismo año se helasen una vez más las naranjas, con cuyo dato concluye su exposición. No perdió el tiempo el malogrado cronista, a quien la ceguera política dio muerte en 1936, truncando su obra histórica para siempre, con la pérdida conjunta de datos y documentos de sumo interés local, que ya nunca podrán recuperarse. ¡Una lástima! Fr. Ángel Martín Carcaixent , enero de 2000
El Ministerio de Medio Ambiente publicó una agenda que lleva por título "2004, el tiempo" en la que figura algunas "efemérides" que hacen referencia a Carcaixent y sus riadas. La mayoría ya están reflejadas en el trabajo de Fr. Ángel Martín (entre paréntesis figuran algunas fechas en las tuvo lugar un importante acontecimiento meteorológico en la región):
Francisco bendice a los suyos antes de morir
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