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Datos
recopilados por Fr. Ángel Martín, ofm
El naranjo se introduce en España en época árabe con fines decorativos, ya que su fruto amargo sólo permitía confeccionar compuestos medicinales, y en época clásica, como prueban textos literarios, mermeladas con ese mismo afán, que se llamaban "naranjadas". Y en la vecina Alzira, un reputado escritor árabe, Abel Jafacha, llamado el poeta de los jardines, canta al naranjo en uno de sus poemas más celebrados. En el siglo XIX, por medio de injertos, un sacerdote aficionado a la jardinería, obtiene en Carcaixent el primer naranjo de fruta comestible, de un agradable sabor fresco y dulce. Su aceptación es incondicional e inmediata, y se multiplica rápidamente, por esquejes, su cultivo en la zona. Desde entonces, la calidad y variedades de las naranjas ha venido sufriendo una constante y beneficiosa transformación Hay, sin embargo, un conjunto de circunstancias que se concitan de modo imprevisto para dar a este feliz hallazgo la resonancia que alcanzaría muy pronto en la sociedad de la época. Coincide su expansión con la decadencia del gusano de seda, de modo que la tala indiscriminada de moreras, -para cuya hoja poseía la localidad la lonja reguladora en toda el área de la Ribera-, va dejando espacio al creciente cultivo del nuevo árbol frutal. Su novedad traspasa fronteras, en alas de su comercialización por mar, comercio en el que tercian oportunamente, con las valencianos, florecientes navieras mallorquinas. No es ajeno a toda esta transformación del campo, la modernización de los viejos navíos de madera, con la incorporación del motor de explosión, que contribuyó no poco, por la mayor rapidez en las entregas, al desarrollo coincidente de esta clase de transporte. La progresiva sustitución por naranjos de los cultivos tradicionales, llega a cubrir muy pronto la casi totalidad del regadía (más de 2.380 Ha) en los años 70. Es así como Carcaixent se convierte con toda legitimidad, de cuna de la naranja, en centro preponderante de su manipulación y venta en toda Europa. La exportaciones tienen su comienzo en 1848 a Francia y en 1863 a Inglaterra; luego será Alemania uno de los destinos más privilegiados. Hoy día, la extensión de sus cultivos en Sudamérica, África y países de la costa mediterránea, dificulta no poco la obligada competencia, que ha de sustentarse en la calidad, frente a los menores costes de otras latitudes de mano de obra barata. Contribuye al buen nombre de la naranja carcaxentina la bondad de su clima mediterráneo y la calidad de la tierra. El rendimiento y mano de obra que los crecientes cuidados exigían, se vieron reflejado muy pronto en la progresión demografía local. En 1923, vivía en el campo una sexta parte de la población (2250 habitantes). En el siglo XVIII la población triplicó el número de sus habitantes, para duplicarse en el siguiente, hasta alcanzar ya los 18.000 habitantes entre 1900 y 1940. Las variedades preferidas por el labrador local eran la nável, blanca comuna, vera, sanguina y valencia-late, cuya comercialización dio lugar a empresas subsidiarias de envases, junto a fábricas de derivados de agrios, como zumos, esencias cítricas y piensos. En 1973, el número de empresas exportadoras de cítricos se elevaba a 25, por más que desde 1956, el predominio de Carcaixent en este sector de los agrios, ha venido perdiendo su preponderancia agrícola, hasta el punto de que en la actualidad han cerrado sus puertas la mayoría de sus almacenes, a medida que iban tomando el relevo de su comercialización entidades de localidades vecinas. Ha contribuido a este retroceso sucesivas crisis agrícolas, como enfermedades del naranjo que ha mermado su cantidad y la cuantía de sus cosechas, obligado el labrador a gravosas inversiones para sustituir pies feraces, pero endebles ante ataque de los virus, por otros más resistentes. Las variedades a que dio lugar el naranjo primigenio o salvaje superan la cifra de las 125 que se citaban en 1973. El naranjo de fruto dulce original pertenece a la variedad sinensis, que se diversifica en nável, blanca selecta, blanca común, sanguina y tardía. Entre las nável, que con la Washintong, fue la que más acreditó el cultivo local durante años, figuran la navelina, la Washintong nável, la Thonson, y la navelate. Hoy arrecia la demanda de variedades de mandarina y naranja temprana, lo que conduce con demasiada frecuencia al recurso de nuevos injertos que ajusten la oferta a la demanda. Por otra parte, los costos de producción ha contribuido también a modificar el laboreo de la tierra. Desde 1960, la mano de obra sufrió una merma sustitutiva por la introducción de pequeños motocultores, aparte que el uso de herbicidas evitaron la labor manual de "birbar" superficialmente el suelo con la azada. Recientemente, se está introduciendo el riego por goteo, que simplifica igualmente el recurso humano del riego clásico, a veces a horas intempestivas (la filà), con otros modos de mecanización del campo, como la pulverización masiva del naranjal con insecticidas, desde avionetas especializadas. Cambia asimismo la colocación de los naranjos en el bancal, de modo que si en el siglo pasado la distancia entre naranjos era de 3 a 4 metros y en el actual de 5 a 7, ahora con la introducción del naranjo enano, que facilita las labores de tratamiento y recogida de la fruta, la distancia ha disminuido sensiblemente, llegando a veces a tocarse los naranjos, en hileras sin discontinuidad. Encontrará mucha información en la red sobre la naranja. Nosotros les recomendamos "La naranja"
LA NARANJA EN
LA HISTORIA DE LA MEDICINA 1. La naranja era desconocida en el período clásico griego y helenístico. Por ejemplo, en el tratado de farmacología de Dioscórides (siglo I), el más importante de la Antigüedad y el que más influencia tuvo durante la Edad Media y los primeros tiempos modernos, el único cítrico citado es el cidro. 2. El cultivo de la naranja fue introducido en España por los árabes. Las palabras con que se la designa en todos los idiomas españoles proceden de los vocablos árabes näránga o turúnga (la más antigua documentada corresponde a la "fabla" aragonesa, hacia 1300). 3. Los primeros tratadistas médicos que concedieron importancia a la naranja fueron andalusíes, trayectoria que culminó en la gran obra del malagueño Ibn el-Baytar (siglo XIII). 4. La Europa cristiana bajomedieval aprendió de los árabes las aplicaciones médicas de la naranja. El valenciano Arnau de Vilanova (siglos XIII - XIV), la figura más importante de este período, recomienda, por ejemplo, añadir "un poc de suc de toronge" a un "exarop" destinado a la "cura de les emoreydes", que expone en su célebre Regimen sanitatis para Jaime II de Aragón. 5. El primer estudio monográfico dedicado a las aplicaciones médicas de la naranja es el titulado De malis citriis, aurantiis, ac limoniis libellus (1551), del sevillano Nicolás Morandes, uno de los grandes clásicos de la farmacología. 6. En su traducción castellana comentada del tratado de Dioscórides (1555), el segoviano Andrés Laguna destaca la ignorancia del autor griego acerca de la naranja y expone el uso médico de su zumo, su corteza y sus flores (incluyendo el "agua de azahar"). En esta obra, reeditada numerosas veces a lo largo de tres siglos -varias de ellas, en Valencia- se da la noticia de que "los valencianos llaman a Naranja Toronja". 7. Durante el siglo XVII, la naranja comenzó a utilizarse de modo empírico, junto a otras frutas y vegetales frescos, para prevenir el escorbuto que diezmaba a los marinos en las largas travesías transoceánicas. El mejor estudio de las aplicaciones médicas de los cítricos fue, durante este siglo, la Citrología seu curiosa citri descriptio (1690), del italiano Giusepe Lanzoni. 8. En el siglo XVIII se difundieron varios usos médicos de la naranja, entre ellos la decocción de sus hojas como antiespasmódico y antiepiléptico, que recomendaron Gerhard Van Swieter y otros autores de la Escuela de Viena. El catalán José Quer dedicó un excelente capítulo a la naranja en volumen III de su Flora española (1762), en el que incluye análisis químicos de la flor, la corteza y el zumo. Quer todavía encuadraba a la naranja en el sistema botánico de Tournefort. Poco después, el valenciano Antonio José de Cavanilles y otros seguidores españoles de Linneo lo harían en el sistema naturalista sueco. 9. El estudio botánico de la naranja culminó en la obra de Antoine Risso, farmacéutico de Niza, titulada Historia naturelle des Orangers (1818). En el diccionario farmacológico de Merat y Lens (1830) y en el médico dirigido por Dechambre (1881), se dedicaron artículos al empleo de la naranja en terapéutica, que continuaba centrado en preparados tradicionales de sus flores, frutos y corteza, entre ellos el "agua de azahar" y el "aceite esencial" o "Néroli". El análisis químico había progresado pero todavía sin resultados definitivos. 10. El gran tratado de materia médica y química vegetal del suizo L. Reuter (1923), expone las implicaciones médicas de las hojas, las flores, el aceite esencial, la corteza y el zumo, recurriendo a la investigación microscópica y a una análisis químico ya muy avanzado. Poco más tarde, el húngaro Albert Szwent György aisló la vitamina C o ácido ascórbico de naranjas y otros vegetales frescos (1928). En la década siguiente, el escocés H. Scarborough hizo otro tanto con la vitamina P o hesperidina.
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